
Diez años sin el Abuelo de nuestro rock
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"Que el vino capitán cante en los vasos, y el mediodía asome su naranja", recitaba a los gritos por los pasillos el petisito de la habitación del medio, mientras en la Pensión Norte sonaban los ensayos de Moris y Los Beatniks.
El petiso era Miguel Angel Peralta, de 19 años, un morocho solitario y agresivo que se encerraba en su cuarto a tomar vino barato y escribir unos apuntes que él llamaba pretenciosamente "Historia universal de la realidad". Una especie de poeta maldito local, cruza de Rimbaud y de Roberto Arlt, lector de Lautreamont y conocedor de los barrios bajos de Buenos Aires.
Pero, en el fondo, Miguel era músico de alma, aunque no supiera tocar ni un acorde en la guitarra. Cuando cantaba a capella las bagualas y vidalas que había aprendido de su hermana Norma, hasta los experimentados instrumentistas de jazz que acompañaban a Moris en los ensayos quedaban hipnotizados por el poder de su voz y su afinación perfecta.
Entre La Cueva y La Perla
Miguel se sumó a los músicos, pasando a formar parte del clan que se reunía todas las noches en La Cueva, de la avenida Pueyrredón, a pesar de no venir del rock ni del jazz. Se integró a la ahora legendaria caminata nocturna desde La Cueva -entre Peña y French- hasta La Perla del Once, en la esquina de Rivadavia.
Allí se formó para siempre el poeta inspirado, el juglar que era capaz de reunir sensualidad y misticismo en una misma canción. De allí en adelante, siempre trabajó en equipo con otros talentos, fueran Claudio Gabis y Pappo (1968), Miguel Cantilo y Jorge Pinchevsky (1976), Cachorro López y Andrés Calamaro (1983) o figuras menos conocidas pero igualmente inspiradas por su imparable originalidad. En medio del éxito abrumador de Los Abuelos de la Nada, en 1985 o en las horas difíciles en que estaba sin trabajo en Europa, Miguel siempre fue El Poeta, el creativo que proponía "ir a más": "En este mundo la vida viene de regalo -decía-. La maravilla del mundo, las plantas y los animales que conviven con nosotros y nos sirven de alimento, crecen de regalo. Si te toca perder, no es tan grave. Y si te toca ganar, bien para ti y para tu especie".
Miguel siempre descubrió nuevos talentos, dio libertad creativa e inspiración a músicos que después tendrían una carrera propia: Claudio Gabis, Pappo, Carlos Cutaia, Calamaro, Daniel Melingo. Siempre imaginó a los Abuelos como una fuente de nueva música para todos, no un producto de su propiedad. "Los Abuelos es un grupo madre, siempre lo fue. Por allí pasaron tantos grandes, y van a seguir pasando", dijo en 1984.
La alegría de la música
A fines de la dictadura, cuando la pesada bota militar todavía presionaba el corazón de los argentinos, en plena amargura de Malvinas, Miguel invitó a despertar, bailar, recuperar la alegría y la sensualidad. "Cuando me fui a Europa, el país tenía luces, estaba vivo. Aquí pasaba todo. Ahora está apagado, asustado. Pero los hijos de esta gente ya despiertan y quieren volver al goce, a esta vida de sensualidad y afecto, de respeto por el mundo. Las armas jamás nos devolverán la alegría. La música, sí." Ese fue el ejemplo de Miguel, ese espíritu de permanente vitalidad e inquietud. Nunca tuvo la constancia suficiente para darle a su enorme talento un formato comercial. Nunca mantuvo lo que se conoce como "la carrera de músico", con actuaciones, discos y reportajes a un ritmo fijado por el show business. Su carácter vagabundo lo llevaba a cambiar de barco en el medio del río, y eso se refleja en su obra dispersa pero totalmente original. Lo había dicho en "Oye niño", su primera canción como solista, en 1968, y lo mantuvo hasta el fin: "Todo lo que ata es asesino, todo lo que ata no es la paz. Ya abandona tu armadura, ser el aire no es pensar".
