
El renacer de Mercedes Sosa
Recitales de Mercedes Sosa (bombo y canto), junto a Nicolás Brizuela (guitarra), Popi Spatocco (teclados), Carlos Genoni (bajo y coros), Rubén Lobo (percusión y batería) y Beatriz Muñoz (coritos). Sonido de sala y escenario: Alejandro Goñi y Quique García; operador de luces: Carlitos Rivadeneira con diseño de Fabián Stekelorum. Producción general: Nueva Dirección en la Cultura. En el Luna Park. Nueva función: lunes, a las 21. Nuestra opinión: Excelente.
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Cuando al promediar este encuentro Mercedes está cantando, una vez más, "Gracias a la vida que me ha dado tanto", una de las canciones emblemáticas de su trayectoria impecable, el corazón se sacude en largo estremecimiento.
Es que esa voz formidable y maravillosa; voz de la verdad y la belleza, voz de la ternura y el compromiso con la dignidad del ser humano, voz de nuestros pesares y alegrías, de nuestras frustraciones y conquistas, ha resucitado.
Es que esa voz ha regresado desde las puertas mismas de la Parca, de su estrago y desolación. La fuimos recuperando despaciosamente, como quien reconstituye amorosamente una codiciada y frágil copa de cristal. Y como si fuésemos testigos de un milagro, la hicimos nuestra otra vez, como patrimonio de arte y de vida, como modelo de canto y ética, como mensajera y vocero de multitudes, como la mujer digna, insobornable frente a los poderosos (incluso los poderosos de pacotilla).
Mercedes está cantando las canciones reunidas en su último disco "Al despertar". Otra vez ha recogido, en otro abrazo memorable, viejas joyas del folklore y las invenciones de los nuevos creadores. Y junto a sus músicos las ha echado a volar en giros inaugurales.
En el programa del concierto está impresa una bienvenida de Ernesto Sabato, que habla de ese "instante fugaz, pero sagrado" que es el reencuentro con una gran artista.
"Su música siguió hablando de utopías y orfandades, de revoluciones aún posibles, denunciando cárceles injustas, infancias abandonadas en las calles", recuerda el escritor. Al pretender silenciarla, su voz se multiplicó en los escenarios más importantes del mundo, en estadios, en universidades, pero también en cárceles oscuras y solitarias. Porque una de las nobles virtudes de Mercdedes -prosigue Sabato- es no permitir que el triunfo y los aplausos la distancien del sufrimiento de los inocentes", nombrados en su canto.
Como dijo Borges, recordando a un poeta, ella "supo bien aquel arte que ninguno/ supo del todo"...dar con el verso que ya no se olvida.
Noche de alegría
Cada oído atento a las voces de la tierra ha estado siguiendo los pasos de Mercedes Sosa por radios curiosas o por la frívola televisión. Todos escudriñaron sus rasgos, vigilaron sus movimientos. Necesitaron cerciorarse de que su deterioro físico no hubiera minado su fuego interior.
Pues bien: el Luna Park nos la devolvió con esa su garra titánica y con esa su alegría de vivir y de cantar.
Antes del gozoso rito del reencuentro, Mercedes abrió las puertas a sus sobrinos Claudio y Coqui Sosa y a un extraño grupo que incorporó un estridente trío de saxo trompeta y trombón para atosigar chacareras.
Con muy buena voz entregaron Claudio y Coqui su breve repertorio. Claudio apuntando al testimonio sobre provincianos, en una propuesta moderna, y Coqui repasando más sencilla, pero hondamente, temas de antología, como "Zamba del grillo".
Un Luna Park casi repleto escuchó expectante la obertura que precedió la llegada de Mercedes Sosa. Cuando apareció con su túnica oscura y su echarpe violeta, el estadio entero se puso de pie y la ovacionó largamente. El huayno "Vientos del alma" abrió la reunión. La acompañaba la danza moderna creada y plasmada con imaginación y sutilezas por Koki y Pajarín Saavedra.
La voz de Mercedes fue creciendo desde esa zamba de maravillas que es "Agitando pañuelos" y en otras canciones que la memoria guarda celosamente, como "Pueblero de allá ité", "Zamba por vos", "Como urpilita dormida" y "La villerita". Y se internó, entre efusiones y delicadezas, por el nuevo cancionero.
Su modo de interpretarlos son lecciones para los herederos del canto. No solamente por el respeto de la melodía y las cadencias del ritmo, sino por la empatía con el espíritu de la letra y el clima que pide cada obra. Sus músicos, los de siempre, han remozado los arreglos de la mano de Colacho Brizuela y el sorpresivo avance de Popi Spatocco en sutilezas.
Hubo momentos de intensa emoción. Flotaban en el aire las alegorías autobiográficas ligadas a la vida y a la muerte. Allí estaban la canción de Violeta Parra y esta otra del "Indulto" como contrastes. Y fue esta última la que produjo la más cerrada ovación y los ominosos rumores, como si el espectro de los monstruos recorriera las filas del estadio.
Mercedes, la voz de todos nosotros, está de regreso. ¡Que sea bienvenida la bienamada!





