De YouTube al teatro: los nuevos consumos marcaron el pulso

El patio de mi casa y La granja de Zenón, imán para los más chicos; se impusieron los shows gratuitos
El patio de mi casa y La granja de Zenón, imán para los más chicos; se impusieron los shows gratuitos
Juan Garff
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1 de agosto de 2017  

Mi villano favorito 3, la primera opción a la
Mi villano favorito 3, la primera opción a la Crédito: Universal

A la hora de hacer un balance, los resultados son dispares. Hubo éxitos y fracasos. Los grandes eventos públicos y gratuitos llevaron más público aún que el año pasado. Tecnópolis recibió 1,36 millones de visitantes, el CCK más de medio millón y por la Usina del Arte pasaron 85.000 personas, un veinte por ciento más que en 2016. Otros 30.000 espectadores disfrutaron de alguno de los 80 shows organizados por el municipio de San Isidro.

Probablemente no sean solamente la gratuidad ni la difusión de la programación pública las que convoquen, sino también su aspiración a un alto nivel de calidad artística que se sostiene ya desde temporadas pasadas. Los recitales de Magdalena Fleitas, el Dúo Karma y Mariana Baggio o bien el show de Luis Pescetti son puntos de referencia fuertes allí, pero se replican también en decenas de propuestas de espectáculos, talleres y muestras que no suelen defraudar a nadie. Entre las salas teatrales oficiales se destacó la oferta del 25 de Mayo, que sumaba a las atractivas puestas en escena de Mi perro López y El vestido de mamá todo un "camping cultural" de propuestas creativas para los chicos.

"La programación de esos espacios es muy buena", reconoce María Inés Falconi, la autora de Caídos del mapa y otras obras que se representaron en el tradicional ciclo de teatro de vacaciones en el Auditorio UPeBe, en el límite entre Belgrano y Núñez. "Pero llamativamente para nosotros, con una propuesta similar a otros años, fue la mejor temporada de invierno de la última década." Falconi tiene la hipótesis de que las pequeñas salas son en vacaciones la opción para una segunda salida, después de las grandes atracciones. Y éstas se desplazaron en parte de las producciones con gancho televisivo de la calle Corrientes a esas multipropuestas de los grandes espacios públicos.

El otro gran imán para llevar público al teatro fueron las redes sociales. Dos shows que emergieron de YouTube agotaron entradas: El patio de mi casa, del grupo español Pica Pica, en el teatro Astral, y La granja de Zenón y el huevo de oro, en el Metropolitan, ambos de la productora de contenidos infantiles Lauria, que sumaron 17.000 y 22.000 espectadores, respectivamente. Sólo los Pica Pica suman 1100 millones de visualizaciones en Internet, y La Granja de Zenón no le va a la zaga. Lo llamativo es que apelan a los más pequeños. Pero también los youtubers más cercanos a la adolescencia se hicieron ver en vacaciones: el festival Social Artist Tour, con referentes internacionales de la escena YouTube como Juanpa Zurita Werevertumorro, Juca y Rix convocó a más de 50.000 personas en el Microestadio de Tecnópolis.

También algunos grupos musicales y teatrales han encontrado en los medios sociales una vía eficaz para difundir sus recitales en vivo. Tal es el caso de Canticuénticos, que con su célebre hit "El monstruo de la laguna" saltaron sin dificultad de su Santa Fe natal a funciones diarias colmadas en el Astral. O al grupo Pequeño Pez con su espectáculo Orquesta Papelones, que transitó por diversas salas con 14 funciones a sala llena, en un 90 por ciento con espectadores provenientes de sus seguidores en Facebook, Instagram y YouTube.

La pantalla más tradicional de la televisión sigue teniendo fuerza de convocatoria en algunos casos, como el de Peter Pan, que en su segunda temporada reunió a 50.000 espectadores, o el show de Disney on Ice, cuyo hielo no se derrite tan fácilmente. Pero fue más débil la asistencia de público al show de Topa y varios otros que se apoyaban en su imagen televisiva.

Entre las opciones de espacios más íntimos se reafirmaron aquellas que sostienen una programación sólida a lo largo de todo el año, intensificada con el mismo estilo en vacaciones de invierno. La del Auditorio UPeBe se extendió este año al recién inaugurado Centro Cultural Céspedes, a la gorra, en una interesante experiencia de cruzar el público de clase media de la zona con el del nuevo barrio asentado sobre la calle Fraga.

El grupo La Galera Encantada desplegó su amplio repertorio en su sala propia en Palermo y en el Museo Larreta en Belgrano con una programación de seis funciones diarias, siempre manteniendo una ocupación ligeramente por encima del 50 por ciento. "Nosotros mantenemos siempre a lo largo de todo el año aproximadamente el mismo promedio de gente. Vacaciones de invierno no es en ese sentido algo especial, más allá de la mayor cantidad de funciones", dice su director, Héctor Presa. Tuvieron un pico de sala prácticamente llena las funciones de Malas palabras, una destacada puesta de una destacable obra de Perla Szuchmacher, sobre los silencios en torno a la adopción.

En Pan y Arte, en Boedo, en tanto, se consolidó un pequeño bastión del teatro de títeres y objetos. Tres de las cuatro obras en cartel - Los caminos invisibles, Las ramas del violín e Hilito de un viaje- tuvieron entradas agotadas. Otro punto de referencia del arte de los retablos fue el 7º Festival Títeres al Sur, organizado en cuatro salas por el Grupo Catalinas, que participó con su nueva obra Cacaprichos del rey junto a una interesante selección de grupos locales e internacionales.

La llegada de espectáculos de otros países se apreció no sólo en este festival, sino también en la presencia de dos puestas originadas en España: A la luna, en el Teatro de la Comedia, y Oliverio y la tormenta, de Ismael Serrano y con Jimena Ruiz Echazú, su protagonista.

Por: Juan Garff

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