
Diego Reinhold: el placer de alcanzar los sueños
Después de prepararse como actor, bailarín y cantante protagoniza "Peter Pan. Todos podemos volar" y "Mina, che cosa sei?"
1 minuto de lectura'

Diego Reinhold es el mismísimo Peter Pan de "Peter Pan. Todos podemos volar", que se ve en el teatro Opera, y el coprotagonista de "Mina, che cosa sei?", el espectáculo con Elena Roger que se presenta en el Metropolitan. También es el mismo que está preparando la vuelta de "Cómico", el show de stand up que esta vez contará con la actuación de Peto Menahem, Martín Rocco, Daniel Malnatti y Elena Roger, como invitada. Allí la dupla de "Mina..." piensa hacer un homenaje al Paz Martínez en el mismo escenario de La Plaza. O sea, desde agosto copará tres teatros de la avenida Corrientes.
-¿No será mucho?
-El año pasado tenía tres: "Huesito Caracú", "Jazz, swing, tap" y "Cómico". Y tenía dos espectáculos míos como director, en el Multiteatro, y uno como coreógrafo, en el Lorange.
Decididamente para él no es mucho. Todo lo contrario. Y aunque ahora tenga los brazos llenos de machucones por el arnés que debe usar para hacer volar a su Peter Pan, está como nene con chiche nuevo. Eso sí: los sábados, entre una función y otra, tiene tiempo para irse a su casa a dormir una siestita. "Por suerte ahora me compré un coche; está buenísimo".
-¿Por qué tanto trabajo?
-Porque me gusta la plata... (Se ríe.) No... Me gusta trabajar. El año pasado era alucinante porque tenía un camarín en cada uno de los teatros de Corrientes. Es lo más.
De chico ya se imaginaba así. No importa que se haya recibido de perito en técnicas bancarias e impositivas. No. Lo cierto es que a los 6 o 7 años comenzó a estudiar pintura, que a los 10 inició sus estudios de teatro y que a los 17 debutó con una obra de Hugo Midón. Por eso, si en algún momento decía: "Mamá, ahora quiero estudiar danza", allá iba. Ahora ellos, mamá Elsa y papá Ricardo, "alucinan" con el hijo famoso (o, por lo menos, es lo que dice él). "Y a mí -confiesa el hijo famoso-, eso me emociona".
-¿Qué te comentaron tus padres luego de ver "Peter Pan"?
-Flashearon. Me dijeron que iban a pagar la entrada para verme desde fila nueve porque la vez que me vieron estaban muy atrás.
-¿Y pagaron la entrada para verte desde la fila nueve?
-Obvio.
En escena, Diego Reinhold es esa clase de artista que sabe actuar, cantar y bailar. Completito, con talento y con una energía que contagia. Abajo del escenario es un tipo claro y directo. Hacer notas mucho no le gusta. Tampoco, posar para las fotos. Sin embargo, se presta al juego. "Cuando alguien me reconoce en la calle tampoco me gusta mucho", reconoce su parte tímida.
-¿Y en el barrio cómo se maneja el tema de la popularidad?
-Al principio fue duro pero ahora está todo bien. A veces me decían cosas y me quería matar... Ahora la situación ya se calmó. Con el público también es raro, mucho más haciendo comedia musical, que es un género que tiene fanáticos. Mirá: éstas son cartas que me mandaron. Fijate en ésta: son cuatro carillas con un poema con todo mi currículum rimado. Es un flash.
-¿Le respondiste al que te escribió el poema?
-No. ¡Qué se yo! La otra vez una pareja de Corrientes me vino a ver en "Peter Pan" y a la noche se mandó a ver "Mina...".
No formó parte de las grandes comedias musicales que se estrenaron en los últimos años y, sin embargo, ahora está al frente de dos espectáculos de este tipo. "Lo mío fue por partes. En algún momento me di cuenta de que tenía que trabajar mi parte actoral; ahí fue cuando empecé a entrenarme con Fernando Piernas después de haber estudiado con Hugo Midón, con Ricardo Bartis, con Raúl Serrano y con Agustín Alezzo. Cuando entré en "Jazz, swing, tap" me di cuenta de que tenía que entrenarme como cantante y fue bárbaro. Pero si me das a elegir, me mata la comedia de situaciones", apunta en su camarín del Opera.
Del flash al "milagro"
Cuando se refiere a su realidad de estar encabezando dos espectáculos exitosos de la avenida Corrientes, usa la palabra "milagro" y le salta de la boca una y otra vez el término "flashear".
-¿Cómo sigue esto?
-No sé, pero está buenísimo. Me están ofreciendo un montón de cosas y las que no me ofrecen me las invento.
-¿Sentís que es "el" momento?
