
Del folklore hacia las proyecciones
Encontrándonos a las puertas de los festivales folklóricos del verano, conviene repasar conceptos a partir de la palabra autorizada y esclarecedora de los maestros. Los libros no muerden. Muchos pueden dar fe de que no existe tal peligro para la integridad física del lector, si se han atrevido a hojear algún opúsculo de los escritos por don Augusto Raúl Cortázar (estudioso y docente de literatura argentina y antropología) sobre el folklore.
Porque existe una gran confusión respecto de los vocablos folklore , proyección y renovación , y por eso mismo se los ventila muy alegremente por aquello del todo vale y de la impunidad de disertadores, charlatanes y escribidores. Vamos por partes.
El folklore es una palabra polivalente, asegura Augusto Cortázar, porque es manifestación de los más diversos aspectos de la vida tradicional del pueblo, llámense vivienda, indumentaria, comida, medicina; hechos sociales, religiosos, estéticos, costumbres; el habla, las fiestas, las supersticiones, la artesanía, los cuentos, leyendas, romances, coplas, etc. Todo este acervo (lo popular, anónimo y tradicional) es lo que identificamos como folklore. Tal planteo científico, basado en la riquísima corriente hispánica, tiene alcance universal, amén de que el esclarecido análisis de Cortázar es enteramente aplicable a las expresiones contemporáneas del folklore.
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Por folklore, entonces, habremos de entender aquello que se caracteriza como popular (propio de la cultura tradicional del folk, del pueblo), colectivizado (socialmente vigente en la comunidad), empírico (asentado en la costumbre), funcional (aplicado y aplicable a la vida diaria), tradicional (ejercitado naturalmente a través del tiempo), anónimo (de creador desconocido -u olvidado- por estar asimilado como propio en la memoria de todo el pueblo), regional y transmitido por medios no escritos ni institucionalizados. Todos estos rasgos -orales, tradicionales, anónimos, localizados, populares, empíricos, colectivizados-, o algunos, se aplican genérica o específicamente (lo religioso, literario, musical, coreográfico) al folklore. Esto, al margen de las teorías folklóricas actuales y de la dichosa globalización invasora de cada rincón de la Tierra.
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El lenguaje común ha tomado como sinónimos dos de estos rasgos para englobar a los restantes: popular y tradicional . La palabra popular adquiere en este caso un sentido profundo de riqueza espiritual compartida por el pueblo, y vívida en el recuerdo y en la práctica comunitaria, incluyendo por cierto las pequeñas variantes que admite su transmisión oral. Es precisamente la repetición de algo familiar a todos, a lo largo de los años, lo que otorga a lo popular la fuerza de su vigencia. De allí que, al tradicionalizarlo, la gente lo convierte en folklore. Los auténticos fenómenos folklóricos se diferencian de los que Cortázar llama "trasplantes", es decir:las costumbres, indumentaria, comidas, bailes, trasladados desde su propio ámbito geográfico y cultural para ser evocados en familia o en instituciones, en medio del torbellino de las grandes ciudades cosmopolitas. En este nuevo ámbito, una vez desarraigadas, sacadas de contexto natural, no cumplen, obviamente, la función vital del ambiente nativo.
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Del mismo modo, las proyecciones del folklore -aquí nos referimos, por cierto, al cancionero- son expresiones de fenómenos folklóricos nacidos y crecidos fuera del ámbito geográfico y cultural originario, plasmadas por autores determinados (reconocibles) que, inspirados en la realidad folklórica, procuran imitarla, reelaborarla y estilizarla en sus caracteres y formas, destinándolas al público en general, preferentemente urbano, que se transmiten por medios técnicos (radios y demás) e institucionalizados (conciertos, peñas). Proyección folklórica son, por consiguiente, tanto Yupanqui, Falú, Ariel Ramírez, Los Chalchaleros, Los Fronterizos... como el Grupo Vocal Argentino, el Cuchi Leguizamón, el Dúo Salteño, Manolo Juárez, Eduardo Lagos... La proyección implicó también renovación estética. Esto merece una aclaración. Hacia ella vamos.



