
El actor, el padre y el amigo, recordado por sus íntimos
Amigos, compañeros de trabajo y uno de sus hijos rememoraron el genio del actor; contaron anécdotas y describieron cómo era el artista en su vida cotidiana
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Con las voces entrecortadas y las miradas fijas en el pasado parecieron instalarse en los momentos que vivieron junto a “El Negro”, como lo llaman. Evocaron los momentos que compartieron juntos, los diálogos y los recuerdos.
Francisco “Pancho” Guerrero fue director de televisión y amigo del actor. Lo conoció en el verano de 1954 en el teatro La Comedia de la ciudad de Rosario. Olmedo trabajaba como acomodador y estaba ubicado estratégicamente en un lugar de la sala para iniciar los aplausos. Esa era su función.
Un día, caminando por una calle de Rosario, le sugirió que viaje a Buenos Aires. “Le dije, venite a casa, te quedás viviendo un tiempo hasta que te ubique en la televisión”. Guerrero hacía cuatro años que trabajaba en el medio y pensaba que podría conseguirle un trabajo en Canal 7.
En agosto de 1954 Olmedo llegó a la capital. “Se había puesto un diario debajo del traje para taparse el pecho. Hacía mucho frío”, recordó Guerrero. Al poco tiempo le consiguió trabajo como switcher (decidía la cámara que salía al aire) en el canal. “Cuando vio tantos equipos se asustó, pero entre mi hermano y otros le enseñaron”.
El director de televisión contó un momento crucial en la vida del artista. Fue durante una cena que ofrecieron las autoridades del canal. Había una situación tensa y pensaban que la comida terminaría a las trompadas. “Cuando se subió a la mesa rompió el clima de pelea e hizo reír a todos con sus improvisaciones y con sus cosas”.
La habilidad de El Negro no pasó inadvertida. El interventor del canal le pidió a Guerrero que incluya a Olmedo en su nuevo programa. Así empezó en televisión. “Todos trabajaban para ayudarlo porque eran compañeros”, comentó el director.
Guerrero puede hablar horas del cómico. Puede evocarlo en cientos de situaciones. “Me quedó el recuerdo de un excelente amigo, una persona que jamás hablaba mal de nadie”.
“El Negro es el único que nos ayuda”
Juan Carlos Casas trabajó 20 años con el actor. Contó cuando el artista volvió de firmar un contrato y se olvidó de hablar de él para que lo consideren en el acuerdo. Olmedo volvió triste y su empleado no entendía qué le había pasado. “Estaba más preocupado por sus compañeros y los que tenía alrededor que por otra cosa”, rememoró el secretario privado.
Recordó que el actor iba a su casa a comer porque su esposa era una excelente cocinera. Afirmó también que su jefe era una persona feliz. Y dijo sentir que Olmedo estaba siempre a su lado. “No me consideraba su secretario, me consideraba un amigo”.
Casas es un hombre mayor que suele juntarse con otros amigos del desaparecido artista. Recibe ciertos beneficios económicos por los derechos sobre algunos contenidos de los programas televisivos. “Siempre decimos que El Negro es el único que nos ayuda”, confesó.
Una excelente persona
César Bertand sabe bien quién es Olmedo. Trabajó en cine, teatro y televisión con él. “La vida nuestra fue una sucesión de momentos juntos”, recordó.
Rememoró a su amigo como un hombre serio y callado, pero no muy distinto a la persona que se veía en televisión.
Aunque la muerte de Olmedo fue un duro golpe, Bertrand sostuvo que pudo superar su pesar y recordarlo. “Hablar de Olmedo siempre es un placer, no me causa ninguna tristeza. Hemos superado esa época y lo recordamos como lo que realmente era, una excelente persona”.
“El mejor padre que pudo”
La nostalgia se lee en su voz. Se siente en sus palabras, se percibe en el aire. Marcelo, el segundo hijo de Alberto Olmedo, recibe la llamada telefónica atento. Escucha que el diario pensó en evocar al fallecido actor. Pocos días quedan para que el cinco de marzo vuelva a recordar que se apagaron las luces, se fue el artista y se marcharon los personajes.
¿Cómo era Alberto Olmedo como padre? “No era de darnos consejos, dejaba que cada uno lleve su vida como mejor le parecía”, dice. Y afirma que su padre no era de “andar opinando o metiéndose en la vida de los demás”.
Cuenta que desde que el nació, en 1962, Olmedo era famoso. Y recuerda que cuando fue mayor la relación con su padre fue “muy fluida”. Todos los hermanos se juntaban a cenar una vez por semana con El Negro.
Se le entrecorta la voz cuando vuelve la vista atrás y piensa en el último recuerdo. Estaba junto a su padre en una confitería, tomaban un café, como tantas veces.
Una pregunta lo invita a definir a Olmedo: “Mi padre era un gran tipo, el mejor padre que pudo, y un gran actor”.






