
El que llegó a ponerle letra
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Durante 24 años escribió los personajes que Alberto Olmedo interpretó en televisión y también en cine. A lo largo de ese casi cuarto de siglo, Hugo Sofovich se convirtió en gran amigo para el cómico y en tío postizo para sus cinco hijos, dos de los cuales -Marcelo y Sabrina- trabajan ahora en "Rompeportones", un nuevo programa humorístico que estrenará este mes en Canal 13.
Juan Carlos Altavista, con su Minguito de barrio, José Marrone con su inseparable "cheeee", y Tato Bores, un clásico de los domingos, fallecieron en estos últimos diez años. Pero sus muertes no causaron la conmoción a gran escala que sobrevino a la noticia de la desaparición de Olmedo quizá porque -como dice Sofovich- no fue el último capocómico sino "el más grande".
-¿Qué es lo que lo hace más grande?
-El pueblo, el público, el carisma, la popularidad. Olmedo siempre fue un fenómeno popular total. En el momento de su muerte creo que nadie era más figura que él en el país. Estaba a la par de Maradona.
-¿De los actuales cómicos se puede decir que alguno pueda ocupar el lugar de él?
-Es una pregunta que contesto todos los días. El lugar en el cariño del público puede ser. Pero reemplazarlo a él, no. Sí habrá cómicos que van a ser queridos o tan queridos como él por el público. Pero nadie puede ocupar su lugar. A veces me preguntan si hay alguien que pueda ser el sucesor de Olmedo. Y yo me pregunto: ¿sucesor en qué? ¿En el cariño del público? Y sí: Susana Giménez es un fenómeno popular. Pero no es la sucesora de Olmedo.
-En cuanto a sus características de repentización, ¿Alfredo Casero podría ser un sucesor?
-Casero improvisa todo el tiempo. Olmedo agregaba e improvisaba sobre textos e ideas mías junto con los compañeros con los que dialogaba, pero con los libros escritos. No es lo mismo. Casero depende de que esté de buen humor él y que le salgan las cosas. Olmedo no dependía de eso. El agregaba su genio a las situaciones cómicas que ya estaban armadas, a un elenco que lo apoyaba, que sabía qué tenía que decir en los momentos que lo tenía que decir. Era un profesional y era una forma de trabajo. No era una improvisación desatada. Era una improvisación manejada.
-¿Era fácil escribir para él?
-Para mí era fácil, para los demás no sé si era así porque trabajando con otros no hizo tanto...Sí hizo algunas películas muy buenas sin libros míos como "Basta de mujeres" o "Mi novia el", pero no todo lo que hizo él con otros autores fue éxito.
-¿Qué medio le sentaba mejor: la televisión o el cine?
-La televisión, indudablemente. Además, el cine le coartaba la libertad por los cortes. Una toma larga puede ser de un minuto y medio y él necesitaba más tiempo para desarrollar su histrionismo. Por eso en la última película que hice con él, "El manosanta está cargado", trabajé con dos cámaras para filmar sincronizadamente y poder hacer el mismo juego que hacíamos en la televisión. Las escenas con Javier Portales las hacíamos con las dos cámaras simultáneas y no parábamos. Hacíamos tomas de diez minutos.
-De los personajes que fueron surgiendo en 24 años de trabajo, ¿cuáles fueron los mejores?
-Si tengo que decir por popularidad: "El manosanta". Pero no creo que sea el mejor. A mí gustaba mucho más "el Yeneral González", "el mayordomo Perkins", "Rogelio Roldán", "José Luis Borges", "Chiquito Reyes".
-¿Daba bronca cuando Olmedo se olvidaba la letra?
-Al contrario. Eran los momentos más graciosos. Salía de cuadro, iba a buscar la letra. Muchas veces se la olvidaba a propósito y estaba tan bien hecho que la gente pensaba que él siempre se la olvidaba. En la obra de teatro "El Negro no puede" está marcado en el libro -se lo puede chequear porque está registrado- el momento en que dice: "Por favor, que entre alguien porque yo ya no me acuerdo qué tengo que decir". En el ´86 hacía un sketch en Michelángelo en el que decía: "He cometido el peor de los pecados que un hombre pueda cometer. Me olvidé la letra". Lo decía el libro y terminó siendo un bumerán contra mí mismo.
-En su nuevo programa, "Rompeportones", trabajan Marcelo Olmedo en los libros y Sabrina Olmedo como actriz. ¿Es una forma de devolverle algo a Alberto?
