
Derroche de armonías en el folklore
"Síntesis", recitales del Grupo Vocal Argentino, con arreglos de Chango Farías Gómez, Carlos Marrodán y Oscar Taberniso. Invitados: grupos vocales Santaires y Refusilo. En el Café-bar Bajo San Telmo, pasaje San Lorenzo 365 (entre Defensa y Balcarce). Los viernes, a las 22. Nuestra opinión: bueno.
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El pensamiento irrefutable de Bela Bartok sobre lo difícil que es armonizar las melodías populares, y el desafío que implica individualizar sus caracteres específicos para conservar su verdadero rostro se hace presente en estos encuentros en los que el Grupo Vocal Argentino invita a colegas, como Santaires y Refusilo.
En materia de progresión armónica -dicho en estricto sentido musical y como avance de temeridades- Santaires apela a una trama compacta que por trechos se airea en unísonos o eventuales dúos. Con el complemento de guitarra, percusión y aerófonos, el grupo acomete ya una baguala, ya un candombe, ya una chacarera con la misma complejidad armónica que apenas se transparenta esporádicamente, como cuando canta el bajista Juan Concilio. Pero ocurre que la melodía y la palabra, incluso el ritmo, suelen extraviarse por entre la maraña armónica, con lo que la gracia del folklore -que reside en la poesía y en las cadencias- se pierde a veces sin remedio.
Osadías experimentales
Quien va más allá, todavía, en tales osadías de la experimentación armónica es el quinteto vocal Refusilo, cantando a capella. Ya entonen una zamba, un gato, una vidala, o lo que sea, las dos chicas y los tres muchachos se zambullen en la distorsión y dispersión politonal. El excesivo ropaje armónico y el jazístico modo de frasear -cercano a los Take Six (o al pop argentino) asfixia por completo la melodía y sepulta el ritmo autóctono hasta hacerlo desaparecer. La tentación armónica crea el riesgo de que la forma se imponga por sobre el fondo, y que la pura técnica soslaye el estilo y la emoción. Esto se hace evidente cuando, en tal contexto, aparece el Grupo Vocal Argentino con sus arreglos consolidados de chacarera, zamba, huayno y cueca. Al cantarlos como si fuese la primera vez, suenan espontáneos y frescos. Avanzar, a partir de ese placer por la armonía, es lo que buscan, empecinados, Santaires y Refusilo. Pero su tranco es tan largo que están a punto de ingresar en otra estética: la del jazz. Y estamos hablando de folklore...
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