
La próxima bomba de Hollywood es la tatuada diosa más conocida como Angelina Jolie. Hizo papeles de arpía, de seductora y de una supermodelo drogadicta. Y por alguna razón, la gente cree que es oscura y siniestra.
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Angelina jolie está en el living de su departamento en Nueva York y ofrece lo que se ha convertido en la obligatoria visita guiada a sus tatuajes. "Okay", dice, poniéndose de pie y exhibiendo su brazo izquierdo. "Este es mi dragón, arriba a la izquierda." Luego muestra la cara interna de su muñeca. "Esta es una H. Existen dos personas muy importantes en mi vida cuyos nombres empiezan con esa letra; me siento muy cerca de ellos, los amo y los cuido. Y éste es el tatuaje más reciente. Lo hice con mi madre. Quiero decir: ella me acompañó cuando me lo hice. Es una cita de Tennessee Williams: «Una oración por los rebeldes que están entre rejas»." Angelina contempla su antebrazo y sonríe con esa sonrisa suya, entre sagrada y loca. "Esta es mi cruz", sigue diciendo, mientras se desabrocha el cinturón que sostiene su pantalón negro para revelar sus delgadas caderas. "Y esto", dice -y señala una leyenda en latín que surca su estómago, ondulando, justo por encima de la línea del bikini-, "esto significa: «Lo que me alimenta también me destruye». Y ahora esto...", anuncia y da la espalda y se sube un poco la remera, hasta dejar al descubierto un diminuto rectángulo azul en la espalda, a la altura de las costillas. "Este es el único tatuaje de color que tengo. Voy a teñirlo de negro para que parezca una ventana". ¿Una ventana a su mundo interior? "No", responde. "Es porque, esté yo donde esté, siempre termino mirando a través de la ventana, soñando que estoy en cualquier otra parte." Entonces vuelve a sonreír. La suya es una sonrisa entre lunática y beatífica: éxtasis religioso con una pizca de desánimo.
Le sugiero que la frase acerca de las rejas y el tatuaje de la ventana pueden tener que ver con algo que ella misma me confesó la primera vez que nos vimos, hace unos algunos años: que le interesaban mucho las prisiones en general, sobre todo los disturbios y motines en la cárcel de Attica. (De todas las actuales actrices de cine, Angelina debe ser la única que lleva en su cartera una colección de recortes del diario The New York Times sobre la vida en las penitenciarías.)
"Puede ser", dice y toma asiento en uno de sus dos sofás de cuero, enormes y negros. "Mi mamá me preguntó una vez si esta oración por los rebeldes era en el fondo para mí, por algo doloroso que ocurrió en mi vida. Pero en realidad es para toda la gente que conozco. No creo saber de nadie que se sienta totalmente libre o que pueda, cada segundo del día, mostrarse tal cual es, de verdad. Esta oración es para que toda la gente encuentre su felicidad y se libere. Tennessee Williams también escribió que algunos pájaros, algunos animales, suelen sentirse cómodos en la jaula donde crecieron. Como si esa jaula, además del encierro, significara para ellos la seguridad. O sea que toda cosa que nos reconforta nos rodea, en el fondo, como una cárcel", afirma.
Enciende un cigarrillo y pasea la mirada por el cuarto. En ese sofá negro, dentro de esas ropas negras, se ve tan pálida como si hubiera pasado la noche sin dormir. Desde la calle llega la luz mortecina de una fría mañana nublada, que se filtra por las cortinas de terciopelo gris que cuelgan en la única ventana.
Angelina pasó los últimos meses trabajando en Los Angeles. Y por más que su living está repleto de todas esas cosas que debería haber en cualquier living (los muebles, un piano, una tevé, unos compacts, un equipo de música y un maniquí de medio torso de mujer con un corsé blanco marca Playtex, de los años 50), aun así tiene el aspecto de un lugar abandonado. Entre todos los objetos, sobresale un ejemplar del Código Penal y Criminal de Nueva York. "La gente debe creer que porque ando tatuada soy una mala persona", continúa Angelina. "O que hay algo siniestro, oculto, en mí. O que estoy obsesionada con la muerte, cuando soy la persona menos morbosa del mundo. He descubierto que si pienso en la muerte más seguido que la mayor parte de la gente se debe, quizás, a que también amo mi vida más que toda esa gente."
