Ted Turner: apogeo y ocaso de un visionario de los medios
Creó en 1980 el modelo informativo que mejor se adaptó a la globalización y varias señales con su nombre que todavía siguen activas y en pleno funcionamiento
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El apogeo de Cable News Network (CNN) en el mundo quedó a la vista en el tramo final de los años 80 y el comienzo de la década siguiente cada vez que el mundo periodístico se congregaba una vez por año en Atlanta para participar de la conferencia World Report.
A lo largo de una semana, la cadena informativa creada por Robert Edward Turner hacía cada año desde su cuartel general una gigantesca demostración de fuerza. Medio centenar de los mejores periodistas del mundo y ejecutivos de las principales empresas globales de medios compartían allí diálogos sobre el estado de la información, discutían posibles estrategias para mejorar el vínculo entre las empresas noticiosas y el mundo y conversaban con líderes globales especialmente convocados para sumarse al debate.
Al frente, por supuesto, como un anfitrión todoterreno, estaba Ted Turner. Orgulloso del crecimiento de su mejor creación, recibía en persona a los invitados en el atrio del principal salón de su poderoso conglomerado mediático y les daba la mano, uno por uno, dándoles la bienvenida junto a Jane Fonda, que por ese tiempo era su esposa.
Después se reservaba un tiempo especial para el mayor momento de esparcimiento en medio de las discusiones: un partido de la temporada regular de la Liga Nacional de béisbol en el estadio de los Atlanta Braves (también de su propiedad) al que no faltaba casi ninguno de sus invitados. Con un hot dog en la mano y la infaltable gorrita azul marino de su equipo, con la visera roja y una “A” blanca bordada en el frente, Turner disfrutaba mezclándose en los entretiempos con selectos invitados y anónimos fans y conversando con ellos.

Turner nunca pasaba inadvertido. Tenía la postura, el gesto y la voz (firme, potente) de los que están acostumbrados a mandar y ejercía esos atributos con el mismo espíritu tanto en las charlas ocasionales de alguna velada deportiva (en el estadio de los Braves y también junto a los Atlanta Hawks, el equipo de la NBA que también adquirió) como en las reuniones de directorio de su imperio mediático.
La joya de ese holding era la CNN, cuyas transmisiones se inauguraron en 1980. “El primer día de junio comenzaremos a transmitir y, evitando problemas futuros con el satélite, jamás saldremos del aire”, dijo solemnemente Turner en la presentación de la cadena que mostraría, mejor que ninguna otra señal televisiva con su nombre, que la figura que acaba de fallecer a los 87 años era por sobre todas las cosas un visionario.
En los grandes libros de historia de los medios, CNN será recordada como el mejor ejemplo de acompañamiento de la globalización desde el ámbito de la TV. A partir de sus transmisiones ininterrumpidas durante las 24 horas con una llegada inmediata a los receptores de todo el planeta aprovechando el surgimiento de la TV por cable, la cadena fue impedimentolista por primera vez en la historia para seguir en vivo y en tiempo real cualquier hecho significativo y de valor periodístico en cualquier lugar del globo.
Gracias a CNN entendimos algo completamente nuevo y desconocido hasta ese momento: ya no había ningún obstáculo técnico, geográfico u horario que nos impidiera alcanzar ese objetivo. El único impedimento, que podía aparecer era político. Si en algún lugar se le negaba el acceso a esas transmisiones o se ponían restricciones para el ejercicio de esa tarea, quedaba a la vista que el único ejercicio posible del periodismo estaba en las sociedades abiertas. El invento de Ted Turner se convertía así en un ariete esencial de cualquier defensa de la libertad de información. En la vereda de enfrente quedaban todos los autoritarios de turno.
