El romanticismo alemán en guitarra y voz

El tenor Pablo Pollitzer y el músico Walter Ujaldón brillan en el Teatro Payró
René Vargas Vera
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4 de agosto de 2015  

Muy de vez en cuando regresan las hermosísimas canciones alemanas que los más inspirados y músicos románticos escribieron para voz y piano: Schubert, Schumann y Brahms a las que se unen, en inusitado y luminoso arco las Canciones sin palabras, de Félix Mendelssonh. Es el romanticismo que gestaron y transfiguraron poetas y músicos a mediados de 1800 con el fuego y el arrebato de la pasión, o para cantarle a la belleza de la naturaleza en sublime simbiosis.

Esta vez ha regresado y vive y vibra en las deliciosas melodías y armonías del ciclo Dichterliebe (Amor de poeta) de Robert Schumann, y en las que integran esta selección de Die schöne Müllerin (La bella molinera), de Franz Peter Schubert, en la voz del tenor Pablo Pollitzer y la guitarra de Walter Ujaldón. Insólitas cuerdas en ciclos que fueron concebidos sólo para piano y canto.

Estamos instalados otra vez en el paraíso de la música y la palabra. En la soledad de la intimidad. Sin artilugios escénicos ni alardes canoros para el ruidoso aplauso. Estamos en la residencia de Franz Peter, el creador del lied, inspirado en la música verbal imbuida de lirismo, que inventaron los poetas románticos de la Edad de Oro de la literatura germánica como Goethe, Schiller, Heine, Müller, Novalis, Rükert y Klopstock para entretejer sus versos con melodías irrepetibles.

En la voz del tenor Pollitzer anida ese universo cuyas vibrantes notas iniciales de "La bella molinera" va desgranando sobre los versos de Wilhelm Müller, que anticipan el tan feliz paseo del molinero, enamorado de su furtiva molinera, las alegorías sobre el agua, el ruiseñor y el entorno bucólico como un eco de la naturaleza que presagia la frustración del amor.

Sólo siete de las 20 que integran este ciclo, ofrece Pollitzer junto a la impecable y minuciosa guitarra de Ujaldón.

En este melodrama, surge cada tanto el folklore germano; otras duelen por su honda melancolía. El dúo concluye con la séptima: la prodigiosa declaración de amor del molinero: "Impaciencia".

Las palabras se agotan al referirnos a las canciones de Amor de poeta, de Schumann, "el verdadero sucesor de Schubert" (como dijo Alfred Einstein) en el lied, sobre poesía de Heinrich Heine. Es bastante difícil escoger alguna que exprese mejor cada estado de ánimo en la maravillosa fusión del poema con las notas del piano y de la voz. ¿Preferir el tierno motivo para celebrar el mes de mayo al dolor que estalla rodeado de flores y ruiseñores? ¿El canto a la rosa, la azucena, la paloma, el sol, o a su alma sumergida en pena de amor? ¿El tributo al río Rin y la catedral de Colonia o a su callado dolor? ¿Los requiebros de pasión amorosa y el recuerdo de la amada a la luminosa mañana de verano? Amor, dolor, sueños, exaltaciones, esperas y un lacerante final del poeta desolado.

Pollitzer los expresa con unción. Su voz acerada se oscurece en los agudos, pero se integra con admirable empatía a una guitarra bastante cercana a los timbres del piano, tan en nuestros oídos.

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