
El ruiseñor y la alondra
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Como todo inglés que se precie, Shakespeare también era italiano. Y así como hoy los John Nobody, de a millones, sueñan con vacaciones en Positano, donde el gran Willy con mayor entusiasmo mojó su pluma fue en Italia. No bien concluía alguno de los muchos y sanguinolentos folletines sobre grandes reyes locales, su descanso de creador consistía en buscar inspiración en el Mediterráneo. No es que viajara. Pero leía fábulas, cuentos y todo sucedido raro que llegara de allí. Es cierto que su imaginación también voló hasta Elsinor, pero había tanta congoja y niebla en el príncipe que había creado que el formato napolitano o toscano no le iba para nada. Sí el danés (de donde le vino el chisme). Y bien que lo haya dejado así porque si hay idioma en el que el personaje se disolvería, es el italiano. El actor podría ser magnífico, pero si el espectador es extranjero la pieza le caería como ópera bufa. Ni digamos si es inglés. David Herbert Lawrence lo cuenta en sus Diarios : "Asistí anoche en Roma a una representación de Hamleto . Mi incomodidad fue tal que, llegado al monólogo, tomé mi bastón y dejé la sala".
Cómo tolerar que lo iniciara así:-
Essere o non essere. Ecco il problema .
Lawrence pegó un bastonazo y se fue. Pero miles de ingleses y gentes del mundo van a Italia porque quieren conocer el famoso balcón . Tanto que por él Verona es la cuarta ciudad en cantidad de visitas del país. La ahora llamada Casa de Romeo y Julieta es del siglo XIII, perteneció a los Capuleti, tiene tres pisos (balcón, en el segundo) y, a sólo 10 metros, un denso tránsito automotor que deja todo romanticismo para después. La casa de los Montecchi, donde vivía Romeo, queda a pocos metros y no es visitable. Tampoco hay mucho por ver en la casa de sus suegros. Sólo el frente, donde admirar el balcón, acercarse a la estatua de Julieta y posar las manos en sus pechos desnudos (pero de bronce) para rogarle buena onda amorosa, y luego escribir un deseo o el nombre en el mural que la leyenda (o la Secretaría de Turismo) bautizó Deseos de los enamorados .
Un exitoso libro sería aquel que evaluara el aporte que el arte hace a las arcas del turismo. En la misma Aranjuez española se produjo durante los años 60 una súbita corriente de visitas de parejitas en luna de miel de toda Europa. Se pensó que las traía el tema principal del Concierto de Aranjuez , y era así, pero ninguna conocía al maestro Rodrigo, y sí al cantante francés Richard Anthony, que alcanzó un hit mundial sumándole letra propia (tanta ganancia obtuvo la ciudad que en Aranjuez hay una calle con el nombre del cantante).
Lo que en Verona hay es una prolija atención a quien, sea del país que sea, quiera conocer la historia de los amantes que se despedían al alba uniendo sus palabras a los gorjeos del ruiseñor y la alondra. Desde todos los ingresos a la ciudad el cartel vial señalará Romeo y Julieta junto a otro que cuesta creer que no se le haya ocurrido a un alcalde poeta, pues dice Senso único . Quien esté enamorado (si no lo está, para qué va a ir) debe tomar entonces por la calle Capello y, a pocos pasos de la Piazza delle Erbe, dará con la cola de peregrinos que suspira delante del más famosos balcón del mundo. La recoleta Verona queda muy cerca de un lago también literario, como es el de Garda, y en una región que el invierno envuelve en niebla (lo cual explicaría tan cómodo diálogo de los amantes al despedirse). ¿Lo sabría Shakespeare? La fotografía nos presenta un extraño artefacto destinado a engrosar las arcas del turismo italiano. Apriete el botón y lo contarán en su idioma. Entre la leyenda veronesa o la realidad que Willy imaginó media gran distancia. Pero tan cierta es la crónica de Shakespeare que nadie peregrina a Verona para rastrear documentos sobre el muy triste suceso. Nadie duda. Y por eso prevalece la versión de Willy sobre el ruiseñor Romeo y la alondra Julieta.




