
Dibu, en una de piratas
La segunda aventura cinematográfica del popular personaje se aleja de las fórmulas televisivas con una trama en la que no faltan aventuras y suspenso
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Luego de la pausa impuesta por las Fiestas, el equipo técnico y artístico liderado por el realizador Carlos Galettini retomó el lunes 5 la filmación de "Dibu 2 - La venganza de Nasty", la nueva historia del popular personaje animado nacido en la televisión, que en las vacaciones invernales de 1997 superó, en su debut cinematográfico, el millón de espectadores e incluso logró torcerle el brazo a su colega "Hércules" en las boleterías locales.
Dispuestos a repetir aquella performance, Patagonik Film Group y Telefé producen este largometraje que -salvo la obvia presencia del astro animado y de su hermanita Buji- ya nada tiene en común con el programa "Mi familia es un dibujo" ni con "Dibu, la película", ópera prima de Alejandro Stoessel y Carlos Olivieri.
"Aquel film era una especie de comedia familiar, como el ciclo de televisión. Este es de aventuras, tiene algo de acción y cierto suspenso", diferencia Galettini a la par que marca otro elemento distintivo: "La inclusión de Nasty, un dibujo muy malo, que para lograr sus propósitos puede cambiar de aspecto para convertirse en otro dibujo o en un ser humano".
Sin embargo las novedades no se agotan allí. Dibu y Buji vuelven a interactuar con personajes reales, pero además de tener que vérselas con el villano debutante, cuentan con la compañía de marionetas capaces de cobrar vida.
Tantas interrelaciones y transformaciones surgen del guión escrito por Ricardo Rodríguez y Mirella Santoro, y son posibles a partir de la batería de efectos especiales que en esta historia juega "un papel de gran importancia", según anticipan sus responsables.
Experiencia que enriquece
La flamante experiencia le resulta divertida, pero sobre todo enriquecedora. "Más del 40 por ciento del film implica un trabajo en conjunto", explica quien debe compartir con Rodolfo Mutuverría (animación) y Juan Pablo Buscarini (efectos visuales) la tarea de vislumbrar cómo interactúan una secuencia dibujos, actores y marionetas.
El director imparte directivas a los actores de "Dibu 2" y paralelamente imagina la actuación de los cartoons en esa misma toma. La acción que desarrollan unos y otros ha sido previamente delineada en el story board. "Después conversamos con el dibujante sobre cómo veo la respuesta que le dan los actores al dibujo de acuerdo a lo pautado en el guión, para que luego ese especialista pueda incorporar los personajes animados a lo ya filmado", explica sobre un complejo procedimiento técnico.
El "después" del rodaje, que concluye el 24 de enero, demanda buena parte del costo de esta película, que ronda los 2.300.000 dólares. "Al tratarse de un film con efectos especiales, tiene mucha posproducción, son 16 semanas para realizar el trabajo con los dibujos y efectos", comenta el cineasta.
Marionetas muy especiales
Junto a Dibu, Buji y Nasty hay varios personajes más, algunos de ellos a cargo de actores "reales" como Mauricio Dayub (Quique, un policía que ayuda al héroe animado y conoce las andanzas pasadas del dibujo villano), Hugo Arana (Lencina), Roberto Carnaghi (un empresario) y, sobre todo, Gianni Lunadei y Deborah Warren, ambos en papeles de marionetas que tienen la particularidad de poder abandonar sus hilos y crucetas para adquirir vida.
Ese singular momento de transformación, que Galettini define como uno de los más complicados del rodaje, transcurre en gigantografías -con sillas y mesas que superan los dos metros de altura- especialmente armadas en un inmenso y laberíntico galpón de Barracas que alguna vez ocupó el desaparecido Hogar Obrero.
Una nube de talco industrial se desploma sobre el set y llega el momento de rodar la metamorfosis de los actores-marionetas. Detrás de la polvareda blanca queda el secreto de cómo transcurrirá la escena. Sólo el estreno de "Dibu 2-La venganza de Nasty" habrá de revelarlo.
¿Surgirá después una nueva historia, la tercera, en torno de este personaje? La respuesta de Carlos Galettini deja abierta la posibilidad."Seguramente -dice-, dependerá del éxito que tenga esta película.
Marionetas con rostros bien humanos
Detrás de coloridos vestuarios y de un proceso de maquillaje que requiere más de 60 minutos, Deborah Warren y Gianni Lunadei -casi irreconocibles- asumen entre risas sus liliputienses dimensiones en medio del imponente mobiliario que los rodea, amontonado en la ficción de un depósito de marionetas al que llega Dibu buscando a su hermanita.
Ella es una gitana, que recurre a sus dotes de adivinadora para colaborar con el protagonista en descubrir quién es el dibujo malo. "Es un personaje con mucha fuerza y aunque parezca extraño, con mucha vida", dice de Aitana, la marioneta cuyos renegridos cabellos, luminosos ojos claros y sensual vestimenta la emparentan visualmente con Esmeralda, la estrella del film animado "El jorobado de Notre Dame". Cuando no está rodeada de seres humanos es capaz de convertirse en una bella joven frente a otras marionetas y cartoons, una suerte de truco que la trama aprovechará para resolver ciertas cuestiones en favor del pequeño héroe.
Convertido en un pirata de rojiza barba y ensortijada melena, Lunadei es el otro muñeco que en determinadas circunstancias ("que prefiero sean reveladas en la película", argumenta enigmático) puede alcanzar también la condición de humano. "Mi personaje esta muy bien delineado -comenta el actor-, tiene el romanticismo agresivo y la violencia de los piratas clásicos, que también eran capaces de ser hidalgos, galantes y de enamorarse". En esta historia, la destinataria de sus más nobles sentimientos es Aitana.
Ambos actores coinciden en que serán "los primeros sorprendidos" al descubrirse en la película ya terminada, dado que la experiencia de interactuar con dibujos es para ellos inédita. "Mientras filmamos dialogamos con un punto de referencia, no con un actor y es difícil imaginar cómo quedará finalmente plasmada la escena", comenta Lunadei.