Diez años sin Abuelo, mil horas de recuerdos
Pipo Lernoud, legendario periodista de rock, fundador de la revista Expreso Imaginario, que marcó toda una época, desgrana a continuación la historia musical de Miguel Abuelo, de quien, además, fue su amigo:
- La Cueva, 1966-1967: Miguel Abuelo conoce a Pipo Lernoud, Moris Birabent y Pajarito Zaguri en la Pensión Norte, donde ensayaban los Beatniks y Miguel vivía cantando bagualas y escribiendo poemas. Se une a la gente de La Cueva, en las largas divagatas nocturnas que dieron origen al rock nacional, con Litto Nebbia (Los Gatos) y Javier Martínez (Manal), Moris, Pajarito, Pipo, Tanguito y otros intercambiando poemas e ideas musicales.
- Los Abuelos de la Nada, 1968: forma, con Pipo como letrista, Los Abuelos de La Nada, nombre surgido de una frase del libro "El Banquete de Severo Arcángelo", de Leopoldo Marechal. Entre los melenudos de plaza Francia reclutan a los músicos: Pomo Lorenzo en batería, Alberto Lara en bajo, Miky Lara en guitarra rítmica y Mayoneso en teclados. Para grabar su primer simple, ante la falta de guitarra líder, participa como músico "prestado" el adolescente Claudio Gabis, futuro integrante de Manal. Los Abuelos editan un simple musicalmente revolucionario, con los temas "Diana Divaga" y "Tema en flu sobre el planeta".
Cuando lo escuchan en la radio, descubren que "Diana Divaga", que duraba cinco minutos, había sido cortado a dos y medio por la empresa discográfica, por ser "muy largo para difusión". Miguel comprende que sus intenciones de volar libremente con la música tienen un techo. Aparecen algunos desacuerdos entre él y el nuevo guitarrista, Pappo Napolitano, que quería tocar blues. Después de grabar una canción más ("Pipo la serpiente") y las bases de otra ("Lloverá"), Miguel abandona el grupo. "Quédense con el nombre, yo sigo como solista con Abuelo como apellido", les dice. Los demás, con Pappo en su debut como cantante y compositor, graban un tema, "En la estación", y se separan.
- Solista, 1969-1970: Miguel es invitado por Pedro Pujó y Jorge Alvarez a integrar el staff de la naciente Mandioca, primera grabadora independiente de la Argentina. En noviembre de 1968 sale la primera horneada de simples, con el debut del trío Manal y del ahora solista Miguel Abuelo con "Oye niño" y "¿Nunca te miró una vaca de frente?" Miguel no mantiene un ritmo sostenido de grabaciones y presentaciones. Se dedica a viajar por la Argentina y Brasil, cantando donde lo invitan, sin un repertorio demasiado organizado. Con el tecladista Carlos Cutaia, (que después integraría Pescado Rabioso) y Pomo en la batería forma El Huevo, un trío experimental que no llegó a grabar.
- Europa, 1971-1980: decepcionado por las dificultades para vivir en libertad -plena dictadura de Onganía- y hacer la música que tiene en mente, huye a Europa, como gran parte de su generación. Ibiza, Barcelona, París, Londres, Amsterdam y otras ciudades lo ven aparecer en pequeños escenarios cantando y explotando su veta teatral.
Moshe Naim, un productor francés que había trabajado con Salvador Dalí y ahora se dedica a la producción discográfica, lo invita a formar un grupo y grabar. Se une a Daniel Sbarra (actualmente en Virus) en guitarra, Carlos Beiris en violoncello y bajo, y Diego Rodríguez en batería para dar forma a un album "Miguel Abuelo et Nada"(1974) y hacer unas giras por Francia. El disco, una extraña mezcla de rock pesado, música electrónica, melodías andinas y canciones, tiene dos temas que Miguel traía de Buenos Aires: "El muelle" y una nueva versión de "Pipo la serpiente". El disco nunca tuvo excelente difusión en Francia, pero nunca se editó en la Argentina.
