
Johnny Knoxville pasó de alegre diletante a nueva gran estrella de MTV apenas descubrió un principio simple: la cosa no es divertida hasta que alguien sale lastimado .
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Tres latigos, cuatro mazas de croquet, dos correas de cuero color carne, dos pares de calzoncillos tamaño baño, un suspensor, dos muñecas de plástico, un portafolios con varios miles de voltios de poder de electrocución, un kit de primeros auxilios y una camisa de fuerza son ubicados en un costado de una habitación del Holiday Inn de West Chester, Pensilvania, donde P.J. Clapp está por comenzar su día de trabajo. Estas cosas son la materia prima de su negocio. Pronto las transformará en "magia", como él suele denominar lo que hace, y pronto esa magia llegará al público, a través de mtv y del show Jackass, que se cuenta en estos días entre los programas de cable más populares de los Estados Unidos: más de 3 millones de espectadores lo sintonizan los domingos a la noche [en la Argentina los capítulos estreno salen al aire los lunes a las 19], para ver a Clapp –que actúa con el nombre de Johnny Knoxville– y a otros habitués de Jackass hacer lo que mejor les sale. Tragan peces de colores y los vomitan; se sumergen en pilas hediondas de caca de elefante; se ponen collares de perro electrificados y se dan descargas hasta volverse tarados; reciben puñetazos de boxeadores; beben agua pestilente y espesa como fango; intentan saltar al río de Los Angeles en patines y se destrozan los tobillos; y escuchan a un doctor que les dice: "Tienen que hacerse bastantes curaciones, muchachos".
En este momento, Clapp está sentado en una silla, encorvado, con una botella de agua en la mano, tratando de evitar la pregunta de por qué, por ejemplo, llega a ponerse un chaleco antibalas Kevlar, apuntalando la zona de impacto con algunos ejemplares de revistas como Hustler y Leg World, para luego dispararse con un revólver calibre .38. Clapp es un tipo amistoso, de apariencia desaliñada, que usa pantalones baggy color verde y una desvencijada campera de cuero negra. Tiene un suave acento sureño, pelo arremolinado y ojos azules con un tic ocasional. De cuando en cuando aspira un inhalador contra el asma. Hoy, más tarde, será golpeado por una maza de croquet. Luego de eso, saldrá despedido en una carretilla desde la cima de una colina. Después, él y sus compañeros de Jackass alquilarán carritos de golf y se chocarán brutalmente los unos contra los otros. A esta altura queda claro que Clapp no es ningún cobarde, pero cuando uno lo acorrala con la clásica pregunta de qué es lo que lo lleva a este comportamiento que a menudo enfurece a su esposa y hace llorar a su mamá (y reír, debe decirse, a su papá), el interrogatorio le resulta demasiado.
Cruza sus piernas, las descruza. Sus ojos empiezan a mirar hacia otro lado y tienen más tics que de costumbre. Abre la boca para hablar, esboza algunas sílabas y la vuelve a cerrar. Está aquí sentado, como perdido, hasta que al fin decide qué decir.
–Bueno, la verdad es que no lo intelectualizo mucho.
Y habiéndolo dicho se dirige a la puerta, hacia una van Ford donde están los aparatos que utilizará hoy para su autodestrucción. Más tarde tal vez termine en una sala de primeros auxilios; tal vez en un juzgado; tal vez en ambos. Pero podés estár seguro de una cosa: al final del día, no habrá reflexiones sesudas a cargo de Clapp. Como el propio Clapp suele decir: "A la mierda con las palabras. Vamos a buscar chili y cerveza y después me voy a montar una vaca".
