
El maestro centenario
El creador de la danza butoh estuvo aquí en el año 1986
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Hoy, el maestro Kazuo Ohno cumple cien años. Claro que tratándose de él, al festejo en sí mismo hay que mirarlo, pensarlo y reflexionarlo desde otra perspectiva. "No trato de ocultar mi vejez, es como si me estuviese viendo a mí mismo. Vi en Dresden un libro que tenía la imagen de un caballo viejo y cansado; sentí como si toda mi vida estuviera dentro de ese caballo. En aquella imagen, el caballo se estaba moviendo; había también un viejo árbol al que le estaba brotando el fruto de la vida. El caballo corría sobre las hojas caídas del árbol, y éstas lo observaban correr. ¿Dónde se encuentra esa imagen? Está dentro de mí. Ese caballo corre por mi interior. Cuanto mayor es el ser humano, más crece el interés por estos temas. Cuanto más edad tengo, más puedo experimentar. Con mi vejez no decaigo hacia la muerte, sino que vivo en una amalgama de vida y muerte", dijo en una entrevista publicada en el libro Kazuo Ohno , el último emperador de la danza , del bailarín Gustavo Collini.
Kazuo Ohno es considerado el creador y la guía de la danza butoh, lenguaje que no intenta contar una historia, sino que tiende a dejar que el cuerpo hable por sí mismo. Según el mismo maestro, implica el "acceso al mundo de la poesía que solamente una expresión corporal puede propiciar". Según Collini, tanto Ohno como el otro padre de la danza moderna japonesa, Tatsumi Hijikata, al crear el butoh interrumpen la tradición del teatro noh y kabuky.
Atleta, militar, bailarín y poeta, recién a las 71 años fundó la Escuela de Danza Kazuo Ohno. A partir de ese momento, su arte comenzó a difundirse en otras partes del mundo y a captar más adeptos. En nuestro país, el bailarín Gustavo Collini es uno de sus más entusiastas seguidores. Tanto que, en honor al maestro, hoy, a las 20.30, estrenará el espectáculo 100 pasos, en la Casa de la Provincia de Buenos Aires, Callao 237. El viernes, a las 23, el martes 12 y el miércoles 13, a las 23, se presentará en El Portón de Sánchez, Bustamante 1034.
Argentina y "La Argentina"
Kazuo Ohno vino a Buenos Aires una única vez. Fue en 1986, en el San Martín, donde presentó Admirando a La Argentina, montaje inspirado en la bailarina de flamenco porteña Antonia Mercé.
"He visto a «La Argentina» bailar una sola vez desde el palco del Teatro Imperial, de Tokio, en 1929; fue un encuentro inolvidable. Durante los últimos cincuenta años esa visión ha vuelto a aparecer muy a menudo en mis pensamientos hasta que, en 1976, vi un retrato suyo. Para mí, «La Argentina» es el origen, es el Antiguo Testamento; han sido necesarios todos aquellos años para que yo me sintiera listo", apuntó en otro reportaje.
En aquella visita llegó acompañado por su hijo, Yoshito. Durante la conferencia de prensa que se realizó en el hall de la sala Martín Coronado, en algún momento entendió que las palabras no alcanzaban y se puso a bailar. Aquello fue mágico aunque los grabadores no hayan podido registrar nada de ese momento. Un día después, aparecía en silencio desde el lateral derecho de la inmensa sala con movimientos de una fragilidad fantasmal. Alguien susurró: "No es él, es la muerte". Tenía razón.
Con ese solo de 90 minutos comenzó a presentarse en los festivales de vanguardia escénica más importantes del mundo. En su país natal, en 1992, fue condecorado con el título de ciudadano ilustre. Un año después, se presentó un gran espectáculo en su honor en el cual participaron cien bailarines de butoh de todo Japón.
"Pienso en la madre que muere apenas el hijo nace y también en el niño que comienza a crecer al mismo tiempo que la madre envejece, ¡ésa es mi danza! En cada parte del mundo, un niño nace de la misma manera, gritando algo que nos es incompresible. Quisiera que mis danzas nacieran siempre así, como un niño que grita su amor y su dolor", dice el maestro en el mismo libro.





