El mejor actor inglés
¿Fue Guinness, Olivier, Gielgud u otro menos recordado?
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¿Quién fue el actor más grande en el universo anglohablante? La pregunta se agranda luego de la muerte, este año, de dos de los principales candidatos a quedarse con semejante título, John Gielgud y Alec Guinness. Junto con Laurence Olivier y Ralph Richardson, ellos fueron los grandes caballeros del teatro inglés.
Para muchos, Gielgud y Olivier eran opuestos. Gielgud, con su voz elocuente, un instrumento flexible a las diversas edades (de hombres y de seres míticos); Olivier, con su apasionado sentido dramático, tan cultivado en lo físico como en lo emocional. La verdad, sin embargo, es reversible. Mientras que Olivier encaraba sus papeles desde lo exterior, eligiendo un aspecto y un modo de andar afines con sus caracteres, Gielgud, presuntamente el más intelectual, era más intuitivo.
En contraste, podría decirse que Richardson y Guinnes tenían similitudes, especialmente en su don para encarnar personajes excéntricos y cómicos. Pero en sus transformaciones, siempre conserva un reflejo de sí mismo, de modo que no siempre se puede saber si él está actuando o está siendo de verdad como su personaje. Guinness abandonaba todo vestigio de su personalidad y se sumergía completamente en su papel. Por eso resulta tan irreconocible de un film a otro.
Pero Michael Meyer, el traductor y biógrafo que murió recientemente, no tenía dudas en su elección. En su libro de memorias, "Palabras a través del cristal de una ventana", dice que el actor más grande que ha visto era Frederick Valk.
Valk -explicaba Meyer- era un judío alemán que se consolidó como intérprete por el tiempo en que Hitler llegaba al poder. En 1933 se mudó a Praga y se convirtió en gran figura en la capital checa. En 1939, justo a tiempo, se escapó de los nazis y emigró a Inglaterra. Con aparente facilidad hizo la transición a la escena británica.
En rápida sucesión, triunfó en sus interpretaciones de Shakespeare y de Ibsen y probó, además, que era un maestro de la comedia. Valk tuvo apenas una carrera menor en el cine. Apareció en roles secundarios y a menudo haciendo de comandante en campos de prisión, en los films de guerra. Murió en 1956, a los 61 años, y no pudo hacer -como estaba previsto- su debut en Broadway, con "Romanoff y Julieta", de Peter Ustinov.
Meyer aclara que no está solo en su juicio crítico. Dice que dos de los más importantes críticos británicos del siglo XX, James Agate y Kenneth Tynan, comparten su entusiasmo.
Cuando Valk hizo de Otelo para el Yago de Donald Wolfit, Agate escribió: "Si Valk no es un gran Otelo, dejen que me retire". Después de ver la misma producción, Tynan, entonces a punto de graduarse en Oxford, escribió: "Viví tres horas en la boca de un volcán. Todavía tengo costras de lava en los zapatos".
En 1981, Meyer estaba almorzando con Richardson, varios años después de la excepcional versión que este actor hizo de "El pato salvaje". Richardson de pronto le preguntó a Meyer quién era el mayor actor que él había visto. Meyer dudó, por deferencia con su interlocutor. Después de una pausa, Richardson dijo: "¿Valk?" Los dos hombres estuvieron de acuerdo.
Aclaración de autor José Luis Sáenz es la novela La traviata argentina (Ed. El Francotirador) .






