
El hombre de la risa
Hoy se cumplen 22 años de la muerte de Pepe Biondi, el genial cómico que marcó una era del género en la TV y cuyo programa es el más visto de la señal Volver
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Eran las dos de la madrugada del 4 de octubre de 1975. Biondi ya se había acostado, mientras su mujer, Teresa, terminaba de lavar la cocina. Cuando secó el último plato se recostó al lado de él a hojear el diario. El primer suspiro no la inquietó, pero el segundo consiguió alarmarla. Apartó el diario y le preguntó si se encontraba bien. Como su marido no le contestaba, supuso que dormía plácidamente. Pero el tercer suspiro la terminó de convencer de que las cosas no andaban bien. Lo giró y vio cómo dos lágrimas le rodaban por la mejilla. En ese momento se dio cuenta de que Pepe se iba para siempre.
Pepe había nacido el 4 de septiembre de 1909, en la cortada Baigorri, a pocas cuadras de Caseros y Entre Ríos. Tenía 66 años cuando la muerte lo sorprendió, luego de mucho sufrimiento tras una larga enfermedad. Era el tercero de ocho hermanos y la miseria lo persiguió desde recién nacido.
Al lado de la casa natal de los Biondi existía un baldío que en muchisimas ocasiones era ocupado por circos que levantaban sus carpas allí. Tal era el caso del circo de los Hermanos Anselmi, que recaló por esos lugares cuando Pepe era un niño de seis años. Juan Bonamorte, un payaso negro de origen brasileño al que todos conocían por el apodo de Chocolate, puso especial atención en este chiquillo que todas las tardes iba a presenciar el espectáculo.
Sin consultarlo, le propuso a la madre llevarlo de gira para trabajar con ellos. La mujer ni siquiera preguntó qué era lo que un chiquillo de seis años podía hacer en un circo, soló pensó que allí comería todos los días y que en su familia habría una boca menos que alimentar.
Angela, así se llamaba su madre, llamó al pequeño, lo sentó sobre sus rodillas, lo abrazó y le dijo que quizá nunca entendería ni perdonaría lo que estaba haciendo, pero que era lo mejor para todos. Se sacó una cadenita con una medalla de lata que tenía, se la puso a su hijo, le dijo: "Que Dios te bendiga", y rompió a llorar.
Biondi jamás olvidaría ese momento. Nunca juzgó a sus padres por el abandono. Lo atribuyó a muchas cosas: miseria, ignorancia, desesperación, pero jamás los condenó por el acto que lo llevó a vivir una niñez tan desgraciada que lloraría hasta el último día de su vida.
Aprendiendo el oficio
Muchos años después, siendo Pepe ya abuelo, la revista Esquiú le obsequió un medallón con una imagen de la Virgen. Fue al cementerio de Lanús, donde se encuentran sus padres, y le dijo a su madre: "Mamá, te devuelvo lo que me diste. Es más grande, pero no importa. Vos te lo merecés". Y se lo dejó en la tumba.
Cansado de las tantas palizas que le propinaba el payaso Chocolate, un día decidió escaparse del circo. Regresó a su casa y en vano intentaron que volviera. Ni el mismo administrador, que fue a buscarlo hasta el ranchito de Lomas de Zamora, lo pudo convencer. La miseria que reinaba en su casa lo obligó a buscar trabajo. Se puso a vender diarios junto a uno de sus hermanos mayores; no era la profesión de su vida, pero al menos estaba a salvo de las golpizas del payaso.
Hacía un año ya que era canillita en la esquina de Garay y Bernardo de Irigoyen cuando, un día, Pepe sintió un tirón en los diarios desde atrás. Grande fue su sorpresa cuando reconoció al tony Pachequito, un viejo compañero del circo.
Pachequito le sugirió que se dedicara al varieté, que con lo que había aprendido en el circo era más que suficiente para trabajar en eso: "Te voy a presentar a José Donato, un amigo, que necesita un "volante", y es lo que vos mejor hacés". En el circo, el portador es el que está abajo, el que sostiene, y el volante es el que hace las pruebas acrobáticas.
