El dueño de la mejor frase de toda la historia de Hollywood
adiós. El guionista William Goldman, fallecido en las últimas horas, retrató como nadie lo que significa hacer una película: "Nadie sabe nada"
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"Nadie sabe nada". Si hasta ahora esta frase era una aliada inmejorable para explicar por qué una película armada para convertirse en un éxito resonante termina en un sonoro fracaso, y viceversa, la muerte de su autor, el guionista William Goldman, la elevó todavía más a la condición de primera ley de hierro del cine.
Al despedirlo en las últimas horas como tantas y tantas figuras influyentes en la industria del entretenimiento, el columnista de Variety Peter DeBruge dijo lo que todos piensan y creen. El "nadie sabe nada" de Goldman es la mejor frase en la historia de Hollywood, la expresión más perfecta jamás dicha para entender en tres palabras cómo funciona esa maquinaria. Y entender hasta aquello que podría escapar del más elemental y básico entendimiento.
Goldman no solamente fue un extraordinario guionista, que supo adaptar al cine textos propios (se reconocía por sobre todo como un novelista) y ajenos luego transformados en historias de recuerdo perdurable, de Butch Cassidy a Maratón de la muerte, de Todos los hombres del presidente a Poder absoluto. También hizo más que nadie para que entendiéramos el lugar que ocupa el guionista en el funcionamiento del cine de Hollywood.
"Los guionistas siempre han sido personajes secundarios en Hollywood. Pero pregúntenle a cualquier director y les dirá que él es tan bueno como lo es el guion de su película", explica al comienzo de su contribución al libro The Movie Business Book, uno de los textos de referencia más consultados de las últimas décadas sobre la industria del entretenimiento. Mel Brooks, Sydney Pollack y Henry Jaglom, por ejemplo, sumaron sus firmas desde cada uno de sus respectivos lugares en la industria.
"La gente se pregunta -agrega- por qué hay más interés que nunca en el trabajo de los escritores y por qué ellos obtienen tanto dinero por su trabajo, teniendo en cuenta que los actores hacen lo suyo a la vista de todos y que los directores controlan la concepción visual. La respuesta es que todo empieza por las palabras: el guion". Goldman suma con cierto cinismo una coda a estas definiciones. Dice que desde hace mucho tiempo Hollywood decidió que la mejor manera de mantener callada a una persona es pagándole de más.
Eso no le impide hacerse oír, aunque en algunas de las decisiones definitivas reconoce que hay gente capaz de ejercer mayor influencia, como las estrellas o los directores. Y da un ejemplo concreto, el de Butch Cassidy, que le dio su primer Oscar en 1969 (el segundo fue en 1977, por Todos los hombres del presidente). Cuenta Goldman que escribió el guion de esa película con la mente puesta en Paul Newman como uno de los protagonistas, como en verdad ocurrió. Pero en ese momento Goldman imaginaba a Newman en el papel de Sundance Kid. Hasta que George Roy Hill, director del film, le propuso a Newman (erróneamente, según Goldman) convertirse en Butch Cassidy. El actor se entusiasmó, entre otras cosas porque no tenía muchas ganas de ser Sundance Kid, papel para el que finalmente fue convocado Robert Redford.
"En general me puso muy contento todo lo que pasó con Butch Cassidy. En varios aspectos resultó mejor de lo que escribí. En otros, no. Y en algunos otros fue diferente. Mi guion era mucho más oscuro y, según creo, la película no hubiese resultado tan exitosa. Por eso, la mayor parte del crédito la tiene el director George Roy Hill", puntualiza. Toda una definición sobre cómo debería actuar un guionista en su vínculo con los otros protagonistas influyentes de una película que se está haciendo. "Un guionista -explica allí- se siente bendecido cuando encuentra un director dispuesto a trabajar muy cerca de él mientras se prepara para la producción. Y el mejor momento es el de las conversaciones entre autor y director antes de empezar el rodaje".
The Hollywood Reporter rescató otra definición antológica de Goldman. Decía que para un autor escribir nada más que guiones era algo que menospreciaba su alma. "Uno puede tener suerte y hasta hacerse rico, pero con toda seguridad nunca será una persona feliz", señaló en 1983. También sostuvo que el modo en que se hace una película refleja la mentalidad de los ejecutivos, y el modo en que esa película tiene éxito refleja el comportamiento del público. "Y la verdad -remató- es que no tengo la menor idea de qué es lo que le gustará". Nadie sabe nada. ß





