
Desequilibrios de la soledad
Espectáculo coreográfico. "Sofá I/Sofá II", música original de Federico Zypce, coreografía de Mariana Bellotto. Con Marta Lantermo y Ana Deutsch. Dirección general de Bellotto y Lantermo. Todos los jueves, a las 21, en Babilonia, Guardia Vieja 3360. Nuestra opinión: muy buena.
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Un sofá tapizado, de estilo sui generis , es el mudo testigo de lo que sobre él y a su alrededor harán dos mujeres en su intimidad. En principio será una (Marta Lantermo) la que buscará, semidesvanecida y agobiada, refugio en el mueble. Se hace un ovillo, acaricia o araña el género. Empieza a bullir en cólera. Su danza es un grito desgarrador dirigido a nadie; su inquietud es obsesiva.
Más que histérica, es angustiosa. De frente al público, el sofá es amante y enemigo, en tanto ella se desplaza sobre almohadones, brazos y hasta hace equilibrio caminando, como al borde de un abismo, por el respaldo.
La lucha interna le provoca estertores. La mujer, desesperada, deja su habitáculo y se desplaza, con movimientos más amplios cuando crece la furia. Algo, en lo profundo, le duele y la acucia sin piedad. Soberbia en su baile, Lantermo extrae del alma del personaje síntomas de frustración, de autoconmiseración, de infinita desolación.
En la segunda parte, al decorado se añaden doce viejos Winco y cientos de long-plays, y el sofá da la espalda a la audiencia. Aquí se agrega otra magnífica intérprete, Ana Deutsch, que entabla, con Lantermo, una tierna confraternidad. Ambas vestidas de fiesta, se sacan los zapatos. Por momentos, Deutsch baila una mixtura de zapateado de flamenco con danza contemporánea: la rabia empieza a fluir. Los discos serán elementos para evacuar la agresión. Una los lanza furiosamente al piso, luego, su mira será la otra, hasta que termina, inútilmente, arrojándolos contra una pared. Su contendiente es ella misma.
El piso se cubre de discos, mientras que de los aparatos, funcionando varios a la vez, salen chirriantes sonidos. También, melodías melancólicas, como finalmente es el sentimiento de lo que baila el dúo.
Con excelente técnica (las bailarinas son ideales), un estilo que amalgama pasión, sensibilidad y un lenguaje que desnuda los corazones femeninos sin superficialidades, la coreógrafa, Mariana Bellotto, logra una concisa y fuerte obra que, en su ascetismo, golpea directo a los sentidos.
Fantasía demencial y realidad agónica se mezclan para expresar cómo muerde la soledad, un dragón que devora las vísceras de quienes la padecen. Con las llamas que salen de su boca las obliga a inmolarse, como mártires y ejemplos de lo que sucede cuando no se encuentra la comprensión y la solidaridad humanas. De ahí que los objetos (sofá, tocadiscos, espejo) se conviertan en protagonistas. Son los únicos "amigos" que no las desfraudarán y que siempre estarán a su lado como imperturbables interlocutores.
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