El arriero no se va
Pocas semanas antes de que se cumplan cinco años de su muerte, Yupanqui vuelve a aparecer con todo su esplendor en discos, homenajes y concursos que recuerdan al legendario poeta
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Atahualpa Yupanqui solía decir: "el éxito hasta se puede mendigar pero la gloria solo se conquista". La cita de Goethe parece volver a resonar en un año en el que discos, homenajes, certámenes en torno a su figura recordarán el quinto aniversario de su muerte (falleció en Francia, la madrugada del sábado 23 de mayo de 1992), y avecinan un redescubir de sus creaciones, y de todo lo que significa para la cultura argentina.
"De un año a esta parte su figura se ha vuelto a instalar, por el peso propio de su obra y su representatividad. Pero durante un largo tiempo le pasó lo mismo que a Piazzolla. Ambos fueron artistas con una rebeldía que entra en contradicción con las modas. Es necesario que se discuta su trabajo y además se tome como punto de partida para otros debates", opina Jairo, quien el año pasado realizó un importante espectáculo en homenaje al músico y poeta .
Espejo de un país
Desde que su figura iluminó el camino de los artistas la riqueza de su obra cabalga infatigable como el viento. Su obra no reconoce tiempos. Y nuevamente, como en los años aquellos que su poesía fluía como el río y señalaba el camino de los antiguos dueños de la tierra, la gente podrá acercarse a la dimensión de este artista en todas sus formas.
Escondido en malambos, gatos, zambas, chacareras y vidalas, su voz opaca y sus dedos cansinos -de tanto andar- se reflejan en dos trabajos discográficos que rescatan distintas actuaciones en vivo, realmente memorables.
"Testimonio I", de reciente aparición, registra su paso por Alemania, a mediados de los 80`. El recital es un muestrario por algunas de sus creaciones mas preciadas y desconocidas para el gran público. Late en vivo el espíritu coplero y la búsqueda por la expresión criolla de este chaman del folklore. Con el talento intacto, la voz gastada, narrando historias, recitando poemas y ejecutando la guitarra, desgrana piezas como:La milonga perdida, El pocas pulgas, Poema a Pablo Neruda, Las preguntitas, Cruz del sur, Baguala de Amaicha y El alazán.
Editado por la Fundación Atahualpa Yupanqui, que preside Roberto Chavero, uno de sus hijos, el disco Testimonio tendrá una segunda parte, que saldrá en mayo. "Esta nuevo volumen registra la última actuación importante en Buenos Aires del Tata, en el 84` en el Teatro San Martín, durante el ciclo Maestros del Alma" anticipa Chavero. Y agrega: "No es un disco en vivo más, porque se nota un clima emotivo que no tiene el recital en Alemania. Incluso en la grabación, cuando abre el concierto, lo primero que el Tata dice es: que bueno es guitarrear en casa".
El nuevo material que editará DBN, descubre algunos tesoros: "Por ejemplo hay un homenaje a Cortazar, a quién admiraba mucho. Recita el poema Pavadas y le pone una melodía española, que era una música que lo fascinaba".
A esto se sumará la grabación en vivo del Tercer Homenaje Nacional Atahualpa Yupanqui que la Fundación prepara en el teatro Avenida para el 27 de mayo. Con algunos nombres en danza como Los Chalchaleros, Guadalupe Farías Gómez, Juan Falú, Santaires, Jairo, y los finalistas del primer certamen yupanquiano (que se realizará con jóvenes compositores en el mes del aniversario de su muerte), el espectáculo será una semblanza de su obra.
"Es una manera de acercar al público la obra de mi padre, y que conozca muchas cosas mas que "Chacarera de las piedras" y "Luna Tucumana". Noto que hay un interés por descubrir a fondo su repertorio y su poesía, sobre todo en los jóvenes" apunta Chavero, entre algunos de los objetivos del centro cultural, que sacará a fin de año un cancionero completo del cantor.
Otros homenajes
Ideas, pensamientos, silencios, se vuelven a instalar como objeto de culto en el inconsciente colectivo de los argentinos.
El espectáculo "Atahualpa por Jairo", se convirtió en un eslabón de encuentro, más, entre Don Ata y la gente. El cantante de Cruz del Eje recuperó la esencia del poeta. Desde el conocimiento, Jairo, consiguió un homenaje respestuoso que se mantuvo durante el año pasado a sala llena.
El intérprete , coronó esta serie de actuaciones con la edición de un disco en vivo que recrea el vigor musical del espectáculo. Gracias a la repercusión obtenida el espectáculo volverá al Teatro Avenida, a partir de junio, para despertar los duendes del payador.
