
El humor es cosa seria
Libros para que los chicos se rían a carcajadas
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Por medio de rimas, trabalenguas, juegos de palabras y bromas, los pequeños lectores se acercan a la literatura.
Un hombre-bala, una momia docente, deseosa de enseñar a los monstruos que tiene por alumnos los secretos indispensables a la hora de hacer maldades y un señor que se enoja los jueves. Estos personajes constituyen sólo algunos de los integrantes del elenco que puebla "¡Silencio, niños! y otros cuentos". El volumen escrito por Ema Wolf, publicado por Norma, despierta algo más que sonrisas entre quienes se acercan a sus páginas. Así, mediante una parafernalia de rimas, trabalenguas y juegos de palabras, los pibes apuestan al humor en la literatura. Un estímulo más para acercase a la biblioteca.
Los textos para niños dados a las bromas tienen la ventaja de que pueden releerse hasta el cansancio. "A mí me gusta si el cuento tiene una mala palabra o algo así, porque lo cuento a ver qué pasa", afirman los ocho años de Federico, que confiesa aprenderse de memoria algunos colmos para recitar en el colegio.
Buen recurso a la hora de elaborar temas complejos, el elenco de chascarrillos encierra el secreto permiso de poder repetirse para ser compartidos en cualquier ámbito.
Las escuetas estadísticas que manejan las editoriales dan cuenta del fenómeno. Y, según el decir de los libreros, después de las aventuras pobladas de fantasmas, son la pasión de los ultrajóvenes. Así, la casa Altea estrena sus primeras ediciones nacionales con la denominación de "libros divertidos". Las colecciones en cuestión están diseñadas para lectores a partir de los nueve años y narran situaciones desopilantes, descriptas a un paso del absurdo.
Una de ellas, "Faltó el profe", de Carlos Silveyra, luce seis títulos que ofrecen un verdadero compendio de colmos y chistes de todas las épocas.
"Hace bastantes años que trabajo con niños y docentes. Me di cuenta entonces de que el humor oral era un insumo básico que no entraba en la clase. De ahí decidí compilar estas obritas de teatro, adivinanzas, que ya estaban instaladas entre los pibes y darles el prestigio de literatura. Algo que a veces ni siquiera ellos hacen, ya que le restan importancia", afirma Silveyra.
El autor, entre preguntas del tipo "¿qué le dijo la cuchara a la taza?" y bromas varias brinda elementos para que los chicos puedan captar los mecanismos humorísticos y generar así nuevos textos.
Complicidad y camaradería son los ingredientes que hacen del humor infantil un ítem imprescindible a la hora de la socialización. Con formato de historieta, en la que no faltan personajes de la televisión como los Simpson, o redactados como los cuentos de siempre, resultan comodines para fomentar la lectura. A veces, hasta ayudan a que los chicos se formulen preguntas "serias". "La obra conforma una símil enciclopedia que faltaba de los bichos que faltaban". Así definen a sus criaturas Douglas Wright y Eduardo Abel Giménez, responsables de los "Bichonarios".
Quienes se animan con las historias que despiertan sonrisas en las jóvenes bocas trabajan, en la mayoría de los casos, con la polisemia; es decir, con la doble acepción que encierran la mayoría de las palabras.
"El colmo de un jardinero es tener una novia que se llame Margarita" es un claro y popular ejemplo de cómo los vocablos pueden cumplir diferentes usos y funciones. ¿Es diferente el humor para chicos del que lucen algunos privilegiados mayores? No demasiado. Todo es cuestión de animarse a mezclar sílabas, alterar órdenes y a jugar con cierto bagaje de palabras.
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