
El asesino es el mayordomo
En 1950, Milton Shulman, el crítico teatral del diario Evening Standard , terminó su reseña sobre una comedia policial de Agatha Christie con estas palabras fatales: "George es el asesino". La obra bajó de cartel a la semana.
Michael Billington, tal vez el crítico inglés más influyente del momento, narra esa anécdota en una nota publicada en el Guardian , de Manchester, el pasado 2 de abril, donde plantea cuánto puede revelar una reseña sobre la trama de una obra. "Soy acusado con frecuencia -dice- de estropear el placer del espectador. Uno de ellos protestó, una vez, porque conté el final de una versión de Frankenstein , la novela de Mary Shelley, que circula desde 1818? La acusación provoca fascinantes preguntas sobre la técnica de la reseña periodística y la acaso indebida importancia otorgada al suspenso narrativo".
Quien firma esta columna es fiel a un elemental principio ético de la profesión: por respeto a espectadores en potencia, nunca revelar el desenlace. A su vez, suele recibir protestas por narrar, dentro de esos límites pero con cierta extensión, el argumento. La experiencia de muchos años enseña que lo primero que pregunta el espectador en cierne es, justamente: "¿De qué se trata?" La respuesta se vuelve ardua cuando se trata de obras de vanguardia o experimentales, en cuyo caso lo aconsejable es confesarle al lector esa dificultad y relativizar al máximo el punto de vista personal. Prosigue Billington: "Cualquier obra de calidad trasciende el previo conocimiento de su trama (?) No negaré que el suspenso es parte del drama y que hay una palpable excitación al ver una obra por primera vez. Pero el suspenso opera de muchas maneras. En lugar de "¿Qué pasará ahora?", es mucho más estimulante preguntarse: "¿Cómo va a ocurrir?". Hitchcock lo sabía muy bien (véase Vértigo ) y hasta Brecht, en la famosa escena de Madre c oraje en que se anuncia de antemano que "la heroína perderá a su hija".
"Aunque sabemos que Hamlet morirá al final, que Nora abandonará su casa de muñecas y que Godot no vendrá, volvemos a ver estas obras, una y otra vez, para experimentar la visión de la vida que tiene el autor. Personajes y lenguaje son tan importantes como la trama. Vamos al teatro para encontrarnos con personas ambivalentes que parecen encarnar nuestras propias contradicciones. Y cualquier dramaturgo de primera línea, desde Shakespeare hasta Ibsen o Pinter, es, su corazón, un poeta, forjador de textos que no sólo son enriquecedores por sí mismos, sino que también son el medio perfecto para expresar sus objetivos. Tan sólo observaré que es imposible señalar virtudes y flaquezas de una obra sin apoyarse en su texto."
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