
El cine argentino, entre las sombras de la TV
Las producciones nacionales más taquilleras del año tuvieron el respaldo de la televisión; la tendencia continuará en 1998
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Fue el año de la alianza. Aquella en la que se unieron el cine y la televisión. De las películas argentinas estrenadas en 1997, las más taquilleras tuvieron el respaldo de producción de la TV:"Comodines", "Dibu", "La furia" y "Cenizas del paraíso". Conformes con el resultado de estas experiencias, las emisoras sostienen que seguirán apostando a las realizaciones cinematográficas.
Los canales de TV abierta y por cable hicieron opciones diversas. Artear, la productora de Canal 13, apostó a "Comodines", cuyo éxito en boletería descontaban que iba a ir a caballo del rating de "Poliladron", y a "Cenizas del paraíso", de Marcelo Piñeyro, quien traía en la mochila dos films taquilleros:"Tango feroz" y "Caballos salvajes".
Telefé, en coproducción con la empresa Patagonik _de la que también forma parte Artear_, se jugó por "Dibu, la película", una adaptación del ciclo de TV a la pantalla grande. Además, sumó sus esfuerzos a los de Argentina Sono Film para la realización de "La furia". El multimedios América participó en "El sueño de los héroes", de Sergio Renán, y en "Quereme así (Piantao)", de Eliseo Alvarez. La empresa VCC puso sus fichas en un debutante, Eduardo Milewicz, quien realizó "La vida según Muriel".
La tendencia promete continuar en 1998. De hecho, Artear tiene el proyecto de producir cuatro largometrajes en el año. Actualmente, ya está realizando "Cohen vs. Rossi", con la productora de Adrián Suar y Disney como coproductora, y "El faro", de Eduardo Mignogna. Para no desperdiciar las bendiciones ganadas en la TV, la productora de Canal 13 trabaja también en un guión titulado "El tesoro perdido del virrey Sobremonte", que estará protagonizado por Julián Weich, conductor del ciclo televisivo "Sorpresa y media" .
"Dibu" ya tiene en gestación su segunda parte. En cuanto a "La furia", dicen que no han faltado interesados en producir la secuela. Pero, por el momento, el director Juan Bautista Stagnaro quiere tomarse el tiempo para pensar un proyecto propio en lugar de seguir la exitosa huella que abrió con "La furia".
Debate sin pausa
El fenómeno de participación de la TV en la industria cinematográfica ha dado lugar a un debate en el que aún no ha sido dicha la última palabra. ¿Es razonable sospechar que a largo plazo será imposible producir cine en la Argentina sin asociarse a un canal de televisión?¿Se limitarán los canales a trasladar al celuloide los éxitos de la pantalla chica? ¿Qué posibilidades de supervivencia le quedará al llamado cine de autor?¿Permite la cantidad de espectadores cosechados en el año hablar de un resurgimiento del cine nacional? A la hora de las respuestas, todo depende del ángulo en el que esté parado cada quien. A juzgar por la diversidad de opiniones, el panorama general presenta una amplia gama de grises en lo que respecta al futuro de la relación que se ha establecido entre la TV y el cine.
Con 1.300.000 espectadores, "Comodines"_coproducida entre Pol-ka y Artear_ ocupó el segundo puesto en el ranking de las diez películas más taquilleras estrenadas en la Argentina en 1997. Delante de ésta, se ubicó "El mundo perdido", una segunda vuelta de los dinosaurios de Spielberg, que convocó a 1.430.000 personas. El tercero y el cuarto lugar fueron para "Dibu" y "La furia", respectivamente.
El cine nacional llevaba largo tiempo de vacas flacas en la taquilla. En ese contexto, se han alzado voces ansiosas de proclamar a 1997 como el año de los grandes logros de boletería y a adjudicarle a la TV la paternidad del éxito. Cierto es que tres de los films en cuya producción intervinieron los canales televisivos superaron el millón de espectadores. Pero no es menos verdadero que esa cifra, que hoy se presenta como una suerte de sueño dorado, fue superada más de una vez por films que supieron ser taquilleros sin necesidad de apelar a los buenos oficios de la tele. A manera de ejemplo, "Nazareno Cruz y el lobo" (1975) consiguió 3.400.000 espectadores;"El santo de la espada"(1969), 2.600.000;"Juan Moreira" (1973), 2.500.000, "Martín Fierro" (1968), 2.400.00;"La tregua" (1973), 2.200.000, y "Camila"(1984), 2.100.000.
La publicidad, en la mira
Omar Romay es un hombre de TV que un día quiso pisar el terreno del cine. Su primera experiencia en la producción cinematográfica fue "El mundo contra mí", de Beda Docampo Feijóo. En 1997, se asoció con Eliseo Subiela para hacer "Pequeños milagros". No recurrió a la infraestructura de Canal 9, por entonces propiedad de su padre, sino que encaró el emprendimiento desde su propia productora, Promisa. Los resultados de boletería no le resultaron favorables.
Puesto a evaluar la experiencia, Omar Romay dijo a La Nación :"En el cine argentino, el fracaso se paga demasiado caro. No hay una malla de protección. En Hollywood, la rentabilidad de una película exitosa probablemente pague diez fracasos. Aquí sucede exactamente al revés:se necesita hacer diez éxitos para poder afrontar un fracaso". Frente a semejante exigencia, sostiene que en el cine nacional "la única manera de sobrevivir es contando con un canal de televisión que ponga 10.000 segundos de publicidad en forma gratuita para sostener una película". Romay saca cuentas:"Si Canal 13 le hubiera cobrado a la productora de "Comodines" 10.000 segundos a un promedio de 150 pesos, el costo de la publicidad televisiva habría ascendido a 1.500.000 dólares, con lo cual el film ya no habría sido rentable", dice.