Donato, a pesar de que Pepe tenía sólo 15 años, le tomó una prueba en su casa y ahí mismo lo contrató como su compañero; formaron un dúo que se llamó The Donalds. El contrato era por una semana, a renovarse; el dúo duró tres años.
Tras esta experiencia, a Pepe lo contrataron como tony para el Circo Londres, que iba iniciar su temporada en Mar del Plata. Allí comenzaría a realizar rutinas de acrobacia cómica, un primer antecedente como libretista, que se vería profundizado por un accidente que precipitaría esta decisión.
En 1941, durante una gira con un espectáculo cómico de catch por Chile (ya con Dick, su pareja cómica durante muchos años), Biondi, luego de una exigida acrobacia, no hizo pie sobre los hombros de su compañero y cayó de espaldas sobre la pista. Los médicos no tuvieron ninguna duda: fisura de vértebras. El mundo se le desmoronaba, debía superar alrededor de un año de rehabilitación.
El comienzo del éxito
Pepe creía que era el final de su vida artística, pero existía una posibilidad que alguna vez ya había barajado: cambiar las características del espectáculo, hacer un show netamente hablado, basado en sketchs cómicos. Lo contrata La Caravana del Buen Humor, espectáculo radial de Los 5 Grandes del Buen Humor. En un principio, Biondi tiraba las ideas y Máximo Aguirre hacía el guión; no ganaba lo mismo, pero por lo menos tenía trabajo.
Luego de esta experiencia, Biondi ofrece su show cómico en los cabarets de la época: el éxito es arrollador. Comienzan las giras por América y España.
Al recalar en Cuba, Goar Mestre, presidente de la CMQ, le ofreció llevar el show a la televisión. Fueron muchos años de éxito hasta la llegada de la revolución cubana, liderada por Fidel Castro.
Goar Mestre viene a Buenos Aires a dirigir el Canal 13, y desde aquí lo hace llamar a Pepe, que se encontraba trabajando en Venezuela. Pepe debuta en el canal de Mestre el 7 de abril de 1961, a los 52 años. Biondi estaba muerto de miedo: "Soy un desconocido en mi país, me pueden recordar como acróbata, pero no como cómico".
Con el rating en la manga
El temor comenzó a diluirse a partir del primer programa, y se desvaneció por completo el día en que el gerente del canal lo llamó y le dijo: "Lo felicito, su programa tocó los 65 puntos de rating". Fueron 10 años de romance ininterrumpidos con el público argentino y un récord de audiencia aún no superado en la televisión argentina.
Vivió 66 años llenos de alegrías y de tristezas: con una niñez muy desdichada y una adultez plena de enfermedades, producto de la miseria. Pero Pepe nunca se rindió, dio batalla y la ganó, tuvo una mujer maravillosa, Teresa, y una hija que lo amó incondicionalmente y que le dio dos nietos que eran su locura. Finalmente, la muerte lo venció, el 4 de octubre de 1975, pero había logrado conquistar miles de corazones. Los de sus íntimos y los de innumerables televidentes que lo seguían semana tras semana por ese aparatito que en aquel entonces era blanco y negro y sólo tenía cuatro canales para elegir.
Un éxito de la TV que no pasa de moda
"Viendo a Biondi" se ha transformado en el programa más exitoso de la señal de cable Volver.
"Los 90 capítulos de media hora que tiene Volver de "Viendo a Biondi" se emiten ininterrumpidamente desde que comenzó el canal, hace tres años. Es el único programa que, insistente y continuamente, piden los televidentes y el primero en ser subtitulado para que todos puedan disfrutar de él", explica Nicolás Elebi, de Volver.
Actualmente, "Viendo a Biondi" se emite los miércoles a las 21 (capítulo doble) y los domingos a las 20, subtitulados. Debido al éxito del programa, cuando Volver debe lanzar un programa de producción propia, como "El acomodador", lo programa a continuación de Biondi.