"Hacía falta que Atahualpa nos vuelva a guiar a través de su obra. Todo esto que se realiza a su alrededor, es muy positivo porque ultimamente he tenido la sensación de que los músicos tenemos una tendencia a alejarnos del arte", vuelve a confesar Jairo. El hombre que capturó el encanto de un paisaje fresco, volcado en acordes y palabras con total naturalidad, dejó huellas inconfudibles en la música popular argentina. El resumen de ese sentimiento de admiración hacia un creador que se manejaba con doscientas ideas y veinte palabras, como un sabio indígena, aparece en el disco doble "Homenaje a Atahualpa Yupanqui", que acaba de editar Sony, A lo largo de 30 temas circulan tributos de calidad variada, donde asoma el discurso testimonial del cantor. Desde Alfredo Zitarrosa al Chango Nieto. Pasando por Waldo de Los Ríos, Daniel Toro, Jorge Cafrune, Hernán Figueroa Reyes, Los Huanca Hua, Opus Cuatro, Los Manseros Santiagueños, Carlos Di Fulvio, Cuarteto Zupay, y Los Olimareños, entre otros.
Abre el compilado la autobiográfica Milonga del solitario, único tema cantado por Atahualpa que dice:"Sin presumir de cantor/ porque no soy presumido/ de mi silencio he salido/pa` preludiar mi dolor/ mi canto no es el rumor/ de una vertiente serrana/ no tiene sol de mañana/ tampoco refleja estrellas/ pero se va por la huella/ derecha al alma paisana". También, el sello Epsa sumó un disco particular llamado "Viajes por el mundo".Este trabajo, que se destaca entre los innumerables compilados en torno al autor de "El arrirero", es jugoso por sus anécdotas. Y tiene el ingrediente extra que las grabaciones fueron registradas por el propio artista en sus incursiones por el exterior.
Música viva Sus canciones se vuelven a repetir en escenarios ánonimos y consagrados. Su obra es revisada una y otra vez en Francia, Alemania y Japón. Y temas que evocan su historia tienen su bendición: A Don Ata, que escribió Mario Alvarez Quiroga, se convirtió en un clásico de hoy (ver letra).
Cada día su registro testimonial se revitaliza. Tiene cosas por decir, sobre todo en estos tiempos.
"Mi zamba no tiene dicha, solo pesares tiene el paisano. Conozco la triste pena, de las ausencias y del mal pago" cantaba en "La pobrecita". Será por eso, que el hacedor de las piezas mas gloriosas que reconozca nuestra cultura popular sigue bajando del Cerro Colorado. Aparece y desaparece marcado por su destino peregrino. Misterioso, como el silencio que descifro su guitarra. Convertido en un eterno cantor de los caminos. Siempre vivo.
Una elección de vida
"Yo voy andando y cantando, que es mi modo de alumbrar".
Los versos eternos de Atahualpa Yupanqui - todo un manifiesto, toda una elección de vida, todo un destino de canto- han quedado plasmados en una sencillísima zamba: "Luna tucumana".
Con su guitarra "hecha de miel y pesares" Héctor Roberto Chavero, el músico-poeta nacido en Campo de la Cruz (Pergamino) nos ha legado un testimonio que es "crisol de todos los cantos".
Aún cuando sus libros -como el de relatos, "Canto del viento", como los de poesía "Piedra sola", "Guitarra", "El payador perseguido"- no se encuentren hoy en las librerías ("por estar agotados desde hace mucho tiempo"); aunque sus canciones casi no se difundan por la radio y nuestra bendita televisión las ignore, con olímpica ignorancia, perdurará todavía en la memoria de la generación madura y en algunos pocos jóvenes que andan en busca de modelos -artísticos y éticos- una que otra de sus melodías y versos.
Alguna vez asomará "El arriero" o "Los ejes de mi carreta" -incluso con la peregrina idea de remozarlas, de aggiornarlas a los nuevos tiempos, en una interminable secuela impune de deformaciones-, o aparecerá por allí una bellísima versión coral de "La tristecita" (como la que plasmó Damián Sánchez).
Puede que los cantores de peña o festivales meneen, infatigables, la "Chacarera de las piedras" o que apuren el paso de "Viene clareando" para alzarse con el aplauso pasatista.
La impronta de Atahualpa permanecerá incólume, esperando que los cantores que no se largan a los gritos _Suma Paz es el mejor ejemplo de respeto a la autenticidad del modelo- puedan ofrendarle versiones dignas y respetuosas de tesoros poético-musicales como "El alazán", "Camino del indio", "Tú que puedes, vuelvete", "Viene clareando", "El aromo", la "Zamba del grillo", "Tierra querida", "Sin caballo y en Montiel"...
