
El otro tiempo de los gitanos
Vital: el director de "El extranjero loco", que mañana se estrena en Buenos Aires, reivindica la alegría y la simplicidad de ese pueblo.
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"Sólo tengo un deseo: hacer películas", declaró Tony Gatlif, el director de "El extranjero loco" (Gadjo Dilo, en el título original) que se estrenará mañana en Buenos Aires.
Nacido en Argelia en 1948, miembro de una familia gitana de origen andaluz, e instalado en Francia desde 1962, el realizador, actor y compositor Gatlif conoció las asperezas de una vida en los márgenes. Chico de la calle, fue en los reformatorios donde aprendió a leer, a escribir y a dibujar. En París probó suerte como actor de teatro y a poco andar soñó con la dirección cinematográfica. Su primera película, "La terre en ruine", data de 1975 y desde entonces Gatlif puso su cámara al servicio de una trilogía gitana integrada por "Les princes", "Latcho drom" y "El extranjero loco", con la que dice haber concluido, al menos por ahora, su filmografía sobre el tema. De hecho, su próxima película se rodará en España y en Portugal y tendrá como eje el flamenco.
Filmada en Beltani, una aldea ubicada a 70 kilómetros de Bucarest, "El extranjero loco", retrata la fuerza vital de los gitanos y los muestra como víctimas de interminables persecuciones. Para estructurar la historia, Gatlif parte de los ojos de un extranjero: el personaje de Stephane (interpretado por Romain Duris) es un joven francés que recorre Rumania en busca de una cantante gitana, Nora Luca, a quien su padre escuchaba constantemente antes de morir. En el camino, trabará amistad con un viejo gitano, Izidor, quien le ofrecerá techo, comida y buena música. Sabrina (Rna Harter) es la única mujer de la aldea que habla algo de francés y a poco de andar iniciará a Stephane en los misterios de una nueva cultura y una sexualidad encendida.
Ogro insaciable
En diálogo telefónico con La Nación , desde Portugal, el director de "El extranjero loco", reivindicó los valores del pueblo gitano y criticó a la sociedad occidental de fin de siglo que, según opinó, se parece a un ogro insaciable.
-Usted declaró que "la música gitana expresa al mismo tiempo el dolor y el gusto por la fiesta". ¿Cómo se explica esa extraña dualidad?
-La música, para el pueblo gitano, es un estimulante. Si falta ese estimulante, la vida se vuelve demasiado gris. La música es un modo de apostar a la continuidad de la vida. Esto se ve claramente en los entierros del pueblo gitano donde, evidentemente, hay llanto y dolor, pero también música.
-"El cine no me necesitaba, pero el pueblo gitano sí", dijo usted en una entrevista, ¿por qué cree que los gitanos necesitan sus films?
-Porque los gitanos tienen un grave problema en todo el mundo respecto de su imagen. Hubo demasiadas imágenes en contra de ellos y hubo muchas también que eran apenas folklóricas, con lo cual no llegaban a expresar verdaderamente su cultura.
-A pesar de ser un film de ficción, "El extranjero loco" encierra un grado de verdad más propio de los documentales. ¿Cómo lo logró?
-En ese sentido fue importante que los gitanos se interpretan a sí mismos y fueron filmados en la misma localidad donde viven.
-¿Fue difícil convencerlos para que participaran?
-No, aceptaron rápidamente, pero la dificultad surgió más tarde. Los gitanos no tienen incorporada la noción de trabajar de la mañana a la noche. Son grandes trabajadores, pero tienen una filosofía del trabajo en la que no entra la idea de tener un patrón. Fue difícil convencerlos de que se levantaran por la mañana para trabajar en la película y que se quedaran allí hasta la noche. Fue complicado sostener esa situación durante tres meses. El resto fue fácil.
-¿Qué se puede aprender de los gitanos de la aldea rumana donde se filmó la película?
-La simplicidad. A fuerza de poseer cosas, nos volvemos sedentarios y por lo tanto avaros. Nos volvemos ogros, y los ogros tienen hambre todo el tiempo. Eso es lo que sucede actualmente: la sociedad jamás está satisfecha; nada le alcanza. Esa es la mentalidad occidental moderna. Frente a eso, los gitanos proponen la simplicidad, el gusto de la vida por la vida misma. Y si los gitanos tienen tanta alegría por el hecho de estar vivos, es justamente porque no poseen nada. No digo que haya que empobrecerse para comprender, sino que a medida que nos cargamos de bienes inútiles, vamos adquiriendo una imagen de ogros insaciables. El pueblo gitano jamás ha tenido posesiones ni construido ciudades; siempre han tratado de andar livianos por la vida.
-¿Ha logrado usted conservar esa liviandad a medida que se transformó en un realizador reconocido?
-Yo sigo tratando de no poseer muchas cosas más que mis películas. No tengo autos, ni propiedades, ni fábricas. Con el dinero que gano con mis films, en vez de comprar objetos, hago nuevas películas.
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