
El canto de las utopías
Recitales del cantautor Ismael Serrano, presentando el disco "La memoria de los peces". Músicos: Fredi Maruean (guitarras), Javier Bergia (percusión), Santiago Muñoz (batería), Alejandro Vaquerizo (bajo) y Frank Rubio (teclados). Teatro Opera. Nuestra opinión: bueno.
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Ismael Serrano es hijo de una generación donde las utopías parecían posibles. Ahora canta en un tiempo pragmático y neoliberal. En su canción se mezclan la memoria, los tópicos de la revolución y una visión autobiográfica en estos días de exclusión social. En su primer concierto grande en la Argentina para presentar su segundo trabajo, "La memoria de los peces", Serrano asume con claridad esa postura de cantautor comprometido (una etiqueta que hoy atrasa veinte años).
Aparece muy serio, con el ceño fruncido, mientras las chicas, que se equivocaron de concierto, aúllan. El resto del público progre , que puebla el Opera, aplaude convencido. Muchos ven en este muchacho madrileño a un discípulo natural de Silvio Rodríguez, Aute o Serrat.
Esta sensación se confirmará a lo largo de su recital. Charla con el público en plan informal como Serrat, tiene un tono nasal cercano al de Rodríguez y juega en sus letras con la ironía de Aute ( lo que ya podría sonar a elogio). El músico define un perfil propio y un tipo de canción de autor que para muchos puede estar en desuso. Antes que esto, Serrano es un "hablautor", como bien se define. En vivo, su voz suena pequeña y limitada cuando se introduce en los pasajes más introspectivos y acústicos y gana en energía cuando lanza sus consignas políticamente correctas en "Al bando vencido", en "Atrapados en azul" (que le dio nombre a su primer disco) contando que se inspiró en un graffiti que decía: "Colabora con la policía/pégate a ti mismo".
La mayor virtud del madrileño es su credibilidad. Suena sincero cuando pide la extradición de Augusto Pinochet a España "para que sea juzgado por sus crímenes", cuando dedica el tema a las Madres de la Plaza de Mayo, presentes en la sala y que reciben una ovación de varios minutos, o cuando canta un corrido mexicano para el subcomandante Marcos.
Ideología transparente
Serrano no esconde lo que piensa y eso no es común en una música tan "sin ideología". Es cuidadoso con las letras, salvo traspiés como la onanista "Canción de amor propio" o la superpoblación de "homenajes" que suenan forzados en "Vine del Norte", (el público se pone de pie cuando nombra al Che Guevara). Alcanza poéticos momentos en varios de sus temas y logra piezas sencillas, viscerales y atractivas en temas como "Ultimamente", "Ya quisiera yo" o "Linda y tierna historia de amor" (de un diputado que se enamora de una colegiala), "Instrucciones para salvar el odio eternamente" con piano solo o "Lucía" No hay novedad en su estilo. Sus canciones son como viñetas que van de esos tiempos agitados dominados por militares genocidas a este presente globalizado y de fast food. Su canto parece obcecado, pero necesario y urgente.
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