En trazos melódicos que recobran la impronta indeleble de lo clásico, en una poesía de alto vuelo enriquecida con metáforas y cargada de profundos pensamientos, Yupanqui ha recogido el paisaje natural y humano del Norte y de la pampa. Allí están el árbol y el pájaro, el monte y la llanura como otro Virgilio que inventa nuevas Bucólicas. Allí están el hombre sufrido con sus pesares, cargando injusticias y humillaciones. Y más allá, aún, el misterio cósmico, el mensaje de eternidad.
En sus églogas Yupanqui ha volado en preciosas alegorías. Y en sus versos humanistas ha reivindicado la dignidad del hombre. Jamás se dejó tentar por el libelo o la canción de protesta, aunque su pluma haya producido escozores en quienes temen a la verdad, plasmada en versos como los de "El payador perseguido" ("Yo canto, por ser antiguos/cantos que ya son eternos...Yo no canto a los tiranos/ni por orden del patrón...") Yupanqui no fue jamás un virtuoso de la guitarra. Pero nuestro músico no precisó de muchos dedos para gestar claras melodías de increíble belleza, sostenidas por suficientes, aunque austeras, armonías.
Este hijo de indios y vascos, consagrado en París como Caballero de las Letras y de las Artes, supo desdeñar glorias y honores. Para su regocijo espiritual le bastaba recordar el silbido del boyero o alguna partita de su amado Juan Sebastián Bach.
Los avatares políticos por su militancia en la izquierda minaron su alma, pero jamás devolvió resentimientos ni rencores. Prefirió vivir apartado de la ingratitud de sus compatriotas que manejaban los bienes culturales y residir en Francia donde comprendían y valoraban su dimensión humana y artística.
El legado poético-musical y la estatura ética de Atahualpa Yupanqui representan la saludable contrapartida de la mediocridad, la frivolidad, la mentira, la ambición desmedida que abruman nuestras vidas.
Su credo perdurará, incorruptible, en cualesquiera de sus coplas.
"Aunque mucho he padecido/no me engrilla la prudencia...Cada cual tiene su modo; la rebelión es mi cencia".
Un viaje por la casa de Don Ata
Alguien podría haber pensado que Cerro Colorado era solo el fruto de la imaginación de Atahualpa Yupanqui.
El músico encontró su lugar en el mundo en este norte cordobés. Todo queda claro cuando el camino de tierra empieza a llegar al corazón de este departamento de Río Seco.
Casas de adobe y material, custodiadas por algarrobales, son la primera imagen que avista el visitante que llega desde la capital cordobesa, tras dos horas de viaje por la ruta nacional 9.
La presencia de los cerros intimida. La gente humilde y sencilla se asoma con curiosidad por las ventanas. El rumor del río Colorado se deja oír en su caudal estrepitoso. Acampados, a su vera, los aventureros esperan que baje el sol.
Una hostería cobija a los turistas mas atildados. Por ocho pesos diarios -per cápita- nadie dudaría en pasar una larga temporada en este paraíso perdido.
Un viboreante sendero, barranca arriba, lleva al museo-casa de Atahualpa Yupanqui. El camino se termina justo frente al hogar donde moran los misterios y las cenizasdel artista.
Dos pesos la entrada y la tranquera se abre. Nada parece real y lo es. La frondosa arboleda, que plantó la propia Nenette, esposa de Ata, conocida como Pablo Del Cerro, disimula el calor. Muy cerca, el río, vuelve a estallar en rumores.
Alejandra, es la guía por la vida y obra del poeta. Con pasión intenta desentrañar el mito. Tira datos, hace un repaso de la historia, cuenta anécdotas, y el resto, lo revelan los videos, que se exhiben en una sala especial donada por la embajada de Alemania.
En la casa principal, los recuerdos se amontonan en fotos, (una dedicada por el propio Che Guevara), pergaminos con su prosa y premios de toda especie.
Dos guitarras descansan en un sillón y entonces la piel se eriza.
La pieza dónde durmió y reflexionó en largas noches, se mantiene tal cuál. La caminata sigue por la cocina, ahora convertida en una biblioteca que consta de 3000 volúmenes. Afuera, lo único que se escucha es el ruido del viento hamacando las hojas de los árboles.
Una mala jugada del azar engrandece la influencia mágica de la zona. Norma Viola, (pareja del bailarín Santiago Ayala que está sepultado junto a Yupanqui), visita la casa, pero nadie la ve cuando se va aunque hay una única manera para bajar al pueblo. Otro enigma de este oasis, que encierra el secreto de una raza milenaria (cuya existencia se deja ver en obras pictóricas marcadas en el interior de las quebradas).
El lugar, donde Atahualpa escribió El alazán, y dicen encontró la puerta a la Salamanca, sigue rodeado de leyendas. Los misterios quedan encerrados en ese enorme cerro colorado que se yergue frente a la casa bautizada Agua Escondida, la pequeña patria de Yupanqui.






