
El alter ego español de "CQC"
El Gran Wyoming: charla exclusiva con José Miguel Monzón, que conduce la versión ibérica del programa de Mario Pergolini.
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MADRID.-En España, "Caiga quien caiga" también se dice "CQC".Pero en los televisores de la madre patria no es Mario Pergolini el que lidera el programa. Allí, con el mismo estilo y siguiendo las pautas del ciclo que se ve por América, es El Gran Wyoming el que cada domingo se mete con los políticos españoles. Y hasta con el Rey Juan Carlos que, en la navidad pasada, rompió el riguroso protocolo para ponerse los anteojos negros típicos de la troupe del programa.
Por estas fechas, el "CQC" español cumple un año al aire en la cadena Tele 5 de Madrid. Y desde que comenzaron a emitir el ciclo -cuya idea y formato fueron comprados a Cuatro Cabezas, la productora de Pergolini y Diego Guebel-, los medios de aquellas tierras le han dedicado un gran espacio al programa que "revolucionó el humor de la política española", según dicen los titulares. Y sobre todo a su conductor que, ciclo mediante, se ha convertido en una de las figuras más populares de la TV.
De la medicina al humor
José Miguel Monzón, cara y voz del programa español, tiene mucho que ver con El Gran Wyoming. Tanto que el personaje que se inventó "para vencer la timidez" ha terminado por convertirse en su carta de presentación. Y hoy este médico y músico de 43 años, que abandonó no sólo su guardapolvo celeste sino también el nombre que se lee en su documento de identidad, también se dedica a escribir libros para niños y adultos.
"El Gran Wyoming es un personaje complementario a mí mismo. Como era muy tímido, fabriqué un personaje que se animaba a hacer todo lo que yo no podía hacer, con lo cual me permití vivir dos vidas a la vez, con conciencia de los dos", dice en su papel de Monzón.
O de Gran Wyoming, quién sabe.Lo cierto es que, durante una tarde de intenso trabajo, el hombre de los anteojos oscuros recibió a La Nación en sus oficinas de Tele 5.
-En España no había tradición de satirizar a los políticos. Al principio nos echaban de las entrevistas y nos frenaban con guardaespaldas.
-¿Hoy cambió esa relación?
-Radicalmente. Tuvieron que cambiar porque quedaban muy antipáticos. Imagina: gastan fortunas para mejorar su imagen y la arruinaban con esos empujones que nos daban. El programa fue muy comentado, los políticos empezaron a verse en la TV y evidentemente se preocuparon. Pero hubo un hecho determinante: el Rey, en un reportaje que hicimos en las navidades, nos saludó y se puso nuestras gafas negras. A partir de ese día los políticos empezaron a buscarnos. El Rey nos legitimó, nos dio el visto bueno. Eso indica el nivel de servilismo de nuestros políticos. Ahora, de algún modo, somos utilizados por ellos: quieren mostrarse simpáticos ante cámaras. Por eso, el desafío es hacer un trabajo cada vez más periodístico y menos espectacular.
-¿Cuál es la línea editorial?
-Es muy sencillo: hay que ser decente. Y los partidos políticos dan tantos motivos y tanto juego...
-Sos médico, cantante, escritor y ahora conductor. ¿Con qué te quedás?
-Con el dinero que produce todo eso. En realidad, es el mismo trabajo con distintos soportes. Mientras era médico, cantaba en bares. Y el estar tanto tiempo en un lugar fijo sirve como escaparate del cual salen trabajos alternativos. Y yo iba aceptando todo lo que me ofrecían porque la verdad es que no sabía dónde iba a estar mi futuro. De hecho, abandoné la medicina porque cuando terminé la carrera había 30 mil médicos en paro. Yo elegí el camino más fácil.
-Es decir: ¿ ser artista?
-Yo vivo de serlo. Como decía un autor argentino, el artista es un producto de la generosidad de la gente. En ese sentido, soy un artista. Hace veinte años vivo de esto. Ser un suceso hace que te den trabajos que a otra gente no le dan. Me llaman para un montón de eventos porque soy el Gran Wyoming. Eso significa que, de algún modo, yo abuso de la confianza de la gente. Y yo, como todas las personas que hacemos TV, quiero ganarme el afecto de la gente; así que tengo que hacer las cosas con compromiso y responsabilidad.






