
Darío Grandinetti, un rosarino más
El actor le dedicó mucho tiempo a este proyecto
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"Si me hubiera quedado laburando en Rosario habría elegido trabajar con estos tipos." La frase de Darío Grandinetti es una medalla que el grupo de trabajo que realizó "Ilusión de movimiento" se cuelga en el pecho.
Grandinetti es el caso del comprovinciano internacional, querido y admirado en su ciudad natal y en las grandes capitales. Y, paradójicamente, la convocatoria para participar en la película se hizo desde el temor a la negativa: ninguno del grupo lo conocía personalmente. Pese a que más de uno pudo haber dicho que vivía a la vuelta de la casa.
"Ya en la primera toma, no sé cómo, sentíamos que nos conocíamos desde hacía un montón de años -relata el director sobre su encuentro inicial con Grandinetti-. Sin dejar de tener una actitud de admiración por Darío, ya que uno no puede sacarse de encima la cosa de lo mediático. Esa primera toma en el bar, empezamos con algo muy liviano, como quedarse mirando lo que otros decían. Cuando corté, vi que no era para nada lo que yo pretendía. Me miró y me preguntó "¿qué tal?" Si le decía que no, en la primera toma, podía generar una situación incómoda. "Y si no me animo voy a parecer un tarado", pensé. Me lo facilitó él: "Una ca...", dijo. "Sí", le contesté. "No, no, entendí cualquier otra cosa. Vamos de nuevo", remató Darío. A partir de ahí todo fue muy distendido. Y el equipo funcionó muy bien. Cero conflicto: todo construcción."
"Es más -agrega Molina-, Darío fue el mayor difusor de esta película, no perdió oportunidad de hablar sobre ella en cada nota que hizo, aun cuando se trataba de hablar sobre su trabajo junto a Pedro Almodóvar."




