
El nuevo hombre invisible
"Traté de no copiar nada de las versiones anteriores", dijo el director Paul Verhoeven a La Nación .
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LOS ANGELES.- Si había un director capaz de reactualizar el eterno tema de la invisibilidad y aplicar en su beneficio la parafernalia tecnológica de que dispone el cine moderno, ése era indudablemente Paul Verhoeven.
Este realizador nacido en Amsterdam hace 62 años tiene una filmografía holandesa que incluye gemas como "Negocios son negocios", "Delicias turcas", "El cuarto hombre" y "El soldado de Orange", que luego daría paso a una exitosa carrera hollywoodense con films como "Robocop"; "El vengador del futuro" (que recaudó 261 millones sólo en cines), "Bajos instintos" (que obtuvo 353 millones) e "Invasión" y algún fracaso aislado como "Showgirls".
Convertido en uno de los máximos exponentes del thriller erótico y de la ciencia ficción, Verhoeven se propuso con "El hombre sin sombra" ("Hollow man"), que mañana arribará a las salas argentinas, "concebir una metáfora lo más creíble posible sobre estos tiempos". El film costó 90 millones de dólares y tiene un reparto encabezado por Kevin Bacon ("Río salvaje", "Apollo 13") y Elisabeth Shue (la prostituta redentora de "Adiós a Las Vegas").
Con elementos que remiten a "El hombre invisible", la novela de H. G. Wells de fines del siglo XIX que James Whale adaptó en 1933, pero también a "El hombre de los ojos biónicos", "Frankenstein" y "La isla del Dr. Moreau", este exitoso film significa no sólo una ratificación para Verhoeven, sino también para el creciente poder de los realizadores extranjeros en Hollywood, ya que otros grandes tanques del verano norteamericano, como "El patriota", "Una tormenta perfecta" y "Misión: Imposible 2" fueron rodados por los alemanes Roland Emmerich y Wolfgang Petersen y por el hongkonés John Woo, respectivamente.
Con un inglés que mantiene marcadas huellas de su acento holandés, Verhoeven recibió a La Nación y a otros cinco representantes de la prensa extranjera en el coqueto Four Seasons californiano. Durante más de media hora demostró que es un artista poco convencional, con un discurso que siempre redobla la apuesta: a preguntas más duras, respuestas más incendiarias.
-¿Por qué le interesó el tema de la invisibilidad?
-Básicamente, lo que me interesó es el punto de vista moral, analizar qué pasa cuando uno desaparece del mundo que tenía previamente. Porque el hombre sólo es moral cuando la sociedad lo observa. De eso se trata, en un sentido más profundo, "El hombre sin sombra". La invisibilidad no es un concepto científico, no es posible por ahora y probablemente no lo sea dentro de los próximos dos mil años. Por otro lado, no tengo grandes fantasías al respecto. Considero que la invisibilidad es algo bastante aburrido y solitario. Una existencia triste. Podría ser divertido por tres o cuatro días, uno podría espiar a su ex novia ( risas ), pero nunca más se podría mirar a los ojos de otra persona.
-Se trata de un tema bastante transitado en el cine. ¿Cómo hizo para hacer algo diferente?
-No volví a ver prácticamente nada de lo que se había hecho. La película de Whale, con Claude Rains, es muy naïve por la época; "Diario de un hombre invisible", de John Carpenter, es muy floja. La que más me interesó es "Invisible maniac", un trabajo de Adam Rifkin de 1990. Pero, básicamente, traté de no copiar ni reciclar nada anterior.
-En la película usted muestra una violación, que es una suerte de tabú para el cine comercial de Hollywood. ¿Por qué la incluyó?
-La filmé para que los críticos protesten enfurecidos ( se ríe ). En cambio, no creo que al público le moleste. No sé por qué la crítica, los activistas o los defensores del buen pensar se preocupan por una violación y no se inmutan luego si el protagonista mata a seis personas. Debe ser por la dictadura de la corrección política que se expande en este país.
-¿Cómo funciona esa dictadura?
