El amor en un recuerdo cotidiano
Non ti scordar di me (No te olvides de mi) / Dramaturgia y dirección escénica: Bea Odoriz / Asistencia de dirección: Paula Pérez Chigla / Iluminación: Fabricio Ballarati / Intérpretes: Graciela Oddone (soprano), Pablo Pollitzer (tenor), Carlos Koffman (piano) / Domingo 4, Salón de Honor, Centro Cultural Kirchner / Nuestra opinión: buena
Non ti scordar di me (No te olvides de mí) es una pequeña historia, casi una memoria, de amor y abandono narrada a través de un hilo tejido por canciones populares italianas en la voz de Pablo Pollitzer y Graciela Oddone. Es sugerente el hecho de que nunca conocemos el nombre de los enamorados, lo que acentúa el carácter común y cotidiano de este amor anónimo situado en Roma a mediados del siglo XX.
En esta obra el espacio toma un protagonismo esencial, en lo que parece una pieza realizada específicamente para el Salón de Honor del Centro Cultural Kirchner, que le concede a cada espacio escénico su puerta, su luz, su ventana. Sumado a esta condición, un sencillo mobiliario crea los ambientes (una oficina y los livings de las viviendas de uno y otro enamorado), en los que los personajes algunas veces se mezclan con el público, otras lo rodean y otras se distancian. Una flor roja (que va, viene, se rompe, cae y finalmente es guardada en un arcón) funciona eficazmente como signo de un amor efímero que está destinado a convertirse en un recuerdo repleto de detalles diarios.
En el desafío que representa establecer una relación con el público en la intimidad de la lírica de cámara, Pollitzer triunfó particularmente. Con un gran entendimiento del espacio supo desplegar su capacidad vocal y actoral ya desde el inicio de su conquista, con una vigorosa interpretación de Parlame di amore Mariu. Graciela Oddone lo acompañó con solidez, logrando momentos interesantes como el dúo a capella sobre la canción Era de maggio.
Carlos Koffman en el piano comprendió los tiempos dramáticos de una trama que, aunque sencilla para su extensión temporal, exigía las pausas, rallentandi y calderones justos.
Dos voces, un piano y una simple trama en el centro de la escena ganaron el aplauso tras cada canción. La particular efusividad del elogio, precedido por el canturreo de muchos espectadores, confirmó que el gozo no sólo lo produjo el desempeño de los artistas, sino también el particular reconocimiento de las piezas encarnadas en el gusto y la tradición popular italiana.
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