
Duchamp, el ajedrez y Buenos Aires
Recuerdos porteños del artista francés
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Hasta fines del mes próximo se expondrá, en las salas de la Colección Gilbert de Londres, un juego de ajedrez que Marcel Duchamp, fundamental nombre del surrealismo y del arte moderno, diseñó en Buenos Aires.
En efecto, esa pieza modelada -y expuesta, junto con otra suya, como parte de una muestra que involucra a 19 artistas famosos del último siglo, de Fabergé a Yoko Ono-, fue realizado por el artista francés en Buenos Aires durante su estada de nueve meses, entre fines de 1918 y el invierno de 1919.
En una faceta no tan conocida de su vida, Duchamp, de cuyo fallecimiento se han cumplido 35 añosel jueves último, residió en la calle Alsina al 1700 y tenía su taller en Sarmiento y Paraná, hoy la plaza seca del Centro Cultural General San Martín.
El conjunto ideado en la Argentina contiene, además del tablero y de las piezas de madera ricamente trabajadas, una mesa plegable de viaje y dos relojes, para nunca tomarse vacaciones del juego.
Pinceles por trebejos
La obsesión del artista por el juego lo llevó a asociarse a un club de ajedrez y, en la práctica, a abandonar los pinceles. "Juego ajedrez todo el tiempo -escribió en una carta por esos días-. Me he inscripto en un club local en el que hay muy buenos jugadores agrupados de acuerdo a su rango. Todavía no he sido honrado con un grado. (...) Juego día y noche y nada en el mundo me interesa más que encontrar la jugada correcta... Cada vez estoy menos interesado en la pintura. Todo a mi alrededor adopta la forma del rey o la reina y el mundo exterior sólo me interesa en cuanto se traduce en posiciones de ganancia o pérdida."
El tema de los trebejos y los escaques no fue para Duchamp un capricho pasajero. Entre fines de la década del 20 y mediados de la del 30, Duchamp ganó algunos torneos internacionales e incluso llegó a representar a su país en varios juegos olímpicos. También colaboró en un libro, del que sólo se editaron un millar de ejemplares, sobre finales de partidas.
"Cuando juegas una partida es como si diseñaras algo o construyeras un mecanismo a través del cual ganas o pierdes. El aspecto competitivo no tiene importancia. El juego en sí mismo es muy, muy plástico. Eso es probablemente lo que tanto me atrajo hacia él", supo definir. También sintetizó así su idea del juego: "Por el contacto que he tenido con artistas y jugadores de ajedrez, he llegado a la conclusión de que mientras no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son efectivamente artistas."
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