Por lo general, cuando uno escribe sobre actores o actrices de una belleza tan irresistible como la de Angelina, es una pérdida de tiempo ponerse a describirlos. Los que vieron las películas ya saben todo eso. Y, si no lo saben, seguro que habrá unas cuantas fotos en la página de al lado. Pero en este caso debo decir que -aunque nunca ha especulado con su enorme belleza, ni como actriz ni como persona- Angelina es excepcionalmente hermosa, incluso entre los profesionalmente hermosos. No sólo tiene los atributos de un dibujo animado japonés: ojos enormes, nariz pequeña, orejas de duendecito, piernas largas, pocas caderas, pechos parados. Ocurre además que transmite una energía especial, una especie de vibración, aun cuando está sentada y quieta. A Angelina le divierte saber que se habla de ella como "una bomba", pero el término podría haber sido acuñado a su medida. En su novela El gran Gatsby, Francis Scott Fiztgerald presenta a un personaje femenino que tiene "una vitalidad inmediatamente perceptible, como si los nervios de su cuerpo estuvieran ardiendo todo el tiempo". La descripción se aplica perfectamente a esta mujer. Cuando la gente que conozco se entera de que estoy escribiendo una nota sobre Angelina, todos sin excepción (mujeres y hombres) confiesan su fantasía de tener sexo con ella. Alguien, incluso, envía un poema de amor por e-mail:
¿Delineador?
No te hace falta ningún delineador.
Esos ojos ya son suficientemente oscuros, Negros, Amenazadores.
Presagian misterio y dolor e indescriptibles placeres que podrían ocupar el resto de nuestras vidas.
Oh, esos ojos. Y también están los labios, ¿no hice
mención a tus labios?
Angelina (que usa profesionalmente su segundo nombre, Jolie) es hija del actor Jon Voight. Pero mientras que, a los 20 años, casi todos los hijos de famosos aún intentan desembarazarse de la sombra de un mito ajeno, desde sus primeros pasos ella salió a la luz y empezó hablar públicamente de cosas que otra gente considera... digamos, extrañas. Angelina colecciona cuchillos y ha admitido que los usa como estímulo sexual. Cuando se casó con el actor Jonny Lee Miller (conocido por su actuación en Trainspotting como Sick Boy), con quien coprotagonizó en 1995 su primera obra teatral -el cyberthriller Hackers- y de quien se separó el año pasado en buenos términos, Angelina llevó unos ajustados pantalones negros y una camisa blanca con el nombre del novio escrito con la sangre de la novia. Angelina es abiertamente bisexual. El personaje con el que más se la asocia es Gia, una supermodelo lesbiana y heroinómana que muere de sida; ella interpretó ese papel en 1998, en el film homónimo de hbo. Cuando una vez un periodista le dijo que ella era la actriz que más fantasías sexuales despertaba entre las mujeres heterosexuales, Angelina contestó que más bien era la actriz que más deseaba tener sexo con todas esas mujeres. Actitudes como éstas incomodan y sorprenden; sin embargo, son los síntomas de una personalidad apasionada, no oscura ni siniestra. Excepción hecha, acaso, de los cuchillos. Aunque Angelina los guarde en un cajón la mayor parte del tiempo.
Angelina nació en los angeles en 1975, pero a partir del divorcio de sus padres, cuando ella tenía apenas 2 años, vivió en diversos lugares del centro y los alrededores de Nueva York junto con su madre, Marcheline Bertrand, y con su hermano mayor, James Haven Voight. Los padres les dieron a ambos un segundo nombre para que, llegado el caso, pudieran usarlo como seudónimo. El hermano de Angelina está dando sus primeros pasos como director de cine.
En el jardín de infantes, cuando no era más que un pequeño proyecto de bomba, Angelina formaba parte de un grupo de amigas que se hacían llamar Las Chicas Besuqueras. "Perseguíamos a los chicos y les dábamos muchos besos hasta que se ponían a gritar. Sólo unos pocos se dejaban besuquear", recuerda. "Tenía dos buenos amigos que después fueron mis novios, y creo que de la escuela llamaron a mis padres porque estábamos frente al colegio manoseándonos y eso, obviamente, perturbaba a la gente que pasaba por ahí."
La familia regresó a Los Angeles cuando Angelina tenía 11. "Y cuando nos volvimos a mudar a Nueva York, yo me había fanatizado con el cuero", dice. "Creo que estaba loca por Michael Jackson, o algo por el estilo. Solía usar camperas de cuero, con alfileres de gancho en los cierres o en las solapas, y le preguntaba a todo el mundo si me dejarían ir a la escuela vestida así..."
