
Dos voces refinadas
Recital de las cantantes y compositoras Liliana Vitale y Verónica Condomí. Ciclo de presentaciones en Notorious (Callao 966). Próxima función: hoy a las 22. Nuestra opinión: muy bueno.
1 minuto de lectura'

Liliana Vitale y Verónica Condomí apuran los últimos sorbos de té y suben al escenario. El sonidista abre los micrófonos para que las cantantes terminen de poner a punto sus voces con un ejercicio de improvisación que servirá también para marcar el rumbo de este espectáculo.
Dos voces a capella que se conjugan para deleitar tanto a los entendidos como a los no iniciados en técnicas musicales. La voz de Condomí es fresca y agradable; la de Vitale busca constantemente nuevos perfiles tímbricos. Juntas pasean por un amplio registro, tejen contrapuntos, intercambian con sorprendente facilidad sus roles de primera y segunda voz, entregan dulzura en sistema tonal y se enfrentan en la disonancia (en un intervalo de segunda menor, por ejemplo) con exquisita elegancia. También dejan en suspenso, y con gran inteligencia, una infinidad de notas ausentes que el público se encarga de imaginar.
Así nacen temas como "Lavanda y jazmín" o "Para cantar en los brazos", una verdadera canción de cuna. Buena parte del repertorio que traen en dúo tiene casi veinte años. Son temas registrados en los discos "Camasunqui" y "Danzas de Adelina". Lo curioso es que todo suena con la vitalidad de un estreno.
Pronto llegan las partes solistas donde cada una elige un material de su carrera individual. Estos bloques se apartan de la propuesta de dúo. Quizá porque algunas veces la elección de los temas responde más a ciertos antojos personales que a la dirección inicial del concierto.
Condomí entrega un puñado de coplas, una zamba con toques de bossa, un viejo tema de Juan Formel. Vitale intercala piezas propias ("Zambita de amor", por ejemplo) con temas de otros autores, como "Arde la vida", del folklorista Peteco Carabajal.
En la segunda parte, la vuelta en dúo cautiva una vez más al público y abre un abanico de estilos que terminan de completar esta refinada propuesta. El matiz guatemalteco de "Ukaquimataro", el tono afrocubano de "Epabilate", el litoraleño "Pombero Poka", o "Camasunqui", en quichua, adquieren su belleza en ese desafío vocal que asumen las intérpretes.
Para la despedida vuelven sobre sus pasos por el mismo camino que utilizaron para subir al escenario: la improvisación. Un grito desencajado de Condomí basta para que su compañera tome esas ráfaga de sonido y ubique una nota que las lleve hacía un canto sobre un loop continuo donde también hay espacio y tiempo para alternar, con giros sutiles, casi imperceptibles, la expresión primaria de la baguala o el ímpetu del flamenco.
Y otra vez los sorbos de té y las dos gargantas que se abren. Lo mejor del show crece, sin duda, desde ese par de tres. Parece suficiente para crear una singular y exquisita fusión que no llega a ser perfecta por muy poco. Porque es humana.