Desde ese momento, CNN se transformó en la inesperada cuarta pata de un escenario hasta allí dominado por las grandes cadenas tradicionales de la TV estadounidense (ABC, CBS, NBC) que capitalizaban desde allí una suerte de dominio global del espectro informativo surgido de la TV. Turner también logró desplazar con su creación el eje de influencia de ese ejercicio informativo desde el centro neurálgico de Washington y Nueva York hasta la periférica Atlanta, que pasó a convertirse inesperadamente en una de las capitales del mundo mediático. Hubo un momento en que el imperio Turner fue visto con mayor poder e influencia que las marcas icónicas (Coca-Cola, Delta Airlines) identificadas con esa ciudad.
La primera Guerra del Golfo fue el acontecimiento que puso en marcha ese inédito modelo de transmisiones globales, en vivo y en directo, de hechos de significación mundial. La idea misma de la globalización, hasta allí planteada solo en términos teóricos, encontraba una manifestación práctica fácil de entender e interpretar en todas partes y por toda clase de públicos.
De la mano de sus presentadores, corresponsales, analistas y entrevistadores estrella (Bernard Shaw, Christiane Amanpour, Peter Arnett, Wolf Blitzer, John King), CNN encontró también el reconocimiento de una audiencia global. El carismático Larry King, con su talk show diario de entrevistas, extendió a toda clase de figuras el abordaje periodístico de la cadena y logró alivianar una agenda que por lo general se concentraba en la información más dura. Buena parte de los 40.000 programas de Larry King Live se hicieron con figuras del espectáculo, deportistas, empresarios y toda clase de personalidades públicas. Esta distensión fue fundamental para los planes de la cadena, que se fue abriendo hacia una programación más amplia y diversificada. Larry King no tardó en convertirse en la primera gran estrella de la TV globalizada.
Entre la innovación y las críticas
Pero CNN no fue el primer hito en la carrera mediática de Ted Turner. Se valió de esa verdadera revolución televisiva para llevar todavía más lejos lo que ya venía funcionando bajo su conducción en la década del 70, una empresa productora y proveedora de contenidos para la TV por cable (películas, series clásicas, programas deportivos) que se expandió a través de una “superestación” satelital.
El mapa de medios de Turner empezó a sumar fichas. En 1986 sumó la filmoteca clásica de MGM a su primer catálogo de películas, enfrentando más tarde los justificados cuestionamientos de quienes se enojaron con él por su insistencia en “colorizar” títulos históricos originalmente estrenados en blanco y negro.
En 1988 lanzó TNT (Turner Network Television), marca que perdura hasta hoy en los sistemas vigentes de TV por cable con variada producción audiovisual que llegó hasta la cobertura de las entregas de premios y transmisiones del Oscar. Y en 1991 incorporó a sus filas Cartoon Network, señal innovadora en todo sentido para el mundo audiovisual de la animación.
Ese afán abarcador fue todavía más lejos. Después llegaron TCM (Turner Classic Movies, sinónimo hasta hoy del mejor cine clásico en los Estados Unidos), los estudios de cine New Line Cinema y Castle Rock, la editora de video hogareño Turner Home Entertainment, la editora de libros Turner Publishing y firmas dedicadas a la educación y al incipiente desarrollo de la interactividad en los medios.
Como si se anticipara (como tantas otras veces) a los acontecimientos, Turner decidió desprenderse de CNN y venderla junto al resto de sus canales a Time Warner en 2006 a cambio de 7500 millones de dólares. Se convirtió en ese momento en vicepresidente (hasta 2003) y luego consejero del holding, cargo al que renunció en 2006, desprendiéndose al mismo tiempo del control de la mayoría de las acciones que estaban en su poder. Empezaba a tener otros intereses, ajenos a los medios, mientras su creación más preciada atravesaba sus horas más bajas.