Aunque Angelina estudió actuación desde que era chica, en algún momento quiso dirigir una funeraria. "Mi abuela falleció cuando yo tenía alrededor de 9", cuenta, "y a mí nunca... en fin, nunca me desagradaron los entierros, pero siempre sentí que, así como son, no terminan de celebrar de la vida de la persona, y que esa despedida podría ser una cosa hermosa y un momento de profundo encuentro entre la gente. Yo, por ejemplo, no crecí en un hogar como todos; nunca tuve un único domicilio, nunca tuve una casa con un ático donde se fueran amontonando cosas viejas. Por más que ahora me siento muy a gusto viviendo en hoteles, creo sin embargo que me atraen algunas cosas como la tradición y los orígenes, y que tal vez por eso me interesé en algún momento por los entierros".
La pelicula que angelina esta rodando en Los Angeles, con Nicolas Cage y Giovanni Ribsi, es una nueva versión de un film clase B de los años 70, llamado Gone in 60 Seconds [Desaparecido en 60 segundos]. Hace poco terminó de filmar Girl, Interrupted, un largometraje ambientado en un distinguido hospital psiquiátrico para mujeres; allí comparte cartel con Winona Ryder. Antes actuó en un thriller policial (The Bone Collector), al lado de Denzel Washington. Y ahora mismo, en octubre, se pone de nuevo a las órdenes del guionista y director Michael Cristofer, con quien trabajó en Gia.
Angelina ha ganado varios premios, entre ellos dos Golden Globes: uno por Gia y otro por su interpretación de Cornelia, la segunda mujer de George Wallace, en la película biográfica de tnt titulada, precisamente, George Wallace. La noche que Angelina recibió su segundo Golden Globe, lo festejó zambulléndose -con un vestido de Randolph Duke- en la pileta del hotel donde se realizaba la ceremonia.
A principios de este año, los críticos la colmaron de elogios cuando apareció encarnando a una muchacha conflictiva en la novela Playing by Heart. También se la pudo ver pavonéandose de manera memorable en el videoclip de la canción "Anybody Seen My Baby?", de los Rolling Stones.
Angelina empezó a dedicarse seriamente a su carrera cuando tenía 16 años. Se mudó a un departamento propio y se puso a estudiar actuación. Su primer papel fue en una obra de teatro, hacía de una dominadora mujer alemana. Ya por entonces, seis años antes de su primer premio importante, estaba habituada a las grandes galas. La revista Jane publicó hace muy poco una página cubierta de fotos de Angelina a los 11 o 12 años, sonriendo bajo un peinado típico de la década del 80 y con el cuello envuelto en perlas y más perlas, acompañando a su padre en la fiesta de los Oscar. "Me sorprende que haya seguido yendo a esas fiestas después de esto", dice, señalando las fotos de la revista. "Cuando sos muy chica, no es nada sencillo quedarte sentada y tranquila por tanto tiempo. Pero me acuerdo de cuando fuimos de compras con mi mamá, para escoger algo lindo para esa noche especial. Ahora me miro y me veo disfrazada, como si estuviera interpretando un personaje: una de esas mujeres que, suponía yo, le gustaban a mi padre. Aún hoy, mi padre tiene serios reparos sobre cómo me visto."
En el mismo momento en que pronuncia esta frase, Angelina está vestida con un pantalón de cuero negro, una remera blanca -sin nada escrito con sangre- y unas sandalias negras. Tiene unos pies tan grandes, con unos dedos tan largos, que casi parecen manos; si no fuese una actriz y una bomba, podría ganarse la vida haciendo que la gente adorase esos pies. Los dedos de sus manos también son largos.
En su cartera sigue guardando un recorte de The New York Times sobre las cárceles. Estamos ahora en un restaurante y ella devora su bife de costilla. "No como otra cosa que carne roja", me dice, blandiendo su cuchillo y observando el filo de serrucho con un dejo de cariño.
