
El debate "ricotero"
Por Adriana Schettini
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Son una rara avis. Hacen música, venden placas, presentan shows y cosechan multitudes, pero se alejan de los rayos catódicos como de un sol dañino en tiempos del agujero de ozono. Los Redonditos de Ricota apostaron desde siempre a hacer lo suyo en las lejanías del epicentro mediático. Probablemente, la constancia que demuestran en el rechazo de la plataforma televisiva para el lanzamiento de sus temas y de sus conciertos los haya vuelto atractivos para muchos, incluso para aquellos a los que la sociedad suele llamar marginales. Sin embargo, la tele parece ser un imán que tarde o temprano termina captando todo. En la semana última, tanto la banda liderada por el Indio Solari como sus seguidores concentraron la atención televisiva tras los violentos episodios generados en Mar del Plata en ocasión de un recital.
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Tal fue la batahola que hasta Mariano Grondona -que confesó no haber escuchado nunca un tema de la polémica banda- les dedicó buena parte de la emisión del jueves último de "Hora clave" y los convirtió en objeto del televoto. "Si usted fuera intendente, ¿prohibiría a los Redondos"?, le preguntó a su audiencia.
El resultado de la teleconsulta tuvo su miga. Sobre un total de 32.036 participantes, el 48 por ciento respondió que prohibiría la presentación de la banda y el 52 por ciento optó por la respuesta negativa. Grondona aportó un dato jugoso: antes del comienzo del programa, la tendencia era muy distinta. Los que estaban a favor de la prohibición constituían el 67 por ciento de las llamadas. ¿Qué señala ese cambio de rumbo en el televoto? Probablemente, lo que el espectador vio en la pantalla: que la altura y el respeto con que se debatió el complicado tema en "Hora clave" tuvieron eco en la teleplatea. La discusión fue un ejemplo del diálogo democrático.
Lo inexplicable del fenómeno, la fiesta ricotera que terminó en un día de furia, fue un disparador de la reflexión colectiva. Nadie, ni siquiera Grondona, parecía tener respuestas contundentes. Todos, incluido Grondona, parecían tener necesidad de encontrar la punta de ese ovillo de trágicos malentendidos.
Todos escucharon y fueron escuchados. Desde los comerciantes marplatenses, damnificados por los actos de violencia, hasta los ricoteros que, a pesar de tener la entrada en la mano, no pudieron entrar a ver el show y que, en más de un caso, tuvieron que soportar los impactos de las balas de goma en el pellejo. Todos ejercieron su derecho a opinar. Desde el productor del show hasta las autoridades marplatenses, pasando por dos jóvenes que fueron heridos durante el recital y que están internados en el hospital Santa Lucía.
No hubo batalla verbal sino diálogo, una práctica que cada vez es más escasa en la TV del griterío y las acusaciones cruzadas. Nadie defendió la violencia generada en Mar del Plata. Ninguno se atrincheró tampoco en la postura de prohibir la libertad de expresión artística de los Redondos como remedio para la enfermedad. Los ricoteros condenaron los actos vandálicos y defendieron su derecho a participar en esos encuentros colectivos. Los comerciantes defendieron su derecho a no ser desvalijados y agredidos, al tiempo que aceptaron el derecho de los ricoteros. Los unos y los otros se preguntaron qué pasa con esos grupos de muchachos condenados a vivir en los márgenes que encuentran en los shows de los Redondos una tierra liberada para actuar con una bronca que no saben o no pueden expresar de otro modo. Todos se preguntaron qué sucede con una policía que frente a los desmanes osciló entre la represión indiscriminada y la impotencia. Grondona planteó incluso una hipótesis arriesgada: la de que el episodio encerraba "algún manejo político relacionado con el proceso electoral".
Esa emisión de "Hora clave" fue un ejemplo de debate televisivo democrático, en el que se evitó la trampa simplista y espectacular de reducir el asunto a una guerra entre comerciantes y ricoteros. El asunto parece ser más complejo y el programa de Grondona estuvo a la altura de esa complejidad.