Clapp esta sentado en la parte de atrás de la van, detrás de sus anteojos ahumados, hojeando un diario. Su reciente éxito con Jackass, que se emitió por primera vez en la mtv norteamericana en octubre pasado, le ha permitido obtener algunos papeles en el cine. Ya está actuando con algunos grandes nombres: Sarah Jessica Parker y Harry Connick Jr. en Life Without Dick; Tim Allen y Rene Russo en Big Trouble. Está cobrando sumas más y más grandes. Por The Tree, la tercera película en que participa y que empezará a rodarse en algunas semanas, se rumorea que Clapp se llevará a casa un millón de dólares. El dice que no sabe cuánto puede durar Jackass –planea abandonar el show más temprano que tarde– pero se ha comprometido a hacer al menos otros dieciséis episodios, el número que mtv pidió para la próxima temporada. En noviembre, el elenco de Jackass fue a Florida para filmar algunos segmentos con el gran Steve-O, ex clown de los Ringling Brothers y actual campeón en cualquier prueba de destreza que incluya vomitar, mientras otras troupes satelitales de Jackass trabajaban con el especialista en kayak-urbano, Dave England, en San Francisco, y con el deportista de skate Chris Pontius (el que a menudo hace skate con el culo al aire) en San Luis Obispo, California. En algunos meses, toda la banda se reunirá en Nuevo México. Pero durante los próximos días Clapp estará causando problemas aquí, en el desgastado paisaje sub-urbano de West Chester, Pensilvania, hogar de otros tres participantes de Jackass: Bam Margera, de 21 años, Ryan Dunn, también de 21, y Brandon Dicamillo, de 25.
Cuando la camioneta se detiene junto a la casa de Margera, ubicada enfrente de una planta procesadora de desechos cloacales, Clapp sale del coche, inhala profundamente el aire levemente nauseabundo, dice: "¡Me encanta!", y se dirige al porche. Adentro están Ryan, Brandon, Bam, y el hermano de Bam, Jess. Pero hay más gente: Jeff Tremaine, productor ejecutivo y cocreador de Jackass; la productora Michelle Klepper; los asistentes de cámara Mike Ballard y Knate Gwaltney (quien además es primo de Clapp) y, por supuesto, Papá y Mamá Margera: la amable April, que es peluquera, y el barbado y panzón Phil, que hornea pasteles para el supermercado local Acme. Es una gran multitud metida en un living pequeño. La mitad de ellos está lista para salir a jugar polo en bicicletas bmx de cross. Se están poniendo la ropa: botas y pantalones de montar y cascos de polo, y chequean meticulosamente sus equipos. Los demás los miran y ríen. La conversación gira en torno de lo que puede y no puede mostrarse en un show de Jackass por mtv. Dice Clapp:
–MTV quiere que nos mantengamos alejados de comportamientos que puedan ser imitados por el público –obviamente no quieren que nadie salga lastimado–, y de lo que ellos llaman cachetes separados.
–Las pelotas, el vello púbico, nada de eso puede mostrarse –aclara Tremaine.
–Si mostrás un culo –dice Clapp– tenés que cubrirlo.
–Un momento –pide Bam, frunciendo el entrecejo–. Entonces, ¿cómo se las van a arreglar con Raab Himself?
Raab Himself –el único nombre con el que se lo conoce– es otro integrante del grupo local de Jackass.
–Sí, el último domingo, por la mañana, Raab estaba desnudo, acá mismo, en el medio de la calle; lo único que tenía puestos eran sus zapatos blancos. Estaba leyendo un diario y cagando. ¡Era tan gracioso! Cuando estaba en la secundaria, el inspector de escuelas lo expulsó porque yo lo desafié a que cagase en un armario, ¡y lo hizo! Y ahora, cuatro años más tarde, aparece el mismo inspector, manejando su auto, y allí está Raab Himself, cagando en la calle.
–¡Fue terrible! –ríe April Margera.
–Sólo se ve una mancha marrón –dice Bam.
–Bueno, sí –agrega Clapp–. A decir verdad, esto podría integrar ese video, Demasiado atrevido para MTV.
En ese preciso momento, el fornido Phil Margera pasa rumbo a la cocina. Clapp lo mira irse. Phil también está en Jackass, aunque un poco a su pesar. En un episodio se encuentra en la cama, durmiendo, con la panza protuberante, hasta que en la madrugada Bam entra despacito, descubre un amplificador que tenía escondido, enchufa su guitarra y comienza a tocar encima de su desprevenido padre, mientras una soñolienta April observa la escena. Lo grande de Phil es que nunca pierde los estribos, ni siquiera cuando Bam le saca los pantalones en medio de un desfile de Navidad de Web Chester. "Es un tipo gentil y muy dulce", dice Clapp. Y queda claro que Bam ama de verdad a su viejo, y que lo cuida.
En el partido de polo de hoy, por ejemplo, Phil será referí y se lo ve luchando para poder ponerse una pequeña camisa rayada de árbitro. Bam mira la escena. "Demasiado embarazoso", comenta.
