Ballet nacional de España: inmejorable síntesis de tradición y vanguardia

Sincronía y júbilo en la Suite Sevilla, que va mucho más allá del rojo, el negro y los lunares
Sincronía y júbilo en la Suite Sevilla, que va mucho más allá del rojo, el negro y los lunares Crédito: J. Robisco
Laura Chertkoff
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13 de junio de 2019  

Ballet nacional de España / Encuentro, ser, bolero y suite Sevilla coreografía: Mercedes Ruiz, Antonio Najarro y Rafael Aguilar / Música: Jesús Torres, Fernando Egozcue, Maurice Ravel y Rafael Riqueni / Diseño de iluminación: Nicolás Fischtel / Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos, Teresa Haelbig, Nicolás Vaudelet y Antonio Najarro. Por el Ballet Nacional de España, con dirección de Antonio Najarro / Funciones: hoy, a las 20; mañana y el sábado, a las 21.30; domingo, a las 18. Teatro Coliseo / Nuestra opinión: excelente

El Ballet Nacional de España, creado por Antonio Gades hace más de 40 años, se volvió viral. Su director desde 2011, Antonio Najarro, lo ha reposicionado como marca y se lo puede ver brillar tanto sobre las tablas como en una pasarela de alta costura.

Este regreso a los escenarios porteños como parte de una gira internacional de la compañía es una excelente oportunidad para disfrutar de un arte que no se ha quedado en el tiempo.

Con un comienzo por cantiñas, en Encuentro juegan Sara Arévalo y Eduardo Martínez, cada uno a su aire y al unísono, envolviéndose en la bata de cola con picardía y caballerosidad. El diseño de iluminación de Nicolás Fischtel es mágico. Pero no se oye un "¡olé!" porque aquí no hay audiencia de tablado purista.

Enhorabuena, porque la propuesta continúa con Ser, bailado con castañuelas por Inmaculada Salomón. Este solo de fusión contemporánea e intensidad contenida es un fragmento de Alento, una obra extensa de Najarro con música del guitarrista argentino Fernando Egozcue. La bailarina es una crisálida en transformación con el exquisito diseño de Teresa Helbig, que proyecta la bata de cola hacia el siglo XXI.

Luego llega Bolero, una coreografía de Rafael Aguilar a la que se le nota la factura de 1987. Como muchos de los coreógrafos que han trabajado sobre la partitura de Ravel, Aguilar suma paulatinamente las voces e incluye, como Maurice Bejart, un trabajo solista técnicamente complejo, que Sergio Bernal ejecuta afiladamente. El programa de mano habla de una alegoría al narcisismo. Y es cierto que puede verse.

Tras el intervalo llega la Suite Sevilla, una creación integral de Antonio Najarro en la que, además de la coreografía y la puesta en escena, el director ha diseñado un vestuario que trasciende el rojo, el negro y los lunares.

Cuando se abre el telón por etapas, hay un gran número inicial por sevillanas. Con una sincronía digna de las Rockettes, las castañuelas están en manos de varones y mujeres. Luego llega el torero con su traje de luces y capote, pero la escena de lidia es con Tanatos y Eros.

El cierre con toda la compañía en escena llega con "Júbilo", último número de la suite, y la fiesta se despliega por el mapa español. Mientras los músicos están tocando por bulerías, hay pasos que llegan desde una danza vasca y desembocan en una jota aragonesa. Como Najarro ha dicho, la danza española no es solamente flamenco. Suena a la alegría de poder incluir a todos en la fiesta. Y el público se siente invitado.

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