- Los Abuelos de la Nada II, 1981-1985: Miguel regresa a Buenos Aires con la clara intención de formar una banda con un espíritu nuevo. "Queremos ser bailables, contagiosos. Hacer pensar sin dar tiempo a pensar. Este país ha sido pisoteado, negado, marginado. Los jóvenes heredan la sensación permanente de ser culpables de algo. Pero yo estoy vivo y dispuesto a vivir. Por esa energía de vida es que abrimos un campo musical de alegría", explicaba. El grupo se formó con el joven tecladista Andrés Calamaro, Cachorro López en bajo, Gustavo Bazterrica en guitarra, Daniel Melingo en vientos y Polo Corbella en batería.
"Los Abuelos de la Nada" se llamó el primer álbum, editado en 1982, que incluía poderosos hits como "No te enamores nunca de aquel marinero bengalí", y "Sin gamulán". Gracias al magnetismo de esos temas y la innegable potencia de la banda en vivo, los Abuelos superaron todas las resistencias y los prejuicios y se convirtieron en una banda masiva.
Antes del segundo disco, "Vasos y besos"(1983), Melingo se fue del grupo para formar Los Twist con Pipo Cippollatti y Fabiana Cantilo. En su reemplazo entró el saxofoniosta Alfredo Desiata. Ese álbum confirmó el éxito de los Abuelos y lanzó definitivamente a la fama a Andrés Calamaro con "Mil horas". Ese éxito, que los puso durante dos años en el pico de la popularidad, sería confirmado por el tercer disco: "Himno de mi corazón".
"El grupo es más que la suma de sus integrantes", decía Miguel, y la trayectoria lo confirma. Los temas rockeros de Bazterrica, las melodías pop de Calamaro, la dinámica funk de Cachorro y la voz inusual de Miguel se enriquecían con el vuelo poético de las letras del Abuelo, formando una combinación imbatible.
Pero todo lo que sube tiene que bajar, vieja ley del show business. Calamaro y Miguel sacaron sus discos solistas, en el grupo se produjeron roces y desacuerdos, y los Abuelos se despidieron, en la cumbre de la fama, con un excelente disco en vivo, "Los Abuelos en el Opera" (1985)
- Solista II, 1985: reuniendo algunas cintas que traía de Europa, y grabando nuevos temas con amigos como Fito Páez, Horacio Fontova, y Kubero Díaz, Miguel edita el primer álbum solista de su carrera: "Buen día, día" (1985), que retrata fielmente la diversidad de estilos que es capaz de recorrer el compositor y cantante. Esa versatilidad musical atenta una vez más contra la difusión del disco y la comprensión por parte del público masivo. Opacado por el éxito de los Abuelos, "Buen día, día" pasa inadvertido, a pesar del sorprendente nivel poético de algunas de las canciones.
- Los Abuelos de la Nada III, 1986-1988: en paralelo con su retomada carrera solista, Miguel reúne una nueva formación de Los Abuelos de la Nada, con Kubero Díaz en guitarra, Polo Corbella en batería, Alfredo Desiata en saxo, su sobrino "Chocolate" Fogo en bajo, y Juan del Barrio en teclados. Editan un disco que retoma la excitante y prolija tradición de rock latino de los Abuelos. "Cosas mías" (1986), contiene algunas joyas inolvidables como "Padre soltero" y "Cosas mías", y genera un interés suficiente como para encarar una gira nacional durante 1987.
A comienzos de 1988, Miguel comienza a sufrir los primeros síntomas de una enfermedad poco conocida hasta el momento, SIDA. Muere el 26 de marzo. Poco antes había declarado: "Me apasiona el hecho de encontrar la muerte, de ir pensando qué pasa después. Es como una amiga, una compañera. Es tan perfecta ella, ¡nos lleva a todos al mismo silencio!"