–¿Qué querés decir? –dice Phil.
–¿Qué querés decir con "qué quiero decir"? Lo que quiero decir es que no podés dirigir con esa camiseta. La panza no puede salírsete afuera de esa forma.
–¿Te parece que se ponga una remera debajo? –pregunta April.
–Bueno, sí, ponéte algo debajo, porque así te ves espantoso", dice Bam.
En realidad, Clapp piensa que el look espantoso se vería muy bien en tevé, pero no quiere insistir delante de Bam y su papá, por lo tanto todos salen rumbo al campo de deportes que está en las afueras del pueblo, para subirse a sus bicicletas de cross y reventarse a golpes con las mazas de croquet. En cierto momento, Bam le grita a su papá: "Estás haciendo cagadas. Estás favoreciendo al equipo blanco. Lo vi, lo vi. Me importa un carajo si me metés en la jaula de los castigados; si seguís ayudando a los blancos, te voy cagar a piñas". Y dicho esto arroja un palazo en dirección a su padre y luego lo golpea con sus puños. Y Phil se la banca.
Después, caminando a través del campo, Clapp dice:
–Mi papá también se llama Phil, y siempre se la pasaba haciéndome bromas cuando era chico. Cuando tenía 7 u 8 años, él solía agarrar una salchicha, la metía en el microondas durante diez segundos hasta que estuviese tibia y fláccida, y me la pasaba por los labios cuando estaba durmiendo. Me despertaba y el tipo hacía como que se estaba subiendo el cierre de la bragueta. Yo le gritaba: "¿Qué estás haciendo?" y el tipo reventaba de risa. Mi viejo es el principal fan de sí mismo. Es genial. Es increíble. Tiene una personalidad gigante.
Clapp hace una pausa y dice, con alegría:
–Mi viejo, ¡qué personaje!
A Clapp se le ocurrio por primera vez la idea de lo que habría de transformarse en Jackass hace cuatro años, mientras leía un diario. Estaba en su departamento de Los Angeles –donde vive desde hace seis años con su esposa Melanie y la hija de ambos, Madison, de 5– y soñaba con ser un actor, trabajaba en una novela que nunca terminó y se ganaba apenas la vida apareciendo en comerciales de Coors Light, Mountain Dew y Taco Bell. Pero aquel día leyó en el diario acerca de un tipo al que habían rociado en la cara con spray de pimienta y supo enseguida qué era lo que tenía que hacer. Debía conseguir él mismo su propio spray de pimienta –y un aerosol paralizante– y rociarse con ambas cosas y luego relatar esa dolorosa experiencia, convirtiéndola en una historia divertida. Le hizo llegar la idea a un par de revistas, pero ambas la rechazaron. Luego la llevó a Big Brother, la revista de skate publicada por Larry Flynt, el pornógrafo en silla de ruedas. A Jeff Tremaine, por entonces uno de los editores de Big Brother, le gustó tanto la idea de Clapp, que lo persuadió no sólo de escribir acerca del test al equipo de defensa personal, sino también de filmar el experimento para un video que publicaría Big Brother.
Antes de que se diera cuenta, Clapp no estaba ya sólo probando spray de pimienta. Usó el dinero que su madre le había enviado como regalo de Navidad para comprarse un chaleco antibalas –el modelo barato de 299 dólares; no la versión deluxe, de 800– y se disparó en el pecho con una .38. Los resultados aparecieron en el video de Big Brother titulado Number 2, donde Clapp aparecía con el seudónimo Johnny Knoxville (Johnny, porque John es su segundo nombre; Knoxville, porque es el nombre de la ciudad de Tennessee donde creció), porque le sonaba mejor que su nombre real. Ese video pronto se transformó en el comentario obligado de la comunidad underground de skate. Otros skaters estaban editando videos con jodas –en especial otro futuro integrante de Jackass, Bam Margera– pero nadie se destacaba en sus trucos como Clapp. El editor de Big Brother, Dave Carnie, recuerda: "Clapp no era el más talentoso ni el más divertido, pero si de ser un jackass [burro, asno] se trata, él es el Numero Uno, te lo garantizo".