-Sí, me lo dijeron todos los astrólogos.
-¿Cómo?
-Sí. Me marcaron que tengo unos tres años fuertes porque tengo a Júpiter solito dando vueltas.
-¿En esto Júpiter encaja bien?
-Hablando en general, Júpiter siempre es bueno. Los astrólogos me dijeron que en estos tres años debía agarrar todo lo que me ofrecieran. En eso estoy.
-Aclarame algo: ¿cuándo comenzó a correr ese plazo?
-Hace unos dos años...
-¡Te queda poco, entonces!
-Me quedará un año y medio, dos. Igual tengo el Astro Word en casa.
-¿Astro qué?
-Astro Word, un programa de astrología que te va diciendo cómo viene la mano. Claro que después está la individualidad de cada uno, la forma de construir lo que uno quiere ser.
-¿Y cómo fue el trabajo de construirte?
-Ni me di cuenta, pero debo admitir que estoy cumpliendo cosas que estaban en mi fantasía.
-Contame una.
-La de hacer un espectáculo bajando una escalera. En realidad, no fue una fantasía mía, sino la de la madre de una amiga mía.
¿Cómo fue eso? Cuando Diego Reinhold tenía 13 años, la madre de una amiga una vez le dijo: "Tuve un sueño muy vívido en el cual bajabas de una escalera en medio un espectáculo gigante". Pasaron los años y la temporada pasada, haciendo "Jazz, swing, tap", Diego bajaba de una escalera en medio de un espectáculo gigante. Una noche, en el contestador de su casa había un mensaje de esa amiga a quien no veía desde hacía años, que le decía: "Diego, mi sueño se cumplió". Llamó inmediatamente, pero ella no estaba. Nunca supo si realmente el sueño de esa mujer era tal cual la realidad. Si la escalera, el vestuario o la música coincidían, quizá poco importaba.
Pero hubo más sueños realizados. Trabajar con Midón o con Roberto Catarineu también fueron metas cumplidas. "Ahí me di cuenta de lo importante que es el deseo; es fundamental. El deseo y la voluntad son los motores de todas las cosas", acota con cierto costado místico.
Hay más sueños, como esa marquesina inmensa de "Peter Pan" con su foto. "El primer día que la vi -cuenta- llamé a mi mamá para decirle que viniera a verla".
-¿Y se vino hasta el teatro?
-Claro, se vino con mi papá y se tomaron un café en frente mirando la marquesina.
-¿Se habrán largado a llorar?
- Me imagino. No sé.
- ¿Vos sí lloraste?
- No, pero flasheaba en colores. No lloré porque estaba muy estresado con el estreno. Pero cada vez que la veo, no lo puedo creer. Dice Diego Reinhold arriba de todo, ¿entendés? Mi nombre no es convocante, pero está ahí. Y me pasan cosas raras; por ejemplo, el otro día los que me cuidan el coche acá enfrente me preguntaron si trabajaba en el Opera. Yo les dije: "Claro, soy Peter Pan. ¿No me ves en el cartel?".
-Ante una respuesta así, ¿no te da temor convertirte en esos actores plagados de vicios vanidosos?
-Es un miedo que tengo, sí. De todos modos, uno tiene el ego exaltado porque para hacer un espectáculo debés sentirte que sos el centro del universo. Lo demás es escenografía, como en "The Truman Show". Después, del otro lado de la vida, se verá cuál era la realidad del juego. Pero acá, en esta obra, soy el protagonista y lo digo con felicidad y con algo medio inocente. Creo que tiene que ver con el orgullo personal y no con una cuestión vanidosa.
-¿Costó mucho todo esto?
-Sí: varias crisis. A los 25 años, por ejemplo, pensé que se venía todo abajo.
-¿Qué se te vino a la cabeza?
-Que iba a terminar trabajando en la fábrica de papá repartiendo mercadería. Pero esa crisis coincidía con la época menemista en la que había algo que decía que tenías que ser lindo, que debías trabajar en la televisión y todo eso. Una vez en la tele, me llegaron a decir que no era lindo, en ese momento sentí que me clavaban un puñal.
Dice que le gusta salir de noche e ir a bailar, pero que con dos espectáculos en cartel sencillamente el cuerpo no le da. "Y eso es un bajón." Pero en la cotidianidad de su trabajo hay un momento de oro. "Cuando salgo de un teatro y me voy al otro, ese momento en el cual camino por la calle es un flash. Es un momento muy mío de mucha felicidad".
Al evocarlo, los ojos se le ponen grandes, como si fuera recordando paso por paso: uno, dos, tres... hasta llegar al Metropolitan. En ese recorrido, Diego Reinhold va concretando su sueño del pibe.




