
De la Guarda en el cielo
El Sábado y el Domingo 5 de abril han sido las fechas elejidas para celebrar el bautismo del nuevo espectáculo que la agrupación De la Guarda presentará en el Velódromo Municipal.
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La compañía de teatro De la Guarda ha comenzado a cursar las invitaciones para el bautismo de un sueño esperado: "Período Doma". Un espectáculo, multidisciplinario, faraónico, física y visualmente potente. Atípico.
No habrá que presentarse de smoking. A las fiestas paganas no se va de etiqueta y "Período Doma" huele fuerte a celebración dionisíaca. Preparar los poros para transpirar y los sentidos para devorar, que el 4 y 5 de abril el Velódromo Municipal va a volar por los aires.
No es fácil definir a "Doma", y ése quizás sea su mayor mérito. Es, sin duda, mucho más que una obra. Un show de extrema impureza, donde se mezclan actores, músicos, ingenieros, andinistas, arquitectos, iluminadores y técnicos en efectos especiales.
Habrá un escenario donde la música se ejecutará en vivo, bolas de fuego luchando contra ríos de agua que caen desde el cielo y más de una treintena de actores tomándole el pelo a Newton e involucrando al públi- co dentro de una escena potente y festiva.
"Doma" promete un viaje por aire y tierra, donde las palabras serán reemplazadas por luz, movimiento y sonido. Los invitados principales a esta fiesta serán los sentidos. Mejor llevarlos afilados, porque tendrán trabajo, y mucho.
Asalto al Obelisco
Es probable que para muchos el nombre De la Guarda diga poco y nada. Para otros, significa la continuación más estable y prolífica de la Organización Negra, un grupo de teatro experimental que supo rondar el barrio de los mitos, allá por los años 80. Cuando Buenos Aires transitaba los primeros instantes de la recuperada democracia, La Organización Negra fue subiendo uno a uno los peldaños de su propia leyenda, que se construyó sobre la base de una serie de espectáculos nada convencionales, provocativos, inquietantes... Estética posindustrial, ambientes oscuros y una novedosa utilización de los espacios escénicos eran, por entonces, sus señas de identidad.
Los últimos días de diciembre de 1989 fueron testigos del punto más alto en la historia de la agrupación. El Obelisco se volvió escenario y soporte para la realización de "La tirolesa", una performance interpretada por actores-andinistas en la que no faltaron estructuras y juegos con agua, fuego y humo. Por primera vez, todo ocurrió en el aire: caminatas por el vacío, descensos entre las paredes de un ring-side en llamas y tachos de aceite marcando a golpes la banda de sonido desde balcones sostenidos en el espacio. Teatro en gravedad cero. El discurso tampoco podía darse aires de convencional; nada de historias lineales ni mensajes de una sola lectura. El hincapié estaba en disparar sensaciones. Ambiguas, reelaborables, cuanto más fuertes mejor.
De más está decir que "La tirolesa" logró alcanzar el impacto que se proponía. Los números oficiales señalan que en las noches del 22 y 23 de diciembre de 1989, treinta mil personas arquearon sus nucas para mirar el asedio al Obelisco.
Con alma callejera
"Período Doma" es una idea que nació al mismo tiempo que De la Guarda, luego que la Organización Negra pasara a mejor vida en los primeros años 90. "Este es nuestro proyecto máximo, todo lo que siempre quisimos hacer desde que existimos como grupo", aseguraba Diqui James -uno de los directores del grupo- a VíaLibre en una quinta de Don Torcuato que hace de cuartel general y centro deportivo de alto rendimiento para la preparación del espectáculo.
De la Guarda ha puesto la mira de su búsqueda en la energía propia de los espectáculos callejeros, en tomar grandes espacios abiertos y crear atmósferas festivas y visualmente potentes. Ahora bien, del dicho al hecho no se pasa sólo con ganas. Para espectáculos de magnitud se precisan presupuestos de magnitud y los cheques con varios ceros rara vez golpean la puerta de los grupos independientes.
Así fue que "Doma" debió dormir en una carpeta y los dos primeros espectáculos de De la Guarda tomaron cuerpo en espacios cerrados. "Período Dulce Compañía" y "Período Villa-Villa" se realizaron, respectivamente, en el viejo Prix D´Ami y en el Centro Cultural Recoleta. Fue durante el año último, en medio de una gira por Europa y Canadá presentando "Villa-Villa", cuando "Doma" comenzó a despertar. El flamante Gobierno de la Ciudad llamó para ofrecer espacio e infraestructura para llevar adelante el proyecto.
Bienvenidos al "Domádromo"
La planificación comenzó sobre papel, con la colaboración de arquitectos, calculistas e ingenieros, y pasó a probarse en pista cuando promediaba febrero. El día 13, para ser puntuales, el atardecer cayó sobre un Velódromo cortado al medio por la grúa de cincuenta metros. Mientras técnicos de todos los colores iban de aquí para allá, los treinta jóvenes actores seleccionados para formar parte del espectáculo miraban desafiantes la torre. Dispuestos, ansiosos por iniciar la primera doma.