Y Clapp seguía probándolo minuto a minuto. Dejaba que lo atropellase un auto; se paseaba por la ciudad luciendo un consolador atado por dentro de un arnés, que transformaba sus pantalones en una carpa, o ponía caca en un plato, en un restaurante, y luego iba a quejarse a la camarera. Clapp hacía cosas revulsivas, enfermizas, maravillosas, y después de que Tremaine se lo presentó al director Spike Jonze –que había comenzado su carrera haciendo videos de skate y de bicicletas de cross– el trío ensambló lo filmado en una cinta que recopilaba una especie de "The best of..." de Johnny Knoxville. La cinta empezó a circular por Hollywood, de mano en mano, de la misma manera que había sucedido algunos años antes con el video de Navidad de South Park, y finalmente terminó en el cuartel general de mtv, en Nueva York. "Cuando lo vimos, tomamos una decisión instantánea", recuerda Brian Graden, presidente de programación de mtv. "Clapp parece hecho especialmente para nuestro target." Y pronto, tras descartar Son of a Bitch, Dumb Ass y Jesse como títulos posibles para el show, nació Jackass.
Mientras tanto, Clapp había enviado una copia del video del spray de pimienta a su papá, que seguía viviendo en la casa de South Knoxville. Un día su mamá, por casualidad, se topó con la cinta. Lo que vio la horrorizó y aterró de tal manera, que hasta el día de hoy le tiembla la voz cuando habla de ello.
–Ya se tiraba del corralito cuando tenía apenas nueve meses; siempre fue muy atlético y divertido –recuerda la madre de Clapp–. Pero cuando vi esa cinta, lloré. Cuando por fin pude juntar fuerzas como para llamarlo, le dije que estaba castigado sin poder salir a la calle. El se rió y me dijo: "Oh, vamos, mamá, eso ya terminó y yo estoy bien". Pero tiene un asma muy malo y cualquiera de esas cosas podía haberle provocado un ataque. Miro el programa cada vez que sale en la tele, pero no puedo ver ése donde se prende fuego, y tampoco ese otro donde se adoba y se cocina a sí mismo. Me da una sensación terrible. Me produce mucho miedo. No tengo ni la menor idea de por qué se le ocurre hacer esas cosas.
Cuando termina el partido de polo sobre las bicis de cross, la troupe de Jackass se reúne de vuelta en la camioneta, vuelve a casa de los Margera, deja las bicicletas y adopta unas carretillas modificadas –que de aquí en más pasan a ser conocidas como carritos del gueto– y sale de nuevo con el estéreo puesto a todo trapo. Durante el reciente viaje de Jackass a Florida, el cd preferido del equipo era la horrible, inocentona musiquita interpretada por Chris Burke, que tiene síndrome de Down e hizo el papel de Corky en el programa de tevé Corky, la fuerza del cariño. Aquí en West Chester, su lugar fue ocupado por las dementes canciones de dos hermanos que se llaman a sí mismos The Frogs [Las Ranas]. The Frogs cantan "Dame setenta y cinco tetas/ Dame 1.400 pelotas/ Dame vergas saliendo de cada poro viviente/ Oh, vaginas por todas partes/ Una máquina de sexo caminante/ Oh, qué fantástico la pasaremos en fiestas para bañarse...".
Buen material para crear clima y arrancar muchas carcajadas. Pero no tantas como cuando Bam y Ryan Dunn comienzan a hablar. Bam, un skater profesional, tiene contratos de promoción con una compañía de tablas de skate y con una fábrica de calzados; le va bastante bien, como lo demuestra el Audi que tiene en su cochera. Ryan –que se ve tan zaparrastroso como Bam, no cree ya en tener que cepillarse los dientes y disfruta de tirarse pedos en ambientes cerrados– también tiene un auto extravagante, un bmw conseguido en la época en que diseñaba e instalaba sistemas de suministro de gas de extrema pureza para la industria farmacéutica y la de semicondutores. Ya no hace esa tarea, por razones que no están demasiado claras, y ahora vive en un estado de semiindigencia en el lavadero de la casa de alguien. Son tipos divertidos y cuentan historias bastante divertidas. En este momento, por ejemplo, están hablando de lo que Jackass ha hecho con sus vidas.