La repercusión del programa no es nueva. "Fue el primer programa que se repitió en la televisión abierta local: el 13 lo pasó en el 69, a mediados del 70 y a comienzos de los 90", enumera Elebi, quien considera que hay otros programas de Biondi, en color, que permanecen en el extranjero.
"Siento lástima por el niño que fui"
Tres citas textuales y tres anécdotas que definen, aunque sea sintéticamente, al gran Pepe.
- "No querría vivir otra vez mi vida. Fue muy dura para mí. Me he pegado los sustos más grandes que nadie se pueda imaginar. Estuve en la revolución del 30 como soldado y las balas rebotaban al lado mío, casi me mato en un avión; una vez me dijeron que mi mujer tenía cáncer; me operaron nueve veces, tuve dos infartos y tres hemorragias tremendas. No, no quisiera tener que vivir todo otra vez."
- "Siento lástima por el niño que fui. Todo niño necesita el amor de sus padres. Nadie, y menos los que no lo han vivido, se imaginan lo que es la soledad de un niño. Por eso, me alegra su inocencia, porque sé lo que cuesta mantenerla en algunos casos. Ellos son los únicos que me devuelven la alegría de vivir que fui perdiendo poco a poco por el camino. Yo nunca lo busqué, mi humor no fue nunca dirigido a los pibes; ellos solos me siguieron porque descubrieron algo en mí que era para ellos."
- Alguna vez, un periodista le hizo una nota conjunta a Pepe y a su nieto Marcelo. Le preguntó al actor si le gustaría que el niño se dedicara a la comicidad. En medio de la respuesta, el chico, atento a la conversación, intervino diciendo: "Quiero ser como el abuelo, decir chistes en televisión...". Pepe comenzó a emocionarse despacito. Acercó la cara a la de su nieto y le estampó un sonoro beso, poniendo de manifiesto la alegría provocada por sus palabras. "Antes hablábamos de recetas para la felicidad _dijo Biondi, retomando la charla_, cosas como éstas son el mejor ingrediente".
Anecdotario notable
Durante una gira por el Gran Buenos Aires, en el pueblito de Morteros, Biondi recibió un telegrama. La noticia no era demasiado agradable: debía presentarse en el Regimiento III de Infantería para cumplir con el servicio militar.
Con veinte años cumplidos, Biondi no sabía leer ni escribir. Aprendió en el regimiento. Siempre contaba una anécdota divertida: "Se imaginan el primer franco, estaba listo para enfrentar a cualquier mina y de repente escuché: "Analfabetos a un costado" y yo dije: "¿Qué es eso?, ¿qué son analfabetos?", y un compañero me contestó: "Lo que sos vos, bestia, que no sabés leer ni escribir", y nos dejaron el primer sábado y domingo tomando clases."
Durante la milicia, Biondi tuvo un compañero de apellido Caputto. Como a Pepe no lo iba a visitar nadie de la familia porque eran muy pobres, este hombre le decía: "Mirá, Biondi, yo me quedo con todo lo que mi familia me da, pero tomá esta plata porque yo no la necesito. Andá al médico (tenía problemas estomacales, producto de los golpes recibidos de niño) y, por favor, andá a tratarte".
En diciembre de 1961, en el último programa de su primer año de trabajo en la televisión argentina, Biondi cerró el ciclo con una convocatoria que sorprendió a todos los televidentes: "Les pido a todos los muchachos que fueron mis compañeros de conscripción en el III de Infantería que nos reunamos para estrechar vínculos. La cita es para el sábado, en la esquina de Rioja y Caseros".
De sus cien compañeros de servicio militar, asistieron 59. En ese encuentro, delante de todos, le dijo a Caputto: "Con un abrazo muy sentido yo te entrego este cheque para vos; no te sientas mal, porque no es un regalo de dinero, quiero con esto hacerte un homenaje, porque cuando yo no tenía vos me dabas para ir al médico, quiero que aceptes esto como un regalo mío para que te compres lo que quieras".
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