
El adiós a Fred Zinnemann
Fallecimiento: A los 89 años dejó de existir el realizador de "A la hora señalada" y "De aquí a la eternidad".
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LONDRES (Reuter).- El cineasta norteamericano de origen austríaco Fred Zinnemann, director de "A la hora señalada", "De aquí a la eternidad" y otros recordados títulos, murió en su residencia londinense de un ataque cardíaco. Su familia se disponía a celebrar el 29 de este mes los 90 años del realizador, que había ganado dos premios Oscar por sus films "De aquí a la eternidad" y "Un hombre de dos reinos". Además, Zinnemann había dirigido "El día del chacal", que logró un enorme éxito comercial, y "Julia", producción que estuvo a punto de lograr un premio de la Academia de Hollywood.
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Bastaría citar tres films totalmente distintos en la brillante carrera de Fred Zinnemann para advertir su ecelcticismo.
Ni "La búsqueda" (1948); ni "A la hora señalada" (1953), ni "Oklahoma" (1957) pueden ser exhibidas como demostración cabal de estilo o inquietud alguna -fuera de sus virtudes formales-; carecen de preocupaciones similares por determinado aspecto cinematográfico y vital y abrieron, como resultado, un amplio panorama a las posibilidades de este realizador difícilmente encasillable en algún método fílmico y carente, en apariencia, de toda personalidad.
Zinnemann nació en Viena en 1907. Sus inquietudes lo condujeron primero hacia la carrera de abogado y, luego, a las ciencias exactas. Espíritu aventurero y, sobre todo, no muy predispuesto a ajustarse a la rigidez de las disciplinas científicas, se volcó hacia la música. Muchas horas pasó frente al atril tratando de que el violín se transformara en un elemento capaz de traducir la belleza de la música.
No se supo si lo logró, aunque todo hace suponer que el arte de los sonidos no perdió un intérprete de excepción.
Lo ganó, en su lugar, el cine. Algunos historiadores del séptimo arte se atreven a afirmar que Zinnemann fue extra en un film inolvidable: "Sin novedad en el frente", que Lewis Milestone realizó en 1929 sobre la novela homónima de Eric M. Remarque. Lo que sí está comprobado es que fue uno de los responsables del guión y títulos de "Hombres en domingo", película alemana hecha en 1930 y que significó una etapa dentro del realismo de ese país.
Camino al éxito
Sin embargo, Zinnemann recién habría de sobresalir alrededor de 1936, cuando dirigió en México una película que en su época logró concitar la atención de los entendidos, aunque tuvo escasa repercusión en el gran público: "Redes".
Del país azteca el director pasó a los Estados Unidos, donde hizo algunos trabajos sin mayor trascendencia.
Debieron pasar cinco años para que su nombre comenzara a figurar entre los cineastas más completos de su generación: en 1941 fue responsable de su primer largometraje, y en 1944 rodó "La séptima cruz".
Su carrera posterior, fue, sin embargo, desconcertante. Al menos para quienes esperaban de él una labor coherente y a la altura de su prestigio.
Alternativamente, su filmografía alcanzó niveles destacados. Cuando ello ocurrió, quedaron otra vez en evidencia sus caracteres más auténticos y, precisamente por ello, perdurables: una notable, y prolija hasta el exceso, artesanía puesta al servicio de los más diversos y encontrados temas; una madura habilidad para exponer lúcidamente los conflictos humanos sin perderse en la intrincada urdiembre que suele rodearlos; una acertada captación de los seres y las cosas; una utilización inteligente del lenguaje fílmico.
De esta parte de su filmografía quedan, sin duda, "A la hora señalada" y "De aquí a la eternidad". Por ésta película y luego por "Un hombre de dos reinos" obtuvo el Oscar de Hollywood.
Su producción posterior jamás alcanzó este nivel. Comenzó a diversificarse, con mayor o menor suerte. Pasó por lo musical en "Oklahoma" y se detuvo en dramas humanos como "El viejo y el mar" e "Historia de una monja" , y luego logró uno de sus más grandes éxitos comerciales con "El día del chacal" y volvió a acercarse al Oscar, ya que estuvo nominado por su trabajo en "Julia", con Vanessa Redgrave y Jane Fonda.
Luego de rodar "Cinco días de un verano", con Sean Connery, Zinnemann decidió alejarse del cine. Durante sus cuarenta años de carrera, había dirigido veinte películas y trabajado con las mejores estrellas de esas décadas. Su obra quedó como un muestrario de vitalidad, de hondura y de acción. Y, claro, también como algunos ejemplos de cine poco vigoroso. Pero, como él lo decía, "más allá del éxito o del fracaso, uno tiene que tratar de decir las verdades que ve a su alrededor".