Dice Ryan:
–Lo que ahora odio, más que nada, son cosas como la del otro día, cuando una chica trató de besarme y luego me invitó a tener sexo con ella y yo le dije: "Tengo que ir a casa". Y ella seguía: "Podemos ir arriba". Y yo volví a decirle: "Me voy a casa". Y me llamó a la mañana siguiente para decirme: "Te creés que sos tan cool porque estás en mtv". Bueno, no; puede ser que simplemente no tenga ganas de tener sexo con vos y tu cara de caballo. Quiero decir, ésas con caras de caballo piensan que sólo porque quieren entregármela, yo voy a agarrarla. Todavía conservo algún sentido de la moral, ¿sabés?
Dice Bam:
–Sí, y está también la gente de la escuela secundaria que no me daba ni la hora porque eran unos estirados esnobs y yo era tan sólo un skater atorrante. Ahora vienen y me dicen: "Ey, flaco, ¿te acordás de todas las locuras que hacíamos?". Y yo les digo: "No, la verdad es que no me acuerdo de haber hecho nada de eso con vos".
Todos se ríen. Clapp pide: "Dale, Ryan, contá alguna historia de tus novias".
–Sí, dale –dice Bam–. Como la noche en que le metiste el pie y la cortaste con la uña del dedo gordo y ella te dijo: "¡Cogéme hasta que sangre!".
–Eso no es joda –dice Ryan–. Le dije que no iba a tener sexo con ella, así que se metió mi pie adentro y mi uña del dedo gordo estaba toda larga y puntiaguda, y la lastimé.
–Oh, eso fue absolutamente horrible –dice Clapp, burlón.
Todos están gritando y aullando, excepto Michelle Klepper y una o dos almas sensibles que permanecen sentadas en silencio, mirando por las ventanillas.
–Solía ir a la cama con ella –continúa Ryan– y estaba toda calentona, porque era una cerda sucia y enferma, y luego de decirle que no iba a tener sexo con ella, me iba abajo al living a mirar películas porno y a masturbarme. ¡Ella me pescó haciéndolo siete veces!
–Oh, Dios mío –se asusta Clapp.
–Brandon y yo –dice Bam– acabamos de terminar el guión de una película sobre la patética vida de Ryan Dunn. Se llama Your Life Is Pathetic [Tu vida es patética].
Y de hecho es probable que Your Life Is Pathetic llegue a filmarse algún día. Clapp ha organizado una reunión con Bam y su agente en Hollywood. Clapp es así de generoso.
–Todo esto que nos pasa puede que sea efímero, pero es muy divertido –dice–. Y muy raro, además. ¿Vos llamarías a esto un trabajo? Tengo 29 años y estoy haciendo lo que quiero. Además, me dejan contratar a mis amigos. Lo divertido es que no somos buenos haciendo lo que hacemos. La gracia está en "Vengan a ver cómo nos sale mal".
La van se mete en un parque, dobla ilegalmente en un camino de acceso y sube a la cima de una colina. Sacan los carritos del gueto y salen a toda velocidad Clapp, Brandon, Ryan y Bam. Knate Gwaltney y Mike Ballard los filman en videotape, mientras ellos chocan contra árboles, se meten en los charcos y pasan demasiado cerca de una señora embarazada ("¡Ey, cuidado con los peatones!"). De repente, Bam sale despedido de su carrito y aterriza duramente en el pavimento. No se mueve. Luego se acurruca y empieza a gritar algo acerca de su huesito dulce ("Oigan. Necesito ir al hospital, en serio. No estoy jodiendo. ¡Puedo sentir ese hueso de mierda ahí, suelto!"). De modo que lo cargan en la van y salen todos hacia la sala de primeros auxilios del Riddle Memorial Hospital. Nadie parece demasiado preocupado, seguramente porque este tipo de cosas suceden todo el tiempo. En el camino, Bam se apoya contra la ventanilla, en silencio y dolorido, habiendo probado que es un fracaso total como corredor de carrito de gueto y, una vez más, que es un éxito como jackass.
Dentro de la comunidad de skateboarding, Clapp ya no es visto con tanta estima. Muchos skaters piensan que se ha vendido y que Jackass es un programa castrado, copado por los ejecutivos de mtv, y que de ningún modo puede compararse con sus trabajos anteriores. No les gusta que haya levantado partes del video de Big Brother y los haya pasado en el show. No les gusta que haya repetido bromas y trucos en Jackass que ya habían aparecido en otra parte, sobre todo en las películas caseras que Bam se autoproducía. "Nadie puede decir exactamente qué es lo que está mal", dice Dave Carnie, de Big Bro-ther, "pero hay algo medio sucio en eso de reciclar cosas que ya han sido hechas y vendérselas a una nueva audiencia".
