De Nagoya a Buenos Aires, meditación zen sin escalas
Un monje budista puede nacer en cualquier parte del mundo, se ve. Y la meditación zen puede practicarse en cualquier latitud. Lo sabe bien Ricardo Dokyu, uno de los poquísimos argentinos ordenados monjes en Japón. Nada fue un impedimento serio en su objetivo: ni la geografía, ni el idioma, ni la idiosincrasia. Hace una década que es monje y lleva el nombre Dokyu (en japonés, do significa camino y kyu, eterno). Pero vive en Buenos Aires y trajo hasta aquí todo lo aprendido.
Lectura o experiencia: "Hay una enorme diferencia entre acercarse al budismo zen a través de la lectura y hacerlo a través de la experiencia. La práctica es fundamental. A veces escuchamos o leemos a grandes maestros que son admirables y ayudan. Pero no es nuestra experiencia, y no hay budismo sin práctica", explica Dokyu.
Zen: es la voz japonesa de la palabra china ch´an, traducción, a su vez, de la sánscrita dhyana, que significa meditación. Un error muy común es creer que el budismo zen es una rama separada del budismo. "Sin embargo no es así: se trata de las mismas enseñanzas dictadas a sus discípulos por Buda en la India. Que luego llegaron a China y por último a Japón transmitidas por el monje Eithel Dogen (1200-1253). La diferencia es sólo que el zen privilegia la práctica de la meditación por sobre discusiones o interpretaciones puramente teóricas", agrega.
Energía contra el frío: fue en el monasterio de Eiheiji, fundado en 1244 por, precisamente, el maestro Dogen, donde Dokyu hizo su entrenamiento. Y recuerda: "Fueron cuatro años, entre 1996 y 2000. En invierno las temperaturas eran muy bajas y había más de dos metros de nieve, aunque pude ver fotografías que mostraban nevadas de 7 metros de altura. Pero al practicar zazen, que significa meditación en japonés, inmóviles, en la enorme sala del monasterio, no sentíamos frío, porque la meditación genera mucha energía".
Manual de estilo: Recomendaciones generales para la práctica del zazen (o Fukanzazengi, en japonés) es el primer libro que el maestro Dogen escribió. Fue en 1227, a su regreso de China, y en sus páginas se lee: "Para hacer zazen es necesario tener un cuarto tranquilo. Deberías ser moderado en la comida y la bebida, abandonando toda clase de relaciones artificiales. Deberías usar ropas cómodas y limpias. Te sientas en la posición de loto completo o medio loto y colocas tu mano derecha sobre tu pie izquierdo, y tu mano izquierda sobre la palma derecha: los dedos pulgares deben tocarse ligeramente. Siéntate derecho, tus orejas deben estar en el mismo plano que tus hombros y tu nariz, en la línea del ombligo. Con los ojos abiertos respira pausadamente por la nariz Piensa en no pensar. ¿Cómo se hace? Pensando más allá de los pensamientos y los no pensamientos".
Pensar en no pensar: "Esa es una preocupación muy común, porque durante la práctica de zazen podemos estar pensando en cómo se hace para pensar en no pensar, y así estamos pensando en no pensar pensando", se ríe Dokyu. Y se pregunta: "¿Qué hacer? Cuando varios pensamientos agitan la mente, no debemos permitir que nos ataquen ni tampoco debemos luchar contra ellos o intentar escapar. Simplemente debemos dejarlos, permitiendo que aparezcan y desaparezcan libremente".
Atención: para el monje no es necesario ser budista para practicar la meditación zazen. Es más: meditar puede ayudar a comprender con mayor profundidad las creencias de cada uno. "Creo que puede ser muy valioso para la vida de cualquiera de nosotros, porque la práctica de zazen nos lleva a darnos cuenta, a tomar conciencia, a observar atentamente. Observar como una madre cuando mira a su hijo que está jugando en la plaza: algunas madres están sentadas, otras están de pie y otras charlan entre sí. Esa es la manera diferente que cada una tiene para observar a su hijo. Pero todas están muy atentas", indica.
En cualquier momento y lugar: En el budismo zen se hace especial hincapié en aplicar este estado de la mente en la vida cotidiana, en las cuatro posiciones: sentado, de pie, caminando y acostado. "Tenemos la idea de que solamente en el silencio, la paz y la tranquilidad de las montañas es posible llegar a un estado de calma y profunda comprensión. Pero la práctica comienza debajo de nuestros pies, en el lugar donde estamos pisando en cada momento", concluye.
Una enseñanza: un día, un erudito fue a visitar al maestro zen Nanín para interrogarlo sobre temas relativos al budismo. Mientras el maestro servía el té, el visitante continuaba hablando y hablando sobre sus conocimientos sobre el zen. Aunque la taza estaba llena y desbordaba inundando la mesa, el maestro continuaba vertiendo té. Sorprendido, el visitante exclamó: "Pero venerable, ¿no ve que la taza ya está llena?" "Así es. De la misma manera que tu mente -explicó Nanín-. ¿Cómo puedo enseñarte nada si antes no vacías el contenido de tu mente?"
ALEGRIA
Dokyu, que nació en el barrio de Colegiales en 1959, fue ordenado monje en diciembre de 1991 en el templo de I ON IN, en la ciudad japonesa de Nagoya, por el maestro Nakamura Doyu Daiosho.
"La historia comienza cuando tenía 22 años y, sin saber muy bien qué buscaba, acepté la invitación de una amiga para escuchar una charla sobre budismo zen por el monje Igarashi Ryotan Roshi, que sería mi primer maestro. El despertó mi interés y me llevó en 1984 a comenzar mi iniciación en Brasil, en el Zen Center de Belo Horizonte y en el Monasterio Budista Pico de Ralos, en Ouro Preto, para finalmente viajar a Japón y practicar allí durante 9 años en el monasterio de Eiheiji", explica el monje.
Para saber más sobre Dokyu y su templo Serena Alegría,




