
El humor en cuerda lírica
La soprano canadiense parodia los lugares comunes de la ópera en su espectáculo "La diva".
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VIENA.- A la soprano canadiense Natalie Choquette le encanta que, cuando canta arias de Mozart, Verdi o Puccini, la gente se ría.
Lo suyo no es masoquismo, sino el resultado del encuentro entre sus dos pasiones, el canto lírico y el humor, que ella logró combinar exitosamente en su espectáculo "La diva". Una propuesta que, en agosto próximo, presentará por primera vez en la Argentina en el Teatro Avenida.
Esta hija de un diplomático canadiense, que nació en Tokio y se acostumbró a la vida trashumante de sus padres, a los 37 años se la pasa viajando por Europa, Asia y América gracias al éxito de sus divas.
Aquí, en la capital de Austria, demostró además que es capaz de conquistar a un público de todas las edades con su particular receta de humor y música clásica inspirada en María Callas y Charles Chaplin por partes iguales.
Parodias a cielo abierto
Natalie Choquette aprendió canto lírico en Rusia y Canadá y se fogueó como entertainer, primero de niña, en las reuniones sociales del mundo diplomático, y de grande, en los bares de Montreal. Por eso no tiene problemas en enfrentarse y seducir, con sencillez, tanto al público tradicional en un teatro de ópera, como en el medio del gran Festival al aire libre que el gobierno de la ciudad de Viena organizó como puntapié de las actividades culturales del verano.
A orillas del célebre río Danubio, en una isla artificial por donde pasa el puente Florisdorfer, miles de personas escapan del calor sofocante de la ciudad mientras escuchan las presentaciones de varios artistas pop locales.
Cuando cae la noche, la United Philharmonic Orchestra, una nueva y muy buena agrupación sinfónica que se suma a la intensa vida musical vienesa, sorprende a todos atacando la melodía más célebre y reconocible para cualquier austríaco. Es el aria de la Reina de la Noche, de la ópera "La flauta mágica", de Mozart, que Natalie Choquette -convenientemente caracterizada-, canta con soltura como para dejar en claro de entrada que su registro de soprano de coloratura es bueno.
Los más jóvenes y las familias que la miran mientras apuran pretzels y cervezas, parecen sorprendidos de encontrarse con una voz lírica en medio de un festival en el que participan músicos populares.
Y la sorpresa deviene sonrisa cuando Choquette regresa a escena transformada en una insufrible diva norteamericana que habla por teléfono mientras masca chicle y se pinta las uñas. Reconvenida por el director Richard Edlinger, acepta "a regañadientes a cantar, "Summertime", de Gershwin.
La cantante conquista al público definitivamente cuando irrumpe en el escenario por tercera vez, ahora vestida con traje de bailarina clásica y montada en uno de los éxitos de la moda: un monopatín de aluminio. Y además, canta, como si nada, un aria de Saint Saens.
Durante una hora y media, una tras otra, irán apareciendo las desopilantes y queribles divas operísticas creadas por Choquette. Una atlética cantante rusa, una modosa japonesa, una gloria española; cada escena combina la parodia a los tics y mañas del mundo de la ópera con célebres arias operísticas.
Como no podía ser de otro modo, Natalie hace gala de la fluidez con la que maneja todos estos idiomas que aprendió durante su nómade infancia.
Por supuesto, no podía faltar una diva italiana, de bata y ruleros que, con la generosa ayuda de dos personas del público, cuelga la ropa mientras canta el "O sole mio".
Cuando quiere, Choquette sólo se dedica a cantar y bien, pero no duda en romper la rutina para generar la risa en los momentos más sublimes y, por lo tanto, inesperados.
Como le explicó a La Nación antes de la función al aire libre que ofreció en Viena, no lo hace con la pretensión de burlarse de un género que ella ama.
"Cuando era chica quería ser musicoterapeuta", dice sonriendo, mientras sostiene a Arianne, su beba de tres meses, que ya está experimentando la vida nómade de su madre.
"Me di cuenta de que, finalmente, encontré la forma de hacer música para la gente, y que además sirva para que se sientan mejor por medio de la risa.Pero lo que hago no es sólo humor. Puccini sigue siendo Puccini y su música es fenomenal."
-¿El humor es una buena puerta de entrada para la gente que no escucha habitualmente música clásica?
-Sí, es la llave, porque es real que hay quien supone todavía que tiene que tener un doctorado para poder disfrutar de la música clásica. Pero, por ejemplo, ven películas como "Filadelfia" en donde escuchás a María Callas cantando la "mamma morta" de Leoncavallo. Ahí todos se emocionan, aunque no sepan de dónde viene eso. En este sentido, creo que mis shows también les abre las puertas de la música clásica a un montón de público no habituado al género.
Natalie Choquette parodia, con gracia clownesca , los tics de los cantantes líricos la lírica, pero no lo hace con maldad, sino como producto del afecto y la admiración. Es por por eso que varios directores de orquesta, incluso del nivel de alguien como Charles Dutoit, se han prestado a jugar escenas cómicas con ella y sobre los mismos escenarios en los que el público los ve habitualmente haciendo música con la mayor seriedad y dedicación.
"Me encanta la ópera y me gusta ver las funciones en vivo -comenta Choquette-. Y me gusta también mirar atrás de la escena, porque las divas y los divos me inspiran mucho. Pero mi show es un tributo a las personalidades de estos cantantes divinos." "¿Qué es lo que hace diva a una diva? -se pregunta Natalia-. Es claro que ante todo es la belleza de la voz, pero esto siempre se asocia al costado gracioso del cuidado permanente de ella. Pero los entiendo por completo, porque el instrumento es tan frágil que los hace muy vulnerables e inseguros. Por eso creo que estoy haciendo también un tributo a su absoluta dedicación al arte, que está lleno de sacrificios, ya que no pueden hacer una vida social normal. Si tienes que cantar no puedes tomar, bailar o fumar."
-¿Cómo se toman su espectáculo los fanáticos de la ópera?
-Bien, lo que no se puede es ir a mi show con el mismo espíritu que cuando se va a ver una ópera. Es algo similar a lo que ocurre en la obra de teatro Master Class, que narra la vida de María Callas y nadie se ofende por eso. Lo importante es tomárselo con humor. Por cierto, muchos cantantes tienen un buen sentido del humor, son divertidos y hacen cosas como las que yo hago, pero fuera del escenario.
Natalie tiene claro cuál es su papel en el mundo del espectáculo, por eso reconoce que no cantaría "Dalila" en una casa de ópera "por que se reirían, de mí" y que no tiene problemas en usar micrófono para poder llevar adelante su propuesta y darse gustos que sus colegas cantantes no pueden, como encarar arias originalmente escritas para mezzosoprano o tenor, convenientemente adaptadas a su registro de soprano ligera.
¿Cuáles son sus cantantes líricos preferidos?
-María Callas y su intensidad dramática; Joan Sutherland, Carusso y sus grabaciones con ruido de púa. Lily Pons, me identifico mucho con su voz. Cecilia Bartoli me encanta por su charme, sus colores para cantar. Pavarotti y su sonido claro, le entiendes cada palabra que canta.
Eso sí, además de los cantantes líricos, Natalie tiene otras influencias notables: "Estuve muy influida por Charles Chaplin, porque sabe mezclar humor con mensajes profundos. Es una gran influencia en mi vida".