En el éxito de CNN también estaba latente el origen de su prolongado y posterior ocaso. Fue tan pródigo y lucrativo ese modelo global de transmisiones ininterrumpidas que sus competidores fueron encontrando de a poco la fórmula para adaptarse primero a ella y luego para tratar de mejorarla o superarla con ideas diferenciadas. A la vez, la cadena debió afrontar varios problemas internos: sucesivas crisis de conducción, decisiones no siempre afortunadas y bien recibidas en materia de programación, una estructura a menudo superpoblada en las áreas gerenciales y el eclipse o alejamiento de algunas de sus principales figuras. Con el tiempo empezó a admitirse como un gran error el reemplazo de las noticias por segmentos comentados, talk shows o programas livianos demasiado parecidos a lo que algunos de sus competidores hacían mejor.
Aunque la cadena supo adaptarse en más de una ocasión a los nuevos tiempos, logró exitosamente lanzar su versión en español (canal que sigue activo y presente en los principales servicios de TV por cable) y sobrellevó con profesionalismo y nuevos rostros algunas etapas problemáticas, algunas decisiones en momentos clave de cambios no funcionaron, como la fallida entrada de CNN en el mundo del streaming con un modelo de suscripción que no logró los frutos esperados.

Para complicar todavía más las cosas, la administración encabezada por Donald Trump siempre tuvo en la mira a CNN desde su primer mandato, cuestionando la línea editorial de la cadena y reclamando cambios que se hicieron cada vez más ostensibles en la actual presidencia. A pesar de mantener su influencia en momentos importantes (como las insuperables coberturas de las jornadas electorales en los Estados Unidos), tuvo que aceptar la realidad de un rating en baja y una pérdida de influencia frente a sus competidoras en los horarios más importantes de la grilla.
El fallecimiento de Turner se produce en el momento en que CNN parece enfrentar el mayor desafío de su historia. La cadena quedó dentro de la gigantesca, compleja y multimillonaria operación por la cual Paramount Skydance adquirió a cambio de 111.000 millones de dólares los activos de Warner Bros. Discovery, su actual dueño, hasta que los organismos reguladores del gobierno de los Estados Unidos convaliden el acuerdo.

Al comentar la muerte de Turner, Trump dijo que CNN fue “destruida” por lo que calificó como una “cobertura progresista” de la realidad y pidió, como vino haciendo muchas veces en el pasado, un cambio rotundo de administración y conducción para la cadena. Poco antes, Christiane Amanpour, una de las figuras históricas de CNN, hizo pública su inquietud frente a lo que pueda pasar una vez que Paramount Skydance y Warner Bros. Discovery se integren definitivamente.
“Me preocupa por lo que ya sucedió con CBS News y su reorientación ideológica, con la posible destrucción de un programa emblema como 60 Minutos. Creo que perderíamos lo más básico: la independencia editorial”, dijo la periodista. CBS News adoptó una orientación más “diversa” en palabras de David Ellison, el máximo ejecutivo de Paramount Skydance, nuevo dueño de esa cadena informativa.
También en las últimas horas otro magnate de los medios en Estados Unidos, Barry Diller, dijo que si tuviera la oportunidad compraría CNN ya mismo. “Por supuesto que lo haría esta noche y mañana mismo antes de que la arruinen todavía más. Antes de que se extinga, algo que no va a suceder”, agregó Diller, que sigue considerando a CNN “tan preparada para la innovación como no se vio en los últimos 10 años”.
Lo que Diller y algunos otros exponentes de la industria audiovisual temen es que CNN resulte una de las víctimas del “proceso brutal” derivado de la fusión entre Paramount y Warner Bros. Discovery. Lo que lleva de vuelta a las palabras pronunciadas por Ted Turner en la transmisión inaugural de la cadena, 46 años atrás: “El día que termine el mundo estaremos allí para cubrirlo en vivo. Ese será nuestro último programa. Después pondremos el Himno Nacional y eso será todo”.
La incógnita queda planteada: si la implacable realidad terminará o no desmintiendo por primera vez la mirada de un auténtico visionario, cuyo nombre permanece activo, vigente y en pleno funcionamiento a través de canales y señales que siguen llevando su nombre.
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