
Del jazz al bolero, en la voz de Leny Andrade
Nuestra opinión: Bueno
1 minuto de lectura'
Espectáculo de Leny Andrade, en voz; Joao Coutinho, en piano: Lucio do Nascimiento, en bajo, y Adriano de Olivera, en Batería. En el Auditorio Bauen.
Precedida por sus tres actuaciones anteriores en esta ciudad y tratada por la prensa especializada como una de las mejores voces del jazz en la actualidad, Leny Andrade deslumbró por momentos al público reunido en el Auditorio Bauen.
Junto con un trío de piano, bajo y batería, repasó un repertorio donde el jazz, la bossa nova y el bolero se conjugaron con naturalidad en su voz.
Su registro, que fluctúa de mezzo-soprano a contralto, le da calidez a su canto. Su voz robusta tiene el sabor de un coñac de gran solera, donde el tiempo sólo contribuyó a un mejor sabor.
Andrade eligió varias piezas de jazz para el comienzo; la banda que luce ajustada tiene como director musical a Joao Coutinho, quien también es tecladista de Maria Bethania, un músico que domina los climas y les da cierta nueva belleza a los temas. La sección rítmica, con Lucio do Nascimiento, en bajo, y Adriano de Olivera, en batería, tiene, claro está, ese sabor inconfundiblemente brasileño.
Presencia de grandes
Aunque por momentos parece retacear algo de voz, Leny Andrade muestra un registro rico, con un vibrato que sí recuerda a la inolvidable Sarah Vaughan. Frasea con sencillez un clásico jazzero y por primera vez arranca con un scat (canto sin palabras, onomatopéyico, con mucho ritmo) que arranca aplausos al auditorio.
Su modo agradable queda a la vista cuando de pronto reconoce en la platea al compositor Sergio Mihanovich y dispara un elogio; luego, su vista se encuentra con el guitarrista Luis Salinas y hace hincapié en el excelente nivel instrumental de algunos músicos argentinos. Un toque entre la justicia y la demogogia.
Segura de su voz, introduce, en especial en las bossa novas, modificaciones a las estructuras melódicas de los temas. Avanza sobre paráfrasis que tienen por lo general el gusto de la espontaneidad.
El manejo del micrófono y de la escena muestra a una artista madura que ofrece espacios para el lucimiento de su banda, en especial a Coutinho, que, con algunos logrados solos, recuerda las variaciones armónicas de Chick Corea.
Precisamente, esa madurez logra que ni las valijas perdidas por la aerolínea que la trajo a Buenos Aires ni los constantes problemas de sonido empañen su desempeño.
Aquieta la sala con una sección de nuevos boleros donde su voz cambia lentamente de registro. De pronto, frasea al unísono con el teclado y genera un clima embriagante.
Alrededor de medianoche
En un tema en que su título es algo así como "Te di mi corazón" improvisa sobre la estructura armónica con un salto de octavas que embellece el final.
La hora y media de actuación no altera su riqueza interpretativa y deja como sello de su calidad una versión de "The Night in Tunisia", de uno de los grandes del bebop, como Dizzy Gillepie. Ahí, su voz nos recuerda a Billy Carter; frasea con autoridad hasta que en el final la sorpresa de un crescendo a capella, donde alcanza gusto y fluidez, "paraliza" al auditorio.
El público, de pie, la despide con un cerrado aplauso, propio de una primera figura.
1
2Cómo vivió Mirtha Legrand las horas previas a su cumpleaños: un reencuentro, un detalle en la vajilla y un premio
3Quién es Luján Saez: la joven diseñadora detrás de los looks de las hijas de las famosas
4Robbie Williams regresa a la Argentina después de 20 años con un show en el Movistar Arena: cómo conseguir las entradas