-Para mí son valores que no tienen sentido. Podrá sonar raro, pero yo creo que es preferible seguir viviendo después de una violación que morir. Pero en Estados Unidos no les importa que un personaje como el Sebastian Cain de mi película mate ¡a sus propios amigos! y en cambio los trastorna que se presente una violación.
-Dicen que usted filmó esa escena completa y tuvo que cortarla por presiones de la producción.
-No, siempre pensé en mostrarla de forma bastante elíptica. La toma duraba dos segundos más y decidimos cortarla antes, pero no por censura, sino porque era tonto mostrar a un hombre invisible abusando de una mujer. Yo no quería que el público se riera en ese momento porque es la muestra de la creciente maldad del protagonista.
-¿La inclusión de este tipo de escenas es para ratificar su mote de provocador?
-No, son parte de la historia y yo trato de filmarlas de la manera más cinematográfica posible. Yo ya había mostrado en mis películas holandesas o en "Showgirls" escenas bastante más crudas. Pero en "El hombre sin sombra" no quería ser demasiado explícito porque hubiese cometido un doble error, artístico e ideológico, que es por lo que siempre me atacan. Pero sí me considero un provocador. Ya sea en el contenido erótico, en la ciencia ficción, en la decadencia o la violencia trato de ir más allá de lo que han llegado mis predecesores. Aquí los directores son muy tímidos y previsibles.
-La película tiene un fuerte tono erótico, voyeurístico, y a usted suele criticárselo por esa fijación.
-¡Por favor! El voyeurismo y el erotismo son parte de la condición humana desde siempre. Que me agredan en este país me causa gracia, es una muestra más del cinismo y la hipocresía de esta sociedad. ¡Si hasta los medios de comunicación más serios se ocuparon durante dos años de los detalles del órgano sexual del mismísimo presidente o de las posiciones de Monica Lewinsky!
Además, la profusión de camaritas digitales, de la Internet, de programas como "Survivor" o "The Big Brother" ha profundizado esta tendencia a espiar y ser espiado.
-¿Tuvo problemas con la censura norteamericana?
-Por primera vez en mi carrera, no. La mandamos a la MPAA pensando que merecía una R (Restricted) y así la calificaron. Creo que peor de lo que me fue con "Flesh + Blood" y "Showgirls", consideradas como pornográficas, ya no me puede ir. Con "Bajos instintos" tuvimos que presentarnos ¡10 veces! ante la censura.
-Ahora, el guionista Joe Eszterhas y Sharon Stone lo acusan de haber engañado a la actriz en la famosa escena de "Bajos instintos" en que ella descruza las piernas...
-Es ridículo. Dicen que esa toma no estaba en el guión, que la sorprendí en su buena fe, que abusé de su confianza. Es todo mentira. En Hollywood, cada detalle se negocia y se pone en un contrato: si va a haber un desnudo total, medio desnudo o un cuarto de desnudo ( risas ). Odio tener que hablar de desnudos durante el rodaje, así que me reúno varios meses antes con la actriz y sus representantes y aclaramos cuánta luz habrá en el set, a qué distancia pondré la cámara, cuántos técnicos estarán presentes.
-Uno de los dos miente.
-Ellos querían que yo quedara en una suerte de lista negra que existe en Hollywood para aquellos que no fueron honestos en sus trabajos. Pero la hipócrita fue ella. Les voy a contar un detalle escabroso para terminar con el asunto: antes de hacer esa famosa toma, ella se quitó su ropa interior delante del equipo y me dijo: "Paul, este es un regalo para vos". ¡Y yo le llevé esa prenda a mi esposa para que la mandara a la lavandería! ( risas ).
-Ahora se reencontraron.
-Sí, tras siete años sin hablarnos, Sharon viajó desde San Francisco para almorzar conmigo aquí en Los Angeles. Ella y el productor Mario Kassar quieren que los ayude con "Bajos instintos 2", pero las probabilidades de que la filme son muy limitadas. No hago secuelas. Además, el guión preliminar es flojo. Sé que siguen trabajando en nuevas versiones, pero me enferma que quieran hacer algo demasiado parecido a un éxito anterior.
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