El Dogma experimenta en la Argentina
Tres jóvenes directores argentinos filmaron según las reglas del danés Von Trier; el producto se verá hoy, a las 21.30.
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Hoy, a las 21.30, en el cine Cosmos, el público podrá asistir al resultado del primer taller del Dogma 95 que se realiza en el mundo, del que participaron tres realizadores argentinos: Gregorio Cramer, Víctor González y Gabriela Golber.
El Dogma 95 se trata del gran renunciamiento que decidió hacer un director rico como Lars von Trier, quien cuenta con todos los medios para filmar en su país, pero que en determinado momento decidió "ceder control" y buscar una salida creativa dentro de determinadas autoimposiciones.
El director de "Contra viento y marea" y "Los idiotas", Von Trier, que no vino al país por su conocida fobia a los aviones, verá la semana próxima en su casa el material del Taller. Y, al parecer, tanto interesó a los daneses que estuvieron presentes la realidad del cine local -involuntariamente dogmática a falta de medios- que, junto con algunas imágenes tomadas del festival, se exhibirá en Dinamarca un documental que será emitido por la televisión de ese país, que financia las películas realizadas bajo las reglas del Dogma.
Supervisados por el asistente de dirección de Von Trier en "Los idiotas", Kristoffer Nyholm, y por uno de los protagonistas de esa película fundacional, Jens Albinus, los talleristas recibieron, además de una charla teórica, una pequeña cámara de video digital, cassettes para rodar un límite de tres horas un fragmento de "algo" y una fecha límite de entrega: "ayer", esto dicho en todo sentido: por el martes, por el poco tiempo para desarrollar el trabajo.
La Nación asistió a la concreción de la última etapa del taller, la edición de esos fragmentos en el laboratorio Videocolor, en Villa Crespo. El primero que editó fue Gregorio Cramer, de 28 años, cuya ópera prima "Invierno, mala vida", se está exhibiendo en el Festival: "Nuestro trabajo no tiene más pretensiones que el de un simple ejercicio. En realidad, la idea fue ponernos en aprietos, que las cosas nos excedan, una manera de forzarnos a hacer algo espontáneo e improvisar. Yo creo que la idea del Dogma como taller práctico sirve para desestructurar directores". Su fragmento, de ocho minutos, que cuenta el peregrinar de una adolescente que se siente sola, fue filmado en interiores de un departamento, en Recoleta y en la Torre de los Ingleses. Víctor González, de 40 años (ganador del premio de guión La Nación , y director de "Ciudad de Dios", que también se exhibe en la muestra independiente) estaba a punto a comenzar a editar cuando llegó la cronista. "Tengo tres horas de material filmado y quisiera dejarlo en 15 minutos. Es que me embriagué con el trabajo de los actores. Eso es lo extraordinario del Dogma: revierte la relación con ellos teniendo en cuenta que una de sus reglas dice que la cámara tiene que estar allí donde están los actores y no los actores para la cámara. Jens, que es un gran intuitivo, vino el domingo a la filmación y a la tarde estuvo Kristoffer, que es mucho más racional. A esa altura del día, y después de estar horas improvisando, los actores estaban como pidiendo más información, querían saber qué les pasaba con sus personajes."
Kristoffer Nyholm, paciente, sonríe, los entiende. Y cuenta que para el largometraje "Los idiotas" se filmaron más de 100 horas, material crudo que, por sí solo, fue mostrado en una galería de París. "En definitiva, el Dogma es un gran chiste -apunta Kristoffer-. Lars es así, no para de hacer chistes. Yo creo que el humor es lo que lo mantiene vivo. Pero él no se burla, se toma el chiste con seriedad."
Espontáneamente preparado
En Buenos Aires, Nyholm se convirtió en una suerte de vocero del Dogma. Ha asistido a todas las funciones de "Los idiotas" y ha conversado con el público aun después de la proyección del making off, "Los humillados", realizado por Jasper Jargil, en donde se desmitifican muchas reglas del Dogma. De allí se deduce que en "Los idiotas" todo está espontáneamente preparado. Por ejemplo, para una de las secuencias decisivas, la de Karen y Suzanne, se realizaron unas 60 tomas.
"El Dogma cuestiona la forma de trabajo de la industria del cine, que está yendo en círculos -asegura Kristoffer Nyholm-. Todos los cuestionamientos de la nouvelle vague en los 60 desaparecieron y es un problema general de todas las artes. Hay una forma muy materialista y autosuficiente de mirar el mundo. Nuestros films subvierten ese modo materialista de pensar."




