De capacidades y proyectos
Un día en la vida de... Jacqueline de las Carreras
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Hace mucho y todo el tiempo, pero no le gusta que se sepa, ni siquiera se anima a pronunciar la palabra solidaridad. Lo que sí le encanta a Jacqueline de las Carreras es contar que es feliz. Motivos no le faltan: se casó con el hombre de su vida, fue madre de dos varones y fundó Par, una organización no gubernamental, sin fines de lucro, cuya misión es la promoción laboral de trabajadores con discapacidad motora o sensorial, para su integración.
Convencida de que con proyectos la vejez no llega nunca, Jacqueline no para: "Hace tres años perdí a mi marido, así que ahora vivo sola. Bueno, sola es una forma de decir porque tengo mis hijos, mis amigas y mi jardín, que me hace muy feliz. A mi marido, Jorge, también le encantaba la jardinería. El cuidaba los rosales y yo las orquídeas. Pero, bueno, hay que seguir viviendo, haciendo cosas. Jamás me aburro. Leo mucho, estoy por estudiar grafología y nado todos los días", comenta la traductora de inglés y experta en cábala.
"A igual capacidad, igual oportunidad" es el lema de Jacqueline, que desde los 15 años, cuando tuvo poliomelitis, se mueve en silla de ruedas. Asegura que su discapacidad nunca fue un impedimento, porque sólo tiene capacidades diferentes. Por eso no tolera que los discapacitados se coloquen en un lugar "cómodo, de víctima", algo con lo que ella siempre se peleó.
"De chica, mis padres me trataron exactamente igual que a mis hermanos. A las 8 había que estar en la mesa, para desayunar, y no había excepción. Un día les hablé seriamente, les planteé que yo tardaba más que los demás. Pero no me hicieron caso, me dijeron que entonces me levantara media hora antes. Es más, mamá jamás me empujó la silla. Papá sí, era más protector. Y mis hijos... Claro, los chicos no entienden. Uno de ellos quería enseñarme a caminar, me decía cómo debía hacerlo. Así que, durante un tiempo, los dos creyeron que me había pisado los pies un elefante. Fue la manera más fácil de hacerles entender que su mamá no podía caminar", recuerda la fundadora de Par, orgullosa porque desde 1988, cuando nació el proyecto, son más de 1500 los trabajadores con discapacidad que accedieron a un empleo digno.
Metódica, disciplinada, se levanta todos los días a las 7, desayuna té con limón, pan negro y semillas de lino. A veces nada temprano, otros días prefiere admirar su huerta (notables rúcula y rabanitos), pero siempre llega a la oficina impecable, a eso de las 10.
"Después de muchos años al volante, ya no manejo. Me cansé y no tiene sentido porque las distancias son cortas. Además, una vez bajé la ventanilla y me robaron la cartera, una situación horrible. ¿Qué otras cosas tiene mi vida? La verdad es que soy muy austera y me pongo feliz con poco. No lo tuve todo porque, por ejemplo, jamás pude correr con mis chicos en una playa. Pero Dios me dio mucho: una familia, una profesión, esta fundación, mil sueños y proyectos. Siempre digo que todos no podemos hacer todo, pero todos podemos hacer algo. Y soy feliz. Me divierte la vida."
De las Carreras exprés
Casos: "Recibimos cartas increíbles. Gente que dice que por primera vez en su vida se sintió tratada como una persona. Es que trabajo es dignidad".
Personalidad: "Soy rebelde y medio revolucionaria. Las injusticias me mueven mucho, siempre estuvo en mí la necesidad de actuar. Y por otro lado siento que lo mucho que recibí tengo que darlo".
Realidad: "El argentino discrimina, para qué negarlo. Por ignorancia, por prejuicios, por lo que sea. Y también es cierto que el discapacitado está acostumbrado al asistencialismo. Nosotros, desde Par, preferimos dar las herramientas y dejarlos crecer".
Coqueta: "Me cuido, claro. Creo que estar bien es una obligación. No me permito subir de peso, hago deporte y como muy sano; soy casi vegetariana".
Sur: "Nací en Punta Arenas, Chile, pero toda mi vida viví entre Buenos Aires y la Patagonia. Pasé y paso momentos maravillosos en Río Grande, donde mis hijos manejan una hostería de pesca. Amo el Sur, el campo, incluso el viento".
Apasionada
Traductora de inglés, ahora estudia alemán. Por estos días lee El código Da Vinci. Disfruta con el cine en DVD. No va a la iglesia, pero cree en Dios. "La verdad es que nunca hago lo que no siento y siempre termino haciendo lo que me produce placer. Tengo mucha fe, pero cuestiono algunas otras cosas que no vienen al caso. Gracias a Dios a mí nunca me faltó nada, vengo de una familia económicamente sólida, pero la frivolidad no es lo mío. Porque, más allá de que adoro salir a comer con amigas, ir a la dermatóloga o a Punta del Este, hay planes que no van conmigo. Y siempre digo que a esta altura de mi vida no podría vivir sin Par. Es mi tercer bebe, sin dudas."