Es la nueva audiencia, sin embargo, la que ha convertido a Clapp en lo que es hoy: como mínimo, una personalidad reconocible en The Riddle Ale House, un bar que está enfrente del hospital. Es allí donde ha ido mientras los doctores cuidan a Bam. Un mozo lo sigue hasta el baño, diciéndole: "Será mejor que no hagas ningún truco de Jackass aquí" y "Te estoy siguiendo para asegurarme de que no armes ningún quilombo".
Después de eso, Clapp se retira a una mesa, pide una Sprite y mastica el hielo. Empieza a contar un poco acerca de cómo fue crecer en South Knoxville con su padre bromista –que era dueño de una tienda de neumáticos, Clapp’s Tire Store–, con su madre que elevaba los ojos al cielo, y con sus dos hermanas mayores, quienes, en las vacaciones, disfrutaban haciendo que el bebé de la familia hiciera pis desde el balcón del hotel, mojando a los tarados que pasaban por abajo.
–La mía fue una infancia feliz; fui muy mimado –dice Clapp–. Pero también me pasé mucho tiempo enfermo. Tenía un asma muy malo. No podía hacer ciertas cosas, jugar a ciertos juegos. Un par de veces me pasé seis o siete días en el hospital. En una ocasión, creo que cuando tenía 8 años, me enfermé de gripe, neumonía y bronquitis, todo al mismo tiempo; casi me muero. Pero igual jugaba al básquet, al fútbol americano y al béisbol, porque no quería que me dejasen afuera o sentirme como víctima. En la escuela me fue muy bien hasta el séptimo grado. Así es: los 14 fueron un año importante para mí. Perdí mi virginidad y leí En el camino [On The Road, de Jack Kerouac] y, de pronto, ya no estaba más interesado en las actividades escolares. A partir de ahí, lo único que me interesó fueron los placeres amorosos y la aventura.
En ese momento, vuelve la camarera que le trajo la Sprite. Le dice que sus dos hijos también son jackasses, consigue que Clapp le firme unas servilletas y le pregunta si se le ofrece algo más.
–Sí, señora –dice Clapp, en su estilo campechano–. Me voy a tomar un plato de sopa de cangrejo para poder decir que lo hice.
Cuando la camarera se va, Clapp pasa a explicar cómo se fue a vivir a Los Angeles y cómo llegó al programa de estudios de verano de la Academia Americana de Arte Dramático de Pasadena, California, adonde concurrió durante dos meses después de graduarse de la secundaria. "Nunca creí que sería bueno como actor", admite, "pero pensé: «¿Por qué no intentarlo?». Además, era una buena excusa para salir de casa". Clapp dejó el curso dos semanas más tarde, volvió a South Knoxville y en 1990 se fue otra vez de la ciudad, ahora ya para establecerse en Los Angeles: "Tal vez todavía tenía ilusiones de trabajar como actor". Durante los primeros cinco años anduvo de aquí para allá. Luego conoció a su futura esposa, Melanie, una diseñadora de ropa; la llevó a Las Vegas para desposarla en la Capilla Elvis, pero tuvo que conformarse con una capilla más humilde por haber perdido el dinero para el casamiento en una mesa de apuestas. Más tarde, Clapp presenció el nacimiento de su hija, Madison, y allí comprendió que era mejor que se pusiera a hacer algo serio con su vida.
Mientras toma la sopa, Clapp deja en claro que no disfruta demasiado de hablar de sí mismo pero que está haciendo su mejor esfuerzo. Dice que en Los Angeles suele moverse en un Cadillac Eldorado negro, modelo 1970. Se muerde las uñas, aunque le prometió a su hija que no iba a hacerlo más. Solía morderse también las uñas de los pies. Confiesa, además, que hasta los 10 años mojaba la cama.
–Cuando era adolescente me hacía muchos problemas. Siempre sonreía por fuera, pero en mi interior estaba bastante confundido. Recuerdo haber soñado que estaba en un sitio público y que mi madre no me reconocía. Estaba demasiado consciente de mi imagen y de mi personalidad. Cada año, al comenzar la escuela, sentía que los chicos del aula estaban de mi lado pero, hacia el final del año, ya había cansado a todos con mis bromas y mis insultos. Hubiera tenido que bajar un poco el tono, pero no podía; sentía que tenía que seguir adelante, no sé por qué.
