
El vestuario y la escenografía, pilares de la producción
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Es la historia de un amor como no hay otro igual. O sí, porque el romance, el engaño y la muerte que viven Alfredo y Violeta en La traviata de Verdi/Urlezaga, como en la ópera, es la misma que Dumas escribió en La dama de las camelias. Existe un antecedente coreográfico en Moscú que no fue base ni influencia de esta versión coreográfica. Aquí, al principio, se percibe un perfume a Romeo y Julieta y, al final, otro a Manon. En el medio, un grupo de toreros (¡cómo olvidar el film de Franco Zeffirelli, con Vassiliev y Maximova!) se mueven alla Don Quijote. Ni una ni otra ni la última son citas literales, pero la novedad, evidentemente, lleva la autoría de quien tiene muy transitado, y aun en el cuerpo, las grandes obras del ballet.
En una producción donde la escenografía y el vestuario adquieren gran presencia (brillo, arañas, escaleras y muchos espejos), Ballet Concierto sale a escena con refuerzos en sus filas y figurantes para cubrir los roles que la pieza demanda. Del brindis y los amigos a pasajes más íntimos, el trabajo de Eliana Figueroa, bailarina principal de la compañía, se pone de relieve en la construcción de Violeta. Ella e Iñaki, como Alfredo, muy dramáticos.
"La danza clásica cuenta con pantomimas y yo no quería eso; tampoco, un contacto con el público; buscaba que la obra transcurriera como en el teatro. Mi ambición era lograr un caudal de expresión que acompañara la música y supiera explicar lo concreta y fuerte que es esta historia." De todas, esta voz corresponde al Urlezaga coreógrafo, que concluye: "Tal vez en algunos años algo cambie, pero hoy no le modificaría ni una coma". Entre sus influencias, señala la estructura de las obras tradicionales (protagonistas, personajes, cuerpo de baile) y la forma de narrar, el "hilván" de los ingleses.
Así transcurre: de la fiesta en la casa de la protagonista a un segundo cuadro más íntimo, en el campo, donde el bailarín tiene un solo de lucimiento. Tras el intervalo, otra fiesta exuberante. Al final, en la habitación de Violeta, Urlezaga baila con el peso muerto de su amada en brazos, mientras un desfile de carnaval, a la vera del lecho, enciende el momento cumbre de la puesta.