Luego de indicaciones y controles a cargo de los técnicos en andinismo, llega el esperado contacto con el gigante de acero. La grúa se muestra dócil y se siente respetada. Los actores ajustan sus arneses y se disponen a formar "la pila". Los cables tiran hacia arriba y los cuerpos comienza a subir.
Desde abajo, la parada no parece fácil: los cables de acero que sostienen a los treinta actores no parecen a esta altura más que simples piolines y el pequeño acróbata que se animó primero en la fila mira hacia abajo con ganas de suelo.
Los ensayos van pasando, los muchachos pierden el miedo y esperan el momento de "la pila". Ahora es la grúa que se pone chúcara. Los ascensos y descensos deben volverse rápidos y precisos, pero el gigante no colabora. Corcovea, da saltos a destiempo y "la pila" -perfecta cuando está alzada- se ve desprolija en los izados. Algo no termina de cuajar. Van pasando los ensayos y los chicos no ceden. Le dan vueltas a las mañas y las cosquillas de la grúa, que termina por rendirse ante la insistencia de los jinetes. Antes de que terminara febrero, la doma del gigante fue concretada.
En este espectáculo, De la Guarda busca generar un universo festivo en el que esperan involucrar a espectadores no habituales de teatro, a jóvenes y niños.
El vértigo de las acciones nada tiene que ver con violencia y eso se vuelve evidente en los ensayos, en las constantes marcaciones de los directores.
En medio de una prueba aérea con "el bollo" -una estructura de metal que sostiene a los actores totalmente amontonados-, las instrucciones que llegan desde abajo piden euforia, pero la pelota de chicos colgados interpreta algo que se parece demasiado a una gresca. Diqui James detiene la práctica, toma un megáfono y les arenga: "Están transmitiendo enojo y la idea no es ésa. No debe ser una pelea, sino una celebración descontrolada. Piénsense a ustedes mismos como a una banda de borrachos, ruidosos. Ese es el espíritu".
La metáfora es graciosa y clara, los actores ríen y entienden el concepto madre: "Doma" debe ser una fiesta.
En la pista del Velódromo no habrá nada parecido a una butaca. Los miles de espectadores que elijan comprar la entrada de campo, se verán involucrados directamente en las acciones del espectáculo. La experiencia no va a ser precisamente tranquila, los movimientos de la grúa provocarán corridas de un lado a otro y por encima de sus cabezas se moverán estructuras de fuego y agua. El efecto será fuerte y esa es la intención, pero para llevar la obra a cabo se han debido tener en cuenta hasta el más mínimo detalle las cuestiones de seguridad.
Para ello, a la formación estable de De la Guarda se ha sumado un gran número de técnicos especializados en cada una de las disciplinas que se combinan en "Doma". "Para la mayoría de ellos, participar de un espectáculo teatral ha sido internarse en una experiencia completamente nueva, no lo sienten un simple trabajo sino una aventura, y eso se nota en el show", asegura Pichón Baldinu.
Armar la propia historia
"En nuestros espectáculos no existe un guión completamente definido, ni tenemos la intención de establecer un discurso lineal. Sugerimos, marcamos intensidades y sensaciones que deben ser ordenadas y explicadas por cada espectador para sí mismo", asegura Pichón Baldinu, prócer fundador de La Organización Negra y de De la Guarda y codirector de "Doma".
Tanto en éste como en espectáculos anteriores, el grupo de James y Baldinu ha mantenido la constante de ofrecer "obras abiertas", desafiando al público a encontrar una significación y un relato propio, que parta de la propuesta dada y se proyecte sobre las vivencias de cada cual.
"Una señora de barrio que viene con sus chicos puede pensar que la obra trata de una lucha entre fuerzas del bien y del mal. Mientras que un intelectual interpreta que lo que ha visto es en realidad una metáfora sobre la historia del mundo. Y ambas ideas son correctas", apunta Diqui James.
"Doma" no va a ser una obra de una sola lectura, pero tampoco un bombardeo gratuito de imágenes. Queremos ofrecer un viaje en el que existe un itinerario de situaciones y climas para que la gente pasee y elabore", concluye Baldinu.
Para quienes están acostumbrados a la comodidad de las butacas y a obras de fácil digestión, "Doma" va a ser una verdadera aventura. Porque propone el desafío de implicarse y transformarse en parte activa de lo que ocurre en escena. El desafío de invadir un espacio que ha estado históricamente vedado al público. Animarse a afrontar un discurso que no viene servido en bandeja sino que invita a la construcción de un relato propio y, por lo tanto, único.
En fin, cuando abril se cuelgue al frente del almanaque, De la Guarda saldrá a las pistas, a renovar su título de mito. Aquel sellado en una calurosa noche de 1989, cuando el Obelisco de Buenos Aires fue tomado por asalto.




