
El Payró: semillero de talentos
En el ciclo "Uno, dos, tres... probando", se destaca la obra de Solana Landaburu
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Ciclo "Uno, dos, tres... probando". Escena para cuatro personajes, de Eugène Ionesco (actúan Christian Barrientos, Victoria Raposo, Caio Grau Baena y Leo Estrada; dirige Eleán Gaensslen); La mujer judía, de Bertolt Brecht (actúan María del Carmen Pié y Mariana Ciolfi; adaptador y director, Gustavo Sassi); Oeste. La gente tiene cosas en la cabeza (actúan Clara Cardinal y José Luis García Taboada; autora y directora, Solana Landaburu). En el Payró, San Martín 766, los jueves, a las 21.
Nuestra opinión: buena
Al frente del legendario teatro Payró ("sótano de tantos debuts"), Diego Kogan ofrece el escenario a un grupo de estudiantes de sus talleres, con tres piezas cortas, dos de ellas de dramaturgos mundialmente consagrados, y la tercera de una novel autora y directora argentina. "Tuve un sueño: reunir a la gente -escribe Diego en el programa de mano-. Solana, Eleán, Gustavo (por estricto orden de aparición en mi vida). Y su gente. Y cada vez más gente." Así cumple el Payró su perenne vocación de semillero de talentos, probada durante más de cuatro décadas.
En el vértigo informativo de estos tiempos, la mayoría imagina (es más cómodo hacerlo) que todo lo firmado por un artista famoso es de pareja calidad. Incomoda reconocer que no es así: a veces, el valor está sólo en la firma y no en el producto en sí. Sería pretensioso e injusto dudar del talento de Ionesco, pero es indudable que Escena para cuatro personajes dista mucho de sus creaciones más celebradas. Es, a lo sumo, un ejercicio de taller, en cuya ejecución se empeñan cuatro intérpretes promisorios, mientras la dirección trata de subrayar, en clave de farsa disparatada, el perverso humor del libreto.
Algo parecido ocurre con la obra de Brecht, confusa y retórica, cuyos vaivenes temporales y desdoblamientos de identidad oscurecen el desarrollo de la trama, sin que la dirección convenza en el manejo de los distintos planos conflictivos y superpuestos, para colmo. Pero dos actrices valiosas, María del Carmen Pié y Mariana Ciolfi, rescatan lo esencial del drama, lindero con la tragedia.
Revelaciones
La sorpresa de la noche es la revelación de una joven autora y directora local, Solana Landaburu, cuyo libreto resulta ser el más sustancioso y mejor estructurado del espectáculo.
Un ínfimo actor ambulante, animador de fiestas y reuniones en pequeñas ciudades de provincia, provoca las iras del mandamás del pueblo, quien entiende que un rutinario chiste sobre monjas ha sido deliberada e insultante alusión a una hermana suya. Las fuerzas de choque del caudillo cercan la pensión donde se aloja el cómico y amenazan con lincharlo en cuanto intente salir. Una enigmática muchacha, que sirve en el establecimiento, aparece como la única promesa de salvación. Poco a poco, con un preciso manejo de tiempos y situaciones, se devela una realidad atroz, acaso cíclica.
El avance del clima opresivo se acompaña de una sutil y efectiva comicidad macabra, surgida, sobre todo, del uso del lenguaje-, de un costumbrismo que va mucho más allá de lo pintoresco-, a la manera del Manuel Puig, de Boquitas pintadas .
Aquí también se luce una actriz joven, más que promisoria: Clara Cardinal.




