
El club de la pelea (de almohadas)
Con reglas e instituciones, un deporte que quita el sueño
1 minuto de lectura'
Es un buen momento para las luchas de almohadas: se masificaron (no hay más que recordar esa tarde de diciembre en el Planetario) y, ahora, en Nueva York están empezando a profesionalizarse, de la mano de un club de jóvenes luchadoras canadienses.
Considerada la primera organización femenina de este tipo, el Pillow Fight League (Club de Luchadoras de Almohadas) se creó en Toronto en 2004, y ahora debuta en Estados Unidos como parte de su gira anual por varias ciudades del mundo.
El itinerario de 2007, según la agencia EFE, incluirá contiendas de fin de semana en el espacio de arte Galápagos, en Brooklyn, que definirán el título de Campeona Mundial entre la actual número uno, ChamPAIN, y la durísima Betty Clock’er.
Armadas con sendas almohadas, un toque de feminidad y una actitud agresiva, las luchadoras de almohadas se mueven en la lona del cuadrilátero con mucha velocidad y furia.
Entre golpes blandos y una lluvia de plumas se define la pelea, que debe seguir reglas específicas y cumplir con los dictámenes de un árbitro, responsable de mantener a raya los arañazos y tirones de pelo.
La pelea tiene su arte, ya que no se trata simplemente de tirarse las almohadas como cuando se es chico, sino que se apoya en técnicas y movimientos del boxeo, la lucha libre y las artes marciales, según cuentan los creadores de la liga, Stacey Case y Craig Daniels. Los dos empresarios del entretenimiento descubrieron al azar, en un show de música una noche de fin de año, que la guerra de almohadas tenía atractivo para convertirse en un asunto serio.
En un bar de Toronto, una compañía de teatro burlesco entretenía al público con una pelea de almohadas fingida. Pero cuando un grupo de mujeres entusiasmadas subió al escenario para sumarse espontáneamente a la contienda, Case y Daniels se encontraron con un espectáculo para aprovechar.
Prohibido sacarse los ojos
Al principio, sus criterios para las reglas de lucha eran pocos, aunque lo fundamental era que compitieran sólo mujeres, sin excepciones, ya que, según el aparentemente machista Case, "quién quiere ver a un hombre en una pelea de almohadas"
Unos avisos en los diarios ayudaron a seleccionar a las luchadoras, actualmente unas 22 con nombres de fantasía y de personajes muy divertidos.
ChamPAIN, que alude tanto al champagne como a las palabras inglesas champion (campeona) y pain (dolor), es una joven de 27 años que durante el día trabaja como periodista de la revista Now, y que en los ratos libres juega al fútbol y hace teatro burlesco.
Cuando se le pregunta por qué es una luchadora de almohadas, ChamPAIN (Stacy) responde que "es como preguntarle a un jugador de hockey por qué es jugador de hockey".
En tanto, su rival, Betty Clock’er, es una editora de 26 años cuyo nombre es Tara. "Me gusta pelear porque hay algo increíble en poner a prueba la fuerza frente a otra persona, para después levantarnos e ir juntas a tomar té con galletitas", dice Betty Clock’er en la página Web del club.
Esta novedad deportiva tiene reglas estrictas que prohíben el "comportamiento rudo, lascivo y sugerente, tirar del cabello, morder, arañar y ocultar objetos contundentes dentro de la almohada".
Cada sesión de pelea tiene un límite de cinco minutos y, como en la lucha libre, para ganar un luchador debe hacer que su oponente se rinda o bien lo coloque de espalda con los hombros sobre la lona mientras el árbitro golpea en el piso tres veces.