Clapp saca la billetera para pagar y dice que es tiempo de ver cómo anda Bam.
"Este trabajo no es para nada serio y, al mismo tiempo, es muy, muy serio", dice Kathy O’Dell, profesora de Historia del Arte en la Universidad de Maryland y la autora del libro Contract With the Skin: Masochism, Performance Art and the 1970s [Contrato con la piel: masoquismo, arte de performance y los 70]. "Podés verlo desde cualquiera de estos ángulos. Pero, no importa desde qué ángulo lo encares, es ese algo que te mordisquea el inconsciente. Son cosas increíblemente atractivas. Por un lado, una piensa: «Muchachos, ¿no tienen madres, acaso? ¿Cuándo se pasarán de la raya? ¿Dónde está el umbral de la muerte?». Pero no hay modo de ver el programa sin sentirse concectado con él. En un nivel consciente, estás viendo a estos tipos maravillosos, que asumen riesgos, como si fueran sustitutos nuestros: lo hacen para que nosotros no debamos hacerlo; y alguien hasta podría afirmar que estos tipos son mesiánicos, que se creen Cristo, sacrificándose por todos los demás. Pero ellos no se toman a sí mismos en serio. Y los personajes son fantásticos: Johnny Knoxville, por ejemplo, no hace estas cosas por histrionismo. Las hace porque en cierto plano siente que debe hacerlas; éste es su métier. Y es una manera de volver a ser un chico y darle un par de patadas en el culo al padre que le hacía bromas pesadas. ¡Llamen al doctor Freud, por favor! ¿Cuánto de esto tiene que ver con la experiencia edípica, con el intento de superar al padre, de superar la imagen paterna? Es algo muy fuerte."
En la sala de espera de primeros auxilios del hospital, que está llena de gente apesadumbrada y enferma, hay un jackass que se ríe, rodeado de otros jackasses que también se ríen. El primer jackass sostiene en alto una radiografía.
–¡Ey, se le ve el pito!
–¡Miren, es el pajarito de Bam!
–¿Tiene un buen tamaño?
–¡Y ahí están las heces!
–Ay, Dios mío –dice Clapp, asomándose para ver.
–Así que todos están sentados ahí –cuenta alegremente Bam– y el doctor sostiene la radiografía a la luz, como si tal cosa, y yo le digo: "Ah, qué bien: mi fucking pija está afuera". Y Ballard lo está filmando, mientras dice: "Una toma completa de la pija ahora mismo. ¡Impresionante!". Así que todo lo que hice fue machucarme el huesito dulce y, básicamente, estoy aquí para que todos ustedes puedan verme la pija.
A esta altura, Clapp se está riendo tan fuerte que empieza a respirar con dificultad y debe buscar su inhalador.
Cuando era chico, le encantaba ir a la gomería de su padre y mezclarse con los muchachos que trabajaban ahí. En los recuerdos de Clapp, cada uno de ellos tenía alguna cicatriz o estaba desfigurado de una u otra manera. Muchos rengueaban. Y cuando algo gracioso sucedía –por ejemplo, que uno le diese una patada en el culo a otro– el papá de Clapp le decía a su hijo que fuese a buscar a un amigo para que hiciera un dibujo de semejante evento y así preservarlo para la posteridad. A los ojos de Clapp, su papá era un hombre fornido, y cree que así deben haberlo visto también los demás. "Mi padre tiene una personalidad de un millón de dólares", dice a veces. "Cuando entra en una habitación, asume el control y deja a todo el mundo riéndose a carcajadas. Una vez se le ocurrió poner un grabador en el baño y grabó a un compañero cagando. Me morí de risa. Se lo hice escuchar a mis amigos y se murieron de risa ellos también."
Pero si la personalidad del mayor de los Clapp vale un millón de dólares, la de su hijo vale ahora varias veces esa suma. Y si el señor Clapp es capaz de concentrar la atención de una habitación llena de gente, eso es poco comparado con lo que su muchacho puede hacer gracias al alcance de mtv. Y si bien el señor Clapp puede tener como amigos a varios geniales personajes de Knoxville llenos de cicatrices, su hijo está rodeado de delirantes legiones de exhibicionistas, enanos y temerarios con un montón de huesos rotos. Llama la atención, desde ya, la manera en que Clapp ha reconstruido su infancia en su adultez. Y la cosa sigue. Si el padre tenía chicos diestros en el arte del dibujo que registraban los desenfrenados eventos de la gomería, el hijo tiene siempre a los cameramen de Jackass listos para filmar todos los desenfrenados actos que se producen en el programa.
