
El cine y las letras, en un territorio comanche
Memoria: de paso por Buenos Aires, el famoso escritor español Arturo Pérez Reverte habla de la adaptación para la pantalla grande del libro en que cuenta sus recuerdos como corresponsal de guerra.
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"Para un reportero en una guerra, territorio comanche es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, mientras escuchas el ruido de tus pasos sobre los cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas, y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando".
Arturo Pérez-Reverte tituló por eso, así, al libro que la semana pasada vino a presentar a Buenos Aires. Territorio comanche también -como otras tres obras suyas- se convirtió en una película que protagonizan Imanol Arias, Cecilia Dopazo, Carmelo Gómez y Gaston Pauls, y que el próximo 10 de diciembre se termina de rodar en los países de la ex-Yugoslavia.
Corresponsal de guerra durante 21 años, y novelista desde hace diez, Pérez-Reverte (45) escribió Territorio..., el único de sus libros que no pertenece al género novela, como una suerte de despedida del oficio que ejerció fundamentalmente en Televisión Española y en el diario Pueblo. "Yo nunca hablo de mi vida profesional, excepto con los compañeros.
Pregúntele a mis amigos o a mis padres, y creo que nunca les he contado una sola historia de mi trabajo. En este caso, fue como decir: "me voy y antes de irme con urgencia, quiero que sepais, antes que se me olvide, como ve las cosas alguien que trabajó en la guerra. Esta es mi única incursión por el género y espero que sea la última".
-¿Tan seguro está de su decisión?
- Sí. Porque yo escribo para vivir más vidas. Para que me ocurran cosas que no me han pasado en mi vida normal. Para ordenar cosas que no pude ordenar. Por eso sería absurdo dar siempre vueltas en torno a lo mismo. Vivir todo el tiempo de las batallitas propias. Yo he vivido todo eso, no necesito recrearlo. Lo que sí me quedó, es un punto de vista determinado que utilizo en mis novelas. Mi visión es la de un tipo que pasó por esa vida, pero no la hago explícita.
Ameno verborrágico imparable, el escritor no tuvo reparo en contar que, un libro que lleva 18 ediciones y vendió 300.000 ejemplares se escribió en una semana. "Está apenas corregido. Como cuando uno escribe una crónica y la arregla rápidamente antes del cierre. También es la única cosas que he escrito con las tripas, y por eso quizás, tiene ese tono tan distinto a mis otras obras."
Best seller también por otros libros suyos (La piel del tambor presentada en abril en la Argentina, superó en España los 250.000 ejemplares), Pérez-Reverte, aseguró que Territorio Comanche, "es como el Evangelio en las escuelas de periodismo en España, pero lo gracioso es que no lo escribí para Alfaguara, mi editorial habitual, ni para que se vendiese. Creí que no le iba a interesar a nadie, y se lo di a un amigo que abrió una colección marginal, muy bonita y muy cuidada y nos llevamos la sorpresa. Mis editores se enfadaron mucho conmigo, y por eso aquí en la Argentina, lo tienen ellos , para compensar un poco."
-El libro tiene un comienzo muy cinematográfico, y muy cínico en otro orden de cosas, en el que Márquez, el cámara, enfoca la nariz de un muerto, como parte de su rutina. "Igual que las maquilladoras de estudio empiezan siempre por la misma ceja", escribió usted....
-Yo diría que el comienzo es completamente televisivo, y que en esta profesión se desarrolla siempre un cinismo, que aumenta si uno está en la guerra.
-Pero aparece también una suerte de admiración, como un homenaje a los colegas que se arriesgan, o mueren....
-Sí, porque es la luz y la sombra. Un recorrido por la memoria sin ningún complejo, sin querer quedar bien, ni mal. Me acuerdo de los compañeros, pero no pretendo ni explicar la guerra, ni hacer un panegírico de los periodistas, ni atacarlos. El tipo que te cuente una historia de guerra con moralina,ese no es trigo limpio.
-A propósito de los colegas. Usted nombra tanto a españoles, como a internacionales, a la mayoría con sus nombres verdaderos. ¿Nadie se molestó?.
-Al contrario. Están todos encantados de aparecer ahí. El que no salió es porque no cuenta en la tribu de los enviados especiales, porque el libro es una especie de Quién es quien", bromea. "De verdad, a todos les pareció bien, excepto a un par. Pero de cien nombres, que dos se molesten, no significa mucho.
-¿Y como le cayó a Televisión Española, que usted escribiera esto, mientras trabajaba para ellos?
-A los jefes muy mal, a los compañeros bien. De Televisión Española me fuí hace dos años y medio, y de hecho el libro lo escribí porque ya me iba a ir. De todas maneras, después me ofrecieron volver. Pero yo no hago más periodismo. Fui un reportero y si vuelvo a una guerra, ya será como escritor, para hacer otro tipo de cosa.
Qué fue lo que le marcó el punto de inflexión para abandonar el periodismo?.
Varias cosas que se acumularon. Primero la edad. Tengo 45 años y creo que un reportero envejece muy mal en este tipo de trabajo. Uno no se puede pasar la vida sin ducharse en Sarajevo o en un burdel de no se donde, o un un bar de Managua. Por otra parte hay muchas cosas que no pude desarrollar en mi vida.
