
El folklorista que escribió sus "hits" desde la cárcel
Raly Barrionuevo, que hoy toca en Niceto, recupera la obra del Chango Rodríguez
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Raly Barrionuevo y León Gieco están en la ruta entre Santiago del Estero y la ciudad de Frías. Los dos músicos van a cantar para el Movimiento Campesino de Santiago del Estero. Están absortos por el paisaje bucólico del monte santiagueño y la visión de los cerros que bordean la frontera con Catamarca. En ese momento, suena una zamba del Chango Rodríguez en el estéreo del auto que maneja Raly. "Cuando terminamos de pasar la montaña y se ve todo el llano del otro lado, León me dice: «Loco, no puedo creer esta tarde tan hermosa, con este paisaje tan hermoso y escuchando esta hermosa música». Ahí le tomé un amor muy fuerte a esa música del Chango, y de ahí en más soñaba con hacer un trabajo con sus canciones", evoca el músico santiagueño.
Raly lo recuerda como un momento imborrable en su vida: León, en su auto, escuchando juntos al Chango Rodríguez. Todo encajaba y todo sigue encajando hoy, años después de esa experiencia, cuando decidió grabar el disco Chango, dedicado a la obra del Chango Rodríguez: autor de los éxitos más populares del folklore de los sesenta -"Luna cautiva", "Vidala de la copla", "De Simoca"-, bohemio y protagonista de una vida intensa de ribetes trágicos, que se desencadenaron tras matar a un hombre en una discusión casera.
"El Chango para mí se trata de una persona que estuvo negada por la historia de la música popular por sus años en la cárcel. Me cuenta gente grande que lo visitaba después de salir y que la sociedad cordobesa fue durísima y le dio prácticamente la espalda. Igual al otro día de salir de prisión ya estuvo en el programa de Pipo Mancera", cuenta Raly, que busca reivindicar su figura olvidada, a pesar de que es uno de los autores más cantados del género.
Durante sus cinco años en la cárcel (fue exonerado por un indulto de Juan Carlos Onganía, que le permitió la libertad condicional el 11 de septiembre de 1968), el Chango Rodríguez escribió sesenta canciones, entre las que se encuentra la popular "Luna cautiva". Se casó dentro de la prisión con "la Gringa" (Lidia Haydée Margarita Bay), que inspiró su copiosa obra (alrededor de 400 temas) y no pudo ir al fallecimiento de su madre porque estaba encerrado. Ese suceso despertó otra de sus grandes canciones "De mi madre" (que escuchándola en la voz de Raly Barrionuevo parece dedicada a su propia madre y su historia familiar).
"A pesar de todo lo que vivió, se fue rehaciendo. Tuvo artistas y gente que lo acompañaron hasta último momento y pudo volver a trabajar. Debe de ser una situación tremenda salir de prisión y tener una sociedad que te mira con prejuicio. Pero siento que eso no pasó con sus canciones. Creo que sus temas han trascendido en las clases sociales medias y bajas, para quienes el Chango es un Dios. En esas peñas donde la gente junta toda la semana para ir a comer unas empanadas y tomarse un vino, suena el Chango. Hay varios músicos que lo han descubierto ahora. Sería una pena no ver esas canciones tan hermosas y que tienen un profundo sentir popular. Para mí, su figura tiene cierta mística que lo liga a Johnny Cash, que también creó todo un mito carcelario, a partir del disco Folsom Prison Blues (1957). Eso me parece interesante. Rescatar al Chango como artista en toda su dimensión."
El álbum grabado en tres canales (dos mics para la guitarra y uno para la voz) por su ingeniero Tevy Cabotti en Villa Allende (Córdoba) es un proyecto especial para el músico, fuera de su agenda de conciertos y presentaciones. De hecho, está en la ruta con un nuevo disco bajo el brazo El sueño de los viajeros, un álbum en directo con toda su banda que será más parecido a lo que viene a presentar hoy y mañana a Niceto Club. Pero hablemos de Chango.
Este disco conceptual tiene mucho que ver con su llegada a Córdoba, el lugar que eligió para vivir hace dos décadas. Son nueve versiones arregladas y grabadas en primeras tomas de "Zamba de abril", "Corazón santiagueño", "Luna de Tartagal", "De mi madre". "Vidala de la copla", entre otras. Es un álbum intimista y acústico, de una delicada belleza sonora, donde el cantor muestra sus cualidades como crooner folk y diestro guitarrista, capaz de coquetear con el sonido de Nashville y el tejido sonoro del monte santiagueño.
"Tenía varias ideas -cuenta Raly. Primero quería hacer una cosa grande con la banda de vientos. Un día bajé a tierra y comencé a armar algo con la guitarra. Me gustan los discos con viola sola como los de Silvio Rodríguez, Cafrune, Yupanqui y los últimos que produjo Rick Rubin para Johnny Cash con guitarra acústica. Me gustan esos álbumes de guitarra y voz, pero sentía que no me la bancaba ni ahí. En estos últimos años, aprendí mucho a tocar la guitarra. Llevó su tiempo de maduración. Para hacer Chango necesité aprender mucho."
El disco termina siendo autobiográfico. A través de las canciones del Chango Rodríguez, el músico santiagueño hace un recuento de los primeros recuerdos que tiene cuando llegó a Córdoba con una mano atrás y otra adelante, la dureza de la gran ciudad y la nostalgia del pago chico. "Hay cosas que tienen que ver puntualmente con mi vida en Córdoba cuando llegué en el 90. Recuerdo que nos bajamos del tren con mi hermano cagados de frío y nos fuimos a una pensión. Hacé de cuenta que habíamos llegado a Nueva York, para nosotros que veníamos de un pueblito como Frías. De a poquito, nos fuimos encontrando en Córdoba y esa zona de Alberdi, donde terminamos viviendo. Es el barrio donde está el Club Belgrano, donde se gestó la reforma universitaria, el Cordobazo. Nosotros vivimos ahí y andábamos esas calles todos los días y eso tiene que ver con cantar la zamba «De Alberdi» porque vivía a una cuadra y me pasaron muchas cosas ahí. También es una agradecimiento a este lugar que me ha puesto las dificultades que me tuvo que poner y me ha dado lo que me tenía que dar. Realmente me tuve que hacer bien de abajo en Córdoba. No me regaló nada y, a la vez, fue muy generoso conmigo."
Acá está el Chango Rodríguez que Raly imaginó y que le hubiera gustado conocer: el andariego, el bohemio, el inventor de ritmos, el poeta pensador, el que se rehizo tras la condena de la sociedad, el renegado y el cancionista que entró en el corazón del pueblo. En este disco, están todos los Changos posibles que Raly imaginó en una guitarra y en una voz. Tocando de nuevo sus canciones se reencontró con los misterios de ese autor fallecido el 7 de octubre de 1975 mucho antes de que él naciera.
"El tipo era muy de la noche y de aquella Córdoba muy bohemia. Hay muchas anécdotas de él en todos lados. Conozco mucha gente que lo conoció y habla de su generosidad. Hay interminables historias sobre todo en Unquillo [donde Raly vive actualmente], un lugar que quería mucho y donde vivió uno de sus grandes amigos que fue «el Negro» Gerardo López de los Fronterizos, el primero que llegó a la comisaría cuando lo detienen al Chango. También era un tipo que andaba por muchos lugares. Cuando estuvo en Tartagal compuso un tema. Se fue a Santa Cruz de las Sierras y escribió otro. Cuando estuvo en Tucumán y Santiago del Estero dejó su testimonio en canciones. El tipo era un caminante y con un carisma muy especial. Su vida fue de película."




