
El difícil arte de filmar la danza, según Angélin Preljocaj y Valérie Müller
El genial coreógrafo francés y la directora, pareja en la vida real, unieron fuerzas en Polina, que se estrena este jueves; basada en una historieta francesa, la película tiene una trama de ficción pero homenajea a Polina Semiónova
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"Desde que empecé a bailar he visto incontables bailarines: algunos estaban dotados; otros, menos, y es evidente que no siempre son los más dotados los que hacen carrera." El coreógrafo francés Angélin Preljocaj, que pasó por el reciente festival Pantalla Pinamar, acumula una vasta experiencia como para afirmarlo. Y la observación se actualiza ante el caso de una (hipotética) joven bailarina rusa que, en la pantalla, se asume en heroína: se llama Polina y en sus comienzos en Moscú debe esforzarse, tal vez porque no está precozmente dotada para el ballet.
Preljocaj, de quien conocimos en Buenos Aires Near Life Experience (Teatro San Martín, 2004) y el bellísimo dúo Le Parc (Alessandra Ferri y Herman Cornejo lo bailaron el año pasado en el Colón), debuta como realizador de un largometraje junto a la cineasta Valérie Müller, su mujer, con esta compleja experiencia fílmica que pasado mañana llega a los cines porteños: Polina (Polina. Danser sa vie) es una historia de ficción que homenajea a una bailarina real, Polina Semiónova. El fenómeno nació en Francia como bande dessinée (historieta) en un libro del dibujante Bastien Vivès, titulado con el nombre de la heroína.
"La complejidad del film deriva de la diversidad de factores que allí confluyen", dice Valérie. "Angélin y yo -sigue- hacemos nuestra primera experiencia de dirigir cine en pareja, basándonos en una creación dibujada y apoyándonos en la actuación de una bailarina muy joven, Anastasia Shevtsova, cuyo personaje, en el film, se va transformando de niña tímida en vigorosa adolescente." La historia de Polina, en efecto, arranca en el teatro Bolshoi, donde soporta la rigurosa disciplina rusa; de ahí salta temerariamente a Francia y a Bélgica, donde la muchachita descubre la danza contemporánea, que le facilita el desarrollo de su identidad como artista.
"Clásico" o "contemporáneo"
Uno de los motivos de Polina se centra en el paso de la dura disciplina clásica a la libertad (relativa) de la danza contemporánea. La durísima marcación del maestro a la pequeña Polina que ilustra la tapa del libro de dibujos es reproducida puntualmente por los intérpretes de carne y hueso en el film. Cabe preguntar al coreógrafo y a la cineasta acerca de la disciplina actual en el Ballet del Bolshoi.

-¿Se perfila tan cruelmente severa como la de la era soviética?
Valérie: -El rigor del Bolshoi está cambiando, así como cambia también el del Ballet de la Ópera de París. Pero de todas maneras todavía sigue siendo muy duro.
Angélin: -Hay una paradoja en el personaje de Polina: cuando en Bélgica cree que encontró la libertad, acaba por desorientarse y no va a ninguna parte. Viene a cuento eso que dice Stravinsky: "El rigor hace a la libertad". Pero no hay que tomar la película como un antagonismo "rigor" versus "libertad".
Valérie: -La mayoría de los bailarines actuales tienen formación clásica. Pero hay reciprocidad: los pedagogos explican cómo la danza clásica se está nutriendo de las técnicas contemporáneas. Diana Vishneva [ex Kírov; después, del ABT], por ejemplo, tiene formación clásica, pero baila cosas contemporáneas.
-Es sorprendente la composición de Juliette Binoche en el rol de la coreógrafa. Pero además en el film ella baila, y muy bien.
Angélin: -Juliette tiene una historia con la danza y con los coreógrafos, por eso la contratamos y la entrenamos durante casi un año. Me observó en mi trabajo para ver cómo un coreógrafo actual se relaciona con sus bailarines y así evitar el clisé de la coreógrafa histérica. Hoy los coreógrafos trabajan con sus bailarines como si fueran sus colaboradores. Además, Juliette bailó en una época con el coreógrafo británico Akran Kham.
-Dice el personaje de Binoche: "En mis ballets, el centro de gravedad es más bajo". ¿Es Preljocaj quien habla?
Valérie -[Ríe.] Sí... Yo escribí la adaptación de la historieta [de Vivès], donde el autor hacía referencia a un ballet de Preljocaj; me pareció divertido crear un personaje inspirado directamente en la personalidad de Angélin. En el paso de los dibujos al cine me divierto con la realidad porque algunos personajes existen; la película es más "realista" que la bande dessinée.
Angélin: -Yo trabajé en Moscú con la pequeña intérprete de Polina niña, y después algunos bailarines del Bolshoi se vinieron a Aix-en-Provence y se integraron a mi compañía.

-¿Podría decirse que, después de rebelarse contra la escuela clásica, Polina se convierte en coreógrafa de sí misma?
Valérie: -Sí. Polina "se entera" de cómo es su personalidad en un claro recorrido de deconstrucción para descubrir quién es ella realmente.
-¿Fue posible repartir estrictamente el rol de cada uno de ustedes dos en el trabajo del rodaje, es decir, Valérie con los actores y la mise-en-scène y Angélin en la coreografía?
Valérie: -Era la primera vez que trabajábamos juntos, así que al principio nos fijamos campos específicos. Pero después había tantas cosas para regular que nos iban surgiendo interrogantes. Entonces él respondía a mis dudas y yo a las de él. Eso creó un trabajo interactivo.
-Se advierte un encadenamiento fluido de secuencias actuadas con las danzadas. ¿Apelaron a viejos modelos, como los films de Gene Kelly o la emblemática Las zapatillas rojas?
Angélin: -Hay algo en común entre esos films y Polina: como en aquellos clásicos, los intérpretes que hablan y los que bailan son de verdad los mismos. Aquí no hay "dobles", como en los films comerciales con esta misma temática. Quedaría muy a la vista la diferencia entre el actor y el bailarín que componen un mismo personaje: la cámara capta la dinámica del cuerpo.
Valérie: -Hay que seguir a los cuerpos en sus evoluciones y formas, tanto en los planos amplios del movimiento como en detalles de zonas del cuerpo. Si se "doblan", la diferencia de calidad de movimiento entre una escena actuada y otra bailada es absolutamente perceptible.
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