
Björk
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Un paseo turístico por los confines exóticos del Japón
Hace casi diez años, Björk invoco tormentas wagnerianas en la épica "Jóga", la cima del pop orquestal posterior a Spector que dio a la islandesa su aura de diva contemporánea. Luego, se rodeó de inteligentes estrategas, como la arpista Zeena Parkins o el dúo de electrónica Matmos; pero recién en Medúlla (2004) encontró la veta vanguardista, al superar su distintivo "canto hasta donde me llegue la voz" con un álbum de polifonías vocales. Drawing Restraint 9, banda sonora del film homónimo dirigido por su marido, el artista Matthew Barney, muestra a Björk totalmente arty (tanto es así, que el film sólo podrá verse en una gira internacional por museos). Con el marco de una historia fantástica anclada en Japón, Drawing Restraint 9 es un disco instrumental que devuelve arquetipos del folclore nipón como el teatro noh en "Holographic Entrypoint" e interpretaciones aisladas de sho, un pequeño órgano de cañas de bambú que se sopla con la boca, central en la música imperial gagaku (cuyos orígenes se remontan al siglo viii, y es la forma armónica más antigua). El álbum tiene momentos refinados, en especial el dúo de arpa y campanas sintetizadas –otro bello leitmotiv– en "Gratitude", los despliegues de sintetizador en "Ambergris March" o Björk haciendo su número Medúlla en "Storm" y "Pearl". Es abstracto, por momentos cautivante, pero en el fondo no hay demasiada distancia respecto de ese Japón exótico filtrado por los ojos de Sofia Coppola. Comparado con la presencia ascética del gagaku, con sus espectrales melodías de flautas y oboes armonizadas por shos, el trabajo de Björk resulta anémico: una buena introducción a Oriente; un disco para recorrer por pistas. O quizás un excelente soundtrack, para lo cual habrá que esperar a su estreno, seguramente en el MALBA.




