
Edda Díaz, solita y sola
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"La reina del hogar". Espectáculo unipersonal basado en dos monólogos: "Informe de Paula Gómez", de Néstor Sabattini, y "La Nancy", de Beatriz Mosquera. Escenografía y vestuario: Rolando Fabián. Música: Sergio Vainikoff. Dirección general: Julio Ordano. Andamio 90.
Nuestra opinión: Regular
Que Edda Díaz es de las actrices que más ha frecuentado el unipersonal no es una novedad. Que conoce a la perfección los vericuetos del humor, sus tiempos, sus silencios, sus inflexiones, tampoco.
Por eso, no extraña ni llama la atención verla sola su alma sobre el escenario, dispuesta a enfrentarse con el público, que espera ansiosamente que lo hagan reír.
En "La reina del hogar", un espectáculo que ha sido estructurado sobre dos monólogos -"Informe de Paula", de Néstor Sabattini, y "La Nancy", de Beatriz Mosquera-, la actriz encarna a dos mujeres de distinta extracción social, pero con problemáticas, en algún lugar, similares. La similitud, en realidad, está dada más por su condición de argentinas -los conflictos que las desviven son propios de este país- y por los sinsabores que este fin de milenio, con su desocupación, su desmembramiento de la familia y su violencia, trae aparejados.
Paula Gómez (42 años, divorciada) se dedica a brindar frente a los espectadores, mientras narra, entre copa y copa de champagne, la situación en que se encuentra en esa noche, a la que llega por decisión con un brindis, para no optar por una resolución trágica. Los textos de Sabattini, que tienen un desarrollo lógico y que saben matizar un humor ácido con algunos toques de dramatismo, permiten que esta avezada actriz se luzca en el escenario y arranque la empatía de la gente, como cuando brinda por los amantes "que hacen más feliz la vida en matrimonio".
No ocurre lo mismo con el monólogo de Beatriz Mosquera, "La Nancy", que tiene errores gruesos en el desarrollo de la situación.
La Nancy -se supone- es una mujer sencilla, de clase media baja y condición obrera. Sin embargo, se la escuchará decir, por ejemplo, "indefectiblemente", un adverbio que en sus labios suena extranjero. Pero, además, y aun a pesar de que las humoradas no están ausentes, cuando se sumerge en el mundo asfixiante de la escasez económica, cae en el clisé típico del teleteatro (los pobres son estereotipos de cartón pintado).
En esto colabora sensiblemente el trabajo de Julio Ordano, en su utilización del espacio escénico y en su dirección de la actriz, y no poco la escenografía de Rolando Fabián, puesto que ambos recurren al mismo lugar común.
En ese contexto, a Edda Díaz se la ve más desprotegida todavía de lo que ya, de por sí, significa estar solo en escena. A pesar de todo, la actriz consigue momentos interesantes y divertidos, a los que el público responde con sus risas. Porque claro, son años.