Tengo una hija de 13 años a la que no veía nunca; jamás tuve dos meses para navegar por el Mediterráneo de punta a punta, hubo tantos libros que no pude leer. Todo me produjo una especie de hartazgo del periodismo que yo hacía. Me di cuenta de que a lo largo de 21 años siempre estuve en la misma guerra, y me dije: "yo luché tanto tiempo,y ahora que venga otro y vea si consigue cambiar lo que yo no he podido".
-Desde el punto de vista común el corresponsal de guerra aparece como alguien totalmente fuera de serie....
-Creo que es un error, porque en realidad el reportero que trabaja en la guerra es igual al que trabaja en una redacción. Tiene que conseguir información, elaborarla y transmitirla. La diferencia es que en el frente no funcional los teléfonos, no hay taxis ni agua caliente en los hoteles, uno puede pasarse los semáforos sin problemas, y además le disparan.
En una palabra, que hay más dificultades pero que el trabajo es el mismo en realidad. Sólo que hace falta tener mejor salud, y más capacidad para soportar los problemas.
-Pero, no me diga que el riesgo de muerte al menos, no es el habitual que corre un periodista en su medio habitual.
-Le aseguro, sin embargo que la actitud del periodista es la misma en la guerra que en la paz. Lo único que allí hay una cierta dósis de peligro extra. Pero un hombre o mujer que tenga buena salud, una cabeza más o menos tranquila y sea capaz de soportar cierto grado de sufrimiento, incomodida o miedo, puede trabajar en esto.
-De todos modos, ¿qué lo decidió a ser corrresponsal de guerra a los 22 años?
-Es que yo soy periodista por accidente, no por vocación. Desde los 9 años, fui lector patológico, furibundo y además de vivir junto al mar, soy de una familia de marinos; de modo que lo que quería era largarme a viajar y que me pasaran las cosas que había leído en los libros.
De hecho la primera vez que salí de casa, me embarqué en un petrolero y estuve navegando por Oriente Medio, Africa y el Golfo Pérsico. Pero no me movía el periodismo. Después me di cuenta de que ser periodista era la forma más segura de viajar y estar en los lugares donde pasaban cosas. Así fui a las guerras más sucias, a las que no quería ir nadie y al final me hize un nombre en este oficio.
-¿En qué momento se sintió en "territorio comanche" con mayor intensidad?
- En casi todas las guerras los hubo. En la de Eritrea en el `77, en la de Salvador, en la del Líbano. Algunos amigos hablaban de territorio Sioux, o Apache o Cheyenne. Decíamos "esto ya es comanche" y había que ponerse los chalecos. Pero quizás un episodio puede haber sido en Nicaragua, a la vuelta de los combates de Estelí.
Yo venía de estar con la guerrilla, y un somocista me puso contra la pared. Me hizo quitarme los zapatos y me tuvo una hora así. A mi lado, el chofer nicaraguense lloraba, y yo pensaba: "si este tio llora es porque la cosa está mal".
Me puso el fusil en la cabeza y yo apoyaba la frente contra la pared porque me daba miedo golpearme cuando me disparara. Al cabo de una hora nos ordenó recoger nuestras cosas y marcharnos. La guerra en el ojo de la c mara
Durante ocho semanas en las ciudades de Sarajevo (Bosnia), Zagreb y Split (Croacia) y en España, se rueda Territorio Comanche, a las órdenes del director y productor Gerardo Herrero (Malena es un nombre de tango).
Coproducción hispano, argentino, francesa, el film no es la transcripción literal del libro de Arturo Pérez-Reverte. Este, a pedido del director, elaboró una trama, a la que el guionista Salvador García, dio forma cinematográfica.
Así el personaje de Barlés (alter ego del escritor en el libro), en la película se llama Mikel Uriarte (Imanol Arias), y Márquez (el camarógrafo José Luis Márquez a quien le dedicó la obra) interpretado por Carmelo Gómez, se llama simplemente José.
Cecilia Dopazo, es en cambio Laura Riera, un personaje que no aparecía en la historia original. "Una periodista de un "Reality Show", explicó Pérez-Reverte, "un programa de mucha audiencia, muy espectacular y superficial.
Ella va a Sarajevo a hacer un reportaje, y su cadena de televisión, le adjudica el equipo que está allí haciendo el Telediario. Laura llega con unas ideas sobre la guerra y la televisión totalmente distintas, y eso produce fricciones con los corresponsales. De a poco, la chica se va integrando a la tribu de los enviados especiales y va entendiendo la guerra. La película habla de ese proceso de iniciación , de la amistad entre un cámara y un redactor, y de ese personaje que se incluye, de modo que la pareja, en un momento determinado llega a ser un trio".
Gastón Pauls, por su parte, interpreta a Manuel, un fotógrafo argentino free lance,que atraviesa la guerra en moto, y siempre llega a destiempo a los lugares en los que se producen los hechos y su personaje se inspira ligeramente en el de Manuel Ortiz, verdadero fotógrafo local incluído en el libro.
Con dos novelas ya filmadas (La tabla de Flandes, base de La clave del enigma de Jim McBride; El maestro de esgrima (Pedro Olea) y un relato corto llevado al cine (Cachito (un asunto de honor), Enrique Urquizu), el escritor considera con particular sentido del humor que: "el cine es como casar a una hija.
La cuidas, la mimas, la educas y despues se hace mayor, viene un hijo de p.... y se la lleva. ¿Qué se puede esperar?. Que sea feliz, pero no se puede ir tras ella, porque tiene que vivir su propia vida. Con las novelas es igual. Se las llevan al cine, y lo que uno puede desear es que las hagan bien o mal. Pero por lo general son chicas desgraciadas.
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