-Tal vez, debe ser eso. Pero me motiva también que tanto Marcelo en colaboración autoral y producción, como Sabrina en la actuación, se manejan muy bien. Si no fuera por eso no los hubiera puesto. Pero, además, estoy cumpliendo con el padre.
Sabrina, la hija de papá, en su camino
Tenía 17 años cuando su padre murió. Es la menor de los cinco hijos que Olmedo tuvo con Tita Russ, su segunda mujer. Sabrina vino después de Mariano, Marcelo, Javier y Fernando. Siempre fue la mimada de papá y carga, al igual que sus hermanos, con el peso de ser hija de uno de los artistas más queridos del país y, por lo tanto, con la obligación de recordarlo cada vez que alguien pregunta: "¿Cómo era tu papá?".
Con diez años más, y lejos de los juegos con su padre, reconoce que era demasiado chica para disfrutarlo. Y aunque es licenciada en Publicidad -íntimamente sabe que terminó la carrera porque Olmedo quería que ella tuviera un título-, trabaja en teatro con el Negro Alvarez, en "Cosa de Negros" y es parte de "Rompeportones", donde "tío Hugo Sofovich" la puso en el papel que la vio toda la vida: la nena.
-¿Hoy te resultan más claras cosas que antes no entendías?
-Ahora lo hubiese disfrutado más. Eran muy pocas las horas que nos veíamos, aun cuando él vivía en mi casa, porque mi viejo trabajaba mucho y durante el día dormía. Cuando se separó de mi mamá nos juntábamos sí o sí los cinco hermanos con él para comer. Era su recreo. Pero obviamente yo me levantaba de la mesa y me iba a dormir.
-¿Cuáles son las cosas que comprendés más?
-Los horarios, que estaba cansado, que cuando íbamos al cine se quedara dormido. En aquel momento no me daba cuenta pero ahora sé que me molestaba. Y ahora entiendo por qué él no podía vernos tan seguido. Ahora sé que esta profesión es así.
-¿Creías que la farándula te robaba el tiempo de tu papá?
-No lo tomaba así porque todos venían a mi casa y veía que se divertían. Me resultaba muy gracioso porque la gente consideraba a muchos de los que venían siempre a casa como ídolos inalcanzables: Tato Bores, Susana Giménez, Carlos Monzón, Ringo Bonavena, el Gordo Porcel...
-Durante tus primeros 17 años lo viste en tu casa y en la tele...
-Sí. Incluso cuando hacía "El capitán Piluso" iba al canal. A mí me encantaba verlo. Iba cuando grababa con Coquito y la verdad es que ahí sí había acomodo, me hacía pasar para participar de los juegos. El elegía chicos de la tribuna y yo, que estaba ahí, también levantaba la mano, él me elegía y yo participaba. Si perdía no me daban nada, pero si ganaba sí. Me acuerdo que lo agarraba a Coquito y le decía: "Me gusta ese monito. Damelo después." Y me acuerdo porque todavía lo tengo.
-¿Cuál es el mejor regalo que te hizo tu papá?
-Las reuniones que teníamos con él, que fuera humilde, que nos enseñara a ser así, y que no nos aconsejara con palabras sino con actos.
-¿Hay algún recuerdo que lo pinte de cuerpo entero?
-Era tímido, al revés de lo que todo el mundo piensa. Exigía mucho respeto hacía él. No le gustaba que la gente pasara y lo palmeara cuando estaba comiendo, por ejemplo. Era muy buen amigo y muy buena persona. Mucha gente me dijo que si no hubiera sido por él no hubiese comido, no hubiese tenido trabajo y me cuentan anécdotas puntuales en las cuales papá los ayudó.
-¿Es difícil ser su hija?
-Siempre le digo a mis amigas que no me presenten como la hija de Olmedo porque ya me predisponen mal. Más que nada por las preguntas, que son millones, acerca de cómo era mi papá. Toda la vida las contesté y no quiero contestarlas más. Yo veía todos los programas de él y me reía como una admiradora más. No era mi papá en ese momento. Ahora me preguntan: "¿Qué sentís al verlo?". Nada. Me hace reír mucho. Más que a la gente, porque reconozco todos sus gestos y sé si los hace porque está cansado o porque se olvidó la letra. A veces me da vergüenza estar sola riéndome, pero no es que veo a mi papá, veo al actor. No se me crea un conflicto. Nunca tuve una etapa en que no lo quisiera ver. Hoy lo sigo haciendo y si sé que no voy a estar en casa programo la video para poder verlo después porque siento que esa es una forma de tenerlo.