Según Romay, "la única manera de llevar espectadores al cine es a través de la publicidad masiva. Cuando el que produce el film es el canal, la dificultad queda superada. Pero para un productor independiente, que tiene que comprar una importante cantidad de segundos de TV, hacer cine no es rentable".
Entre los realizadores de las películas producidas por la televisión hay un punto de coincidencia:el gran beneficio de tener a la TV como productor se hace notar a la hora del lanzamiento del film. Al igual que Omar Romay, sostienen que la cantidad de segundos de publicidad televisiva con la que cuentan los films producidos por multimedios supera ampliamente a la que pueden conseguir los productores independientes, que deben pagar a precio de oro cada segundo de pantalla. Pero cuando se trata de medir la relación entre ese apoyo publicitario y la asistencia de público, aparecen las diferencias de criterio.
Marcelo Piñeyro _quien obtuvo 760.000 espectadores con "Cenizas del paraíso"_ recurre a su propia experiencia para extraer conclusiones:"Para terminar "Tango feroz" tuvimos que romper el chanchito _dice_. La cantidad de segundos de publicidad televisiva con la que contábamos era mínima. El resultado en la taquilla fue sorprendente:1.700.000 espectadores". De allí en adelante, Piñeyro conoció el reino de las coproducciones con la TV. Tanto en "Caballos salvajes" como en "Cenizas del paraíso", trabajó con Artear y gozó de los beneficios del lanzamiento respaldado por la tele. "Sin embargo, la cantidad de espectadores de Cenizas del paraíso fue muchísimo menor que la de Tango feroz.
"La publicidad televisiva protege a la película durante la semana del estreno, pero de allí en adelante su poder se relativiza", sintetiza Piñeyro.
"Depende del producto"
"La tele no necesariamente hace un éxito. Todo depende del producto de que se trate", coincide Juan Stagnaro, director de "La furia", una producción encarada originalmente por Sonofilm y a la que se sumó más tarde Telefé.
El realizador admite que en el caso de "La furia", la propaganda en la pantalla chica le sirvió para "conquistar público en las salas suburbanas y en las proyecciones de trasnoche" . "En un film de este tipo, la publicidad en TV ayuda, porque lleva mucho público juvenil _agrega_. Pero hay otro tipo de films en los que las posibilidades de éxito pasan por la crítica y por la repercusión en los festivales. En esos casos, los avisos en televisión no alcanzan para definir la suerte de la película". De otro modo piensa Walter Sequeira, asesor fílmico de Canal 13.En su opinión, no se puede decir que un film sea bueno o malo hasta que la boletería lo decida. "Creo que los críticos argentinos tienen una mirada muy corta _declara_. Sé que a veces están peleados con las películas muy populares y que en algunas ocasiones tienen una mirada snob sobre las producciones que se realizan en el país. Me importan poco las críticas. La única crítica válida es la respuesta de taquilla".
De cara al porvenir, todo parece indicar que la televisión y el cine deberán establecer las claves para que la convivencia resulte armónica. "La televisión no es un cuco al que haya que temer. Es un productor más sobre el que hay que ejercer la seducción", sostiene Stagnaro. "La gran ventaja es que nos permite llegar a un público al que no alcanzaríamos sin ella _evalúa_. Pero también existe el peligro de que mediante una política de lobby se le quite espacio al cine independiente. Sería muy triste que se armara una estructura de producción, distribución y exhibición que terminara con el cine artístico".
Piñeyro se rebela contra quienes sostienen que la TV traslada su propia estética al proyecto cinematográfico en cuestión. "Es cierto que este año la televisión ha producido Comodines y Dibu _admite_. Pero también hubo canales que apostaron a films como La vida según Muriel o El sueño de los héroes. Además, no creo que Dibu o Comodines le quiten público a las películas del cine de autor. En todo caso, se lo han quitado a Hércules o Con air." Convencido de que históricamente la TV se ha empeñado en trasladar al cine los ciclos de alto rating, Piñeyro dice:"¿No fueron eso, acaso, las películas de Los Campanelli, La familia Falcón o las de Porcel y Olmedo? Pero tampoco hay que olvidar que el antiguo Canal 13, a través de Proartel, participó en la producción de Invasión, de Hugo Santiago", sostiene.
En lo personal, el director de "Cenizas" asegura no haber tenido problemas con sus productores vinculados con la TV. Según cuenta, el secreto de la relación armónica parte de "dejar establecido por contrato que yo tengo el corte final. Ellos, por su parte, se reservan las decisiones en cuanto al modo de lanzamiento del film".
"La irrupción de la TV en la industria cinematográfica es un elemento nuevo y positivo, pero todavía queda por discutir el modo en que debe instrumentarse esa participación", señala Roberto Miller, secretario general del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA). En tren de establecer comparaciones, mira hacia el otro lado del océano. "En Europa _dice_, cuando un canal de TV invierte dinero en la producción de un film, se reserva el derecho de emisión de esa película. Allí terminan sus derechos. En la Argentina, en cambio, la TV se beneficia además con el cobro de los subsidios del Instituto de Cine. Este es un tema para revisar".