Quizá todo esto no signifique nada. Tal vez Clapp simplemente tenga una compulsión para hacer las cosas que hace –con el spray de pimienta, con la .38, con la caca, con todo eso– sólo como una especie de tributo automático hacia su padre, a quien ama profundamente. O tal vez –llamando de nuevo a doctor Freud– Bam no sea el único que quiere derribar a su padre.
–Si te lo proponés, podés tomar lo que hacemos y reducirlo a una sinopsis clínica, carente de espíritu y de encanto –dice Clapp más tarde–. Lo que hacemos es pura diversión. Sólo eso.
Al dia siguiente, Clapp y el resto de la banda de Jackass se hace presente en un pequeño arroyo de West Chester; allí hay un árbol que tiene clavado un letrero muy prometedor: no pasar. El arroyo está helado; aún así, Ryan Dunn intentará saltar hacia él en una bicicleta. "Se va a hundir hasta los dos metros", dice Clapp, relamiéndose por anticipado con el desastre que va a ocurrir.
Ryan se pone su saco de corderoy marrón, tiritando.
–¿Estamos listos? –dice Clapp, mientras las cámaras de video empiezan a rodar–. ok, hagámoslo.
Ryan sale disparado del extremo de la rampa y se zambulle en el agua helada. Sale empapado, con los labios azules y la mirada perdida.
–¡Hacelo de vuelta, gorda puta! –le grita Bam.
Y lo hace, tres veces más, empujando la bicicleta por la rampa hacia el desastre seguro. Llega la policía. Le pide a Clapp su licencia de conducir y quiere saber qué cree que está haciendo.
–Saltando al río Snake en honor a [el motociclista acróbata] Evel Knievel –dice Clapp.
–Ese arroyo se llama Goose Creek.
–¿Goose Creek? –dice Clapp–. Oh. Estábamos buscando el río Snake.
–El Snake está en el estado de Wa-shington, más cerca de tus comarcas.
El oficial estudia la licencia de conducir de Clapp. "Ahora bien, ¿es éste su nombre correcto?"
–Sí, aunque tengo otros nombres.
–Sí, estoy bien al tanto –responde el oficial.
La policía arresta a algunos jackasses bajo el cargo de invasión de propiedad privada. Cachean a Clapp, Tremaine y Ballard, los suben a patrulleros y los conducen a la corte del distrito. Se declaran culpables y el juez desea saber si el trío se ha portado bien. Uno de los policías dice: "Se mostraron cooperativos, Su Señoría, y el programa, en general, tiene un cariz cómico". El juez pondera esto y luego emite su veredicto: una multa de 200 dólares a cada uno, más las costas.
Afuera, se aproxima una reportera del diario Daily Local News, de West Chester. Clapp le dice que su nombre es Jackass Número 7. "Se nos conoce por números, como a Slipknot."
–¿Acaso no deberías tener un nombre? –pregunta ella.
–Bueno, Irving Zissman –miente Clapp.
La reportera lo garabatea en su libretita, mientras las cámaras de Jackass siguen rodando.
–¿Bueno, pero qué hicieron? –pregunta.
–Estábamos desparramando basura –miente Clapp otra vez.
–¿Adónde estaban desparramando basura?
–Allá, detrás de la tienda Wawa –miente una vez más Clapp.
De regreso en la van, todos están gritando, aullando y riéndose. Clapp está en el centro de las carcajadas. "Esa reportera, Dios la bendiga pero... ¡qué idiota!", grita, contento. Luego busca algo en sus bolsillos. Saca su inhalador, se mete el caño blanco de plástico entre los labios y aspira. Si la mamá de Clapp estuviese aquí, estaría enferma de preocupación. Pero es mejor no pensar en ello. El mundo todavía se está riendo –aún no se han cansado de él– y Clapp tiene muchas bromas aún para gastar. No es que él esté dispuesto a parar. No es que él pueda parar.



