El día que Adelina Patti entendió su éxito
Allegro por Pablo Kohan
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La historia de la grabación y reproducción de sonidos tiene, como antecedentes fundacionales, al fonoautógrafo, patentado en 1857 por Edouard-Léon Scott de Martinville, un impresor, librero y escritor francés, y al celebérrimo fonógrafo de Thomas Alva Edison, un compulsivo inventor serial que en 1877 hizo escuchar "Mary has a little lamb", la primera canción reproducida desde un aparato. Pero para que la novedad se transformara en un producto masivo hubo que esperar hasta 1888, cuando Emile Berliner presentó su gramófono. Y cada vez más los discos planos comenzaran a girar sobre él. En el campo de la música clásica, el primer gran hit fue el de Enrico Caruso quien, en 1902, por cien libras esterlinas, aceptó ingresar a un estudio para registrar diez arias con acompañamiento de piano. De ser un cantante de consumo local, Caruso pasó a tener nombradía internacional. La industria discográfica había promovido su primer gran producto y el tenor napolitano, antes de llegar a Londres o a Nueva York, ya era conocido y gozaba de una reputación inestimable que, por lo demás, contribuyó a proveerle mucho dinero. Tal vez celosa del éxito ajeno, quizá curiosa, en 1905, desde su castillo en Gales y ya retirada, Adelina Patti, la soprano italiana que había sido la gran prima donna de la ópera en el último cuarto del siglo XIX, convocó a un productor para que la grabaran. "La Patti" quería sus discos.
Cuando escuchó su canto, en francés, el idioma que, en aquel tiempo, era sinónimo de alcurnia y nobleza, exclamó: "Maintenant, maintenant je sais porquois je suis Patti". Una frase digna de una reina. En definitiva, que ella recién entendiese en ese momento por qué era Patti, suena un poco más presuntuoso que verosímil.





