Vernáculos: una obra intensa que transmite incomodidad y emoción

Los bailarines, como en una pileta de bordes irregulares
Los bailarines, como en una pileta de bordes irregulares Crédito: G. García / DNOE
Néstor Tirri
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17 de septiembre de 2019  

Coreografía: Lisi Estarás / Banda sonora: Gabriel Chowjnic, con temas musicales de Giacinto Scelsi; contrabajo en vivo: Ariel Eberstein / Por la Compañía Nacional de Danza Contemporánea / Dirección: Margarita Fernández / Escenografía: Kirka Marull / Vestuario: Analía Morales / En el CCK, Sarmiento 151, Sala Argentina / Próximas funciones: hoy, el jueves 19 y el martes 24, a las 20 / Nuestra opinión: muy buena

Apenas el espectador se asome al universo de Lisi Estarás es probable que lo invada una rara mezcla de incomodidad y emoción. En el caso de Vernáculos hay un hecho coyuntural interesante: con este espectáculo, la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, que dirige Margarita Fernández, "estrena" su flamante condición de organismo estable, lo que implica el respaldo de una plataforma legal y jurídica que le da continuidad más allá de cambios gubernamentales.

En el marco de un proyecto ya existente que permite invitar a creadores internacionales, el BNDC, ha convocado a Estarás a montar una pieza suya. Lisi tiene 48 años y es oriunda de Córdoba, pero ha desarrollado prácticamente toda su carrera de coreógrafa en el exterior. Revista en Les Ballets C de la B, de Bélgica, y regresó el año pasado para montar una de sus piezas con el Ballet Contemporáneo del San Martín (años antes, había participado del FIBA). Su código expresivo es fuerte, sacude y no deja a nadie indiferente.

El primer módulo de Vernáculos oficia de prólogo, con los veinte integrantes de la compañía, una ejercitación intensa de los cuerpos en una dinámica que por momentos se vuelve espasmódica, sobre una percusión agresiva que a veces evoca un bombardeo. A su término, sobreviene un clima de calma, con un acompañamiento sonoro consecuente, mientras los performers consuman una suerte de ceremonia con plantas en macetas; en off se escucha un texto de Max Frisch enunciando un cuestionario acerca de situaciones límite que afectan la vida y la posible muerte de los seres ("¿Qué necesitás para ser feliz? ¿Estás contento solo con tus deseos personales? ¿Te imaginás una muerte fácil?").

Es como si este núcleo tribal se asumiera, en paz, como una civilización que necesita cultivar la naturaleza, las plantas, el agua, los bosques, rescatar algo del pasado y enfrentar a un futuro incierto. En el fondo de la escena hay una especie de cráter o tanque australiano de bordes irregulares; un círculo, en fin, al que ingresa una parte del grupo. Allí está instalado el músico Ariel Eberstein, que ejecuta un contrabajo, con aires que a veces armonizan con los juegos escénicos y otras no.

Un coro, también en off, dará el clima para otro momento de calma; esta vez la coreógrafa dispone el armado de parejas que, al menos por un breve lapso, se relacionarán amorosamente.

Lisi Estarás pone a prueba su versatilidad para manejar bloques escénicos complejos y numerosos (en los 50 minutos que dura Vernáculos nadie abandona el escenario), si bien tanta movida espasmódica y tanto bramido a veces podrían atenuarse.

En esta performance intensa y sin descanso, el desempeño de la Compañía (incluida su directora, Margarita Fernández) revela una notoria afirmación respecto de programas anteriores y se impone como lo mejor del espectáculo, una soirée que termina en clave festiva cuando "los humanos" de la tribu bajan a la platea en busca de un espectador/espectadora que, conducido/da al escenario, será su pareja en un bailecito popular en el que se funden los de arriba y los de abajo. Como dice la letra de Discépolo, "el mundo fue y será una porquería"..., pero estamos todos en el mismo barco.

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