Angelina parece cien millones de veces más feliz que en nuestro primer encuentro, cuando estaba promoviendo Gia. "Esa fue realmente una época muy mala de mi vida", dice. "Pensaba que no tenía mucho más para dar. Me sentía incapaz de equilibrar mi mente con el trabajo. También me daba miedo aparecer en público después de interpretar un personaje como aquél, cuya vida privada era tan vulnerable, al mismo tiempo que su fachada era glamorosa. Así que iba a trabajar, concedía reportajes, pero después volvía sola a mi casa y me preguntaba si algún día podría ser una buena madre o una buena esposa o... no sé, una mujer íntegra. Fueron tiempos muy tristes. Pero pienso que me vino bien todo eso: pasar unos meses a solas, llevar una vida normal, tomar el subte, ir a la Universidad de Nueva York…"
Esos también fueron los años en que empezó a distanciarse de su marido. "Sabíamos que nos habíamos casado jóvenes, que aún nos faltaba crecer y que en algunos casos iba a suceder que creceríamos de manera diferente o en distintas direcciones", admite. "Pero fue muy difícil tomar la decisión de separarnos." Se produce entonces un silencio, sólo interrumpido por el débil rumor de su cuchillo, que rechina en el plato. "No sé si fui una buena esposa", dice, al cabo de un rato. "Supongo que sí, que ese fue mi único consuelo a la hora de tomar la decisión de separarme." ¿Y qué es una buena esposa?, le pregunto. "Ah, no sé. O acaso sí lo sé, y lo que no sé es cómo todo eso afecta hoy lo que siento por él. Con el tiempo aprendí muchas cosas sobre mí. Pero por entonces no entendía qué significan el compromiso, o la libertad, ni cuáles eran los aspectos positivos y negativos de compartir todas las cosas. Mi estima estaba muy baja, así que no me entraba en la cabeza que alguien pudiera necesitarme, ni tampoco me atrevía a pedir afecto, a pronunciar: «Quedáte conmigo». Si perdés la confianza en vos misma, podés perder la pasión por alguien. Y yo no estaba del todo bien como persona; no me sentía completa, supongo, aunque ahora sé que uno nunca está completamente bien, y que eso no es grave."
"Angie siempre dice que la diferencia entre ella y Gia es que ella puede des- ahogarse cuando actúa y que esto la ayuda a conocerse mejor", dice Michael Cristofer, el director de Gia. "Y que, de no ser por la ayuda que esto le brinda, tal vez habría acabado llevando una vida descontrolada como la de Gia. Pero ella es muy responsable como actriz. Su trabajo representa una porción muy importante de su vida y de su identidad; es mucho más que un exhibicionismo, aunque siempre hay una cuota de exhibicionismo en quien actúa. Angelina, sin embargo, lo emplea como un modo de entender mejor al personaje, de comprenderse mejor a ella misma. Ella es como un cazador, ¿sabés? Toda una aventurera."
Angelina me muestra la desordenada habitación que usa como estudio y que queda entre su dormitorio y la cocina. Hay una enorme lanza en un rincón. Veo algunas fotos: una de su madre -al lado de un espejo, de modo que la imagen está repetida-, muy hermosa y un poco seria; otra de su marido cuando chico: usa una capa y un traje sumamente apretado, y saca pecho para mostrarse como un superhéroe al lado de su hermana mayor, disfrazada de bailarina. Pegadas con cinta, al lado del escritorio, hay algunas fotocopias color de cadáveres de gente asesinada; ella las puso allí mientras filmaba The Bone Collector, porque quería acostumbrarse a la idea de tener que ver esas imágenes durante el rodaje, como lo haría cualquier mujer policía. Pero algunas de esas fotos le resultaron tan des- agradables que por poco vomitó al descubrir lo que la gente es capaz de hacer con otro ser humano.
Ahora Angelina reúne algunos dibujos y acuarelas que ella misma hizo, los despliega sobre el suelo y se arrodilla entre ellos. Una amiga, que estuvo cuidándole la casa durante su ausencia, irrumpe para despedirse. ¿Hay algún secreto sobre Angelina que te gustaría revelar antes de irte?, le pregunto.
-Sí -me dice-. Que baila zapateo americano, noche y día.
-¡Se supone que era un secreto! -protesta Angelina, sonríe y vuelve a contemplar su obra pictórica como si se tratara de sus regalos para Navidad.
Ante la misma pregunta -si hay algún secreto sobre Angelina para revelar-, Cristofer afirma: "Le gusta jugar con cuchillos", y se ríe porque lo dicho, claro, no es lo que se llama un secreto.
-Como te decía, ella es una cazadora. Pienso que casi todos nosotros somos unos cobardes. Nos la pasamos en nuestras casas, en nuestros mundos pequeños y cómodos. En cambio, los artistas son aquellos que parten en busca de la aventura, los que abandonan la fogata del campamento y se internan en la penumbra para luego regresar y relatarnos lo que les pasó. Bueno, Angelina es una de esas personas. Creo que la vida es, para ella, una aventura.
Solo una breve posdata, para que ustedes, lectores, no se queden en medio de la penumbra.
Esta es la lista de las cosas favoritas de Angelina, que le pedí que me enviara por fax:
Concentración
Compasión
Dualidad
Para que todos seamos amos y esclavos, hombres y mujeres.
Vino italiano
Sentirse sucia
Darse un buen baño
Autoeducarse
Pasión
Histeria
Y no juzgar a